¡Soy católico, apostólico, bolivariano, y antichavista!

Fernando Saldivia Najul
26 diciembre 2006



Ayer me encontré en el Parque del Este a un viejo compañero de trabajo, el cual conozco como adversario del Presidente, y me sorprendió porque ostentaba una cruz en el pecho, y de paso, por fuera de la camisa. Por curiosidad le pregunté: ¿Y esa cruz, tú no eres escuálido? Y me respondió: Por supuesto, ¡soy católico, apostólico, bolivariano… y antichavista! ¿Cuál es el problema?

Por un momento pensé que me estaba tomando el pelo. Pero no, que va. El hombre se puso serio, y pronto advertí que no debía incomodarlo más. Podía herir sus nobles sentimientos. Inmediatamente le cambié el tema y le pregunté por los demás compañeros y compañeras de trabajo.

Aparentemente él no sufría de ninguna disonancia cognitiva, como dicen los psicólogos. Él estaba clarito. El que quedó confundido fui yo. Al regresar a mi casa no pude dejar de revisar algunas notas para reordenar mis ideas y transcribirlas en este artículo. Quién sabe. A lo mejor él tiene un amigo que visita Aporrea de vez en cuando, y por casualidad lea estas líneas, y luego se las comente cuando le vea en el pecho, como lo vi yo, a un Cristo crucificado —por amar a los pobres— padeciendo en el corazón de un escualido.

Da risa ¿verdad? Pero también da indignación. Porque hay muchos que no lo saben, es cierto. Ocupados en producir para los capitalistas, no han encontrado un tiempito libre para revisar la doctrina cristiana ni el ideario bolivariano. Sin embargo, también los hay fariseos, hipócritas. Estos sí conocen las enseñanzas de ambos luchadores sociales, pero se hacen los locos.

Los apóstoles difundieron las enseñazas de Jesús con tanta dedicación, que no merecen que haya personas que todavía lleven una cruz guindada del cuello y no sepan por qué la llevan. O tal vez sí lo saben: "Para que Jesús los proteja y les de prosperidad material".

Para los que no tienen tiempo de revisar el Nuevo Testamento, aquí tienen un pasaje del libro de Los Hechos de los Apóstoles (Hch. 2.43 - 47):

“Todos estaban asombrados a causa de los muchos milagros y señales que Dios hacía por medio de los apóstoles. Todos los creyentes estaban muy unidos y compartían sus bienes entre sí; vendían sus propiedades y todo lo que tenían, y repartían el dinero según las necesidades de cada uno. Todos los días se reunían en el templo, y en las casas partían el pan y comían juntos con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y eran estimados por todos; y cada día el Señor hacía crecer la comunidad con el número de los que él iba llamando a la salvación”.

Como lo lee amigo: “…repartían el dinero según las necesidades de cada uno”. ¿Eso no le suena a comunismo marxista? ¿Será que Marx se copió de Jesús?

Ahora revisemos un fragmento del Discurso de Angostura pronunciado por Simón Bolívar el 15 de febrero de 1819:

“Si el principio de la igualdad política es generalmente reconocido, no lo es menos el de la desigualdad física y moral. La naturaleza hace a los hombres desiguales, en genio, temperamento, fuerzas y caracteres. Las leyes corrigen esta diferencia porque colocan al individuo en la sociedad para que la educación, la industria, las artes, los servicios, las virtudes, le den una igualdad ficticia, propiamente llamada política y social”.

De aquí leemos que a pesar de que la naturaleza hace a los hombres desiguales, las leyes deben establecer la igualdad política y social. O sea, que no debe haber división de clases sociales. ¿Será que Marx también se copió de Bolívar?

No amigo lector. Marx no se copió de Jesús ni tampoco de Bolívar. El sentimiento y el pensamiento humanista son inherentes a la especie humana, y fue, es y será condición necesaria para la misma supervivencia de la humanidad. Es mejor repartir la presa, que matarse por ella. Así vivían nuestros antepasados antes del genocidio que cometieron las élites y los ejércitos españoles en Venezuela. Y así también viven actualmente los Sans del Kalahari como testimonio fiel de que el libre mercado es una aberración del hombre por el hombre.

Finalizo este breve recordatorio, deseándoles a mis amigos de Aporrea y a todos los comunistas cristianos, unas felices navidades y un victorioso 2007 de resistencia y contraataque a nuestros enemigos externos, a nuestros enemigos internos y a nuestros enemigos chavistas liberales, fácilmente reconocibles por sus hábitos de consumo.


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Publicado en Aporrea.org el 26/12/06
http://aporrea.org/ideologia/a28763.html

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Globovisión controla las mentes del sector consumista

Fernando Saldivia Najul
29 noviembre 2006



Se acerca el día de las elecciones. Globovisión ataca, y cunde el pánico en las personas del sector consumista. Este grupo de venezolanos y venezolanas nuevamente vuelven a movilizarse a control remoto por los medios de confusión masiva. En lugar de tener el control del televisor, el televisor tiene el control de sus mentes.

Le llamo “sector consumista” y no “clase media” porque se supone que estamos construyendo una sociedad sin clases, y en la actual transición, considero más apropiado identificarlos por su característica más notoria que es el consumismo de ropa de marca y vehículos último modelo.

Pues bien. Me refiero a ese sector de asalariados que los dueños del capital han mantenido artificialmente con ropas y vehículos atractivos, justamente para disimular un poco las contradicciones sociales entre los explotados y los explotadores. Es precisamente a estas personas consumistas que van dirigidos los mensajes de control mental elaborados por Globovisión con la asesoría de la USAID, la CIA, y el Departamento de Defensa de los EE.UU. ¿El objetivo? Afectar “la percepción” que tienen estas personas sobre la realidad.

Quienes creen que todo esto es puro cuento de los chavistas, pueden navegar por Internet y leer los manuales de “Operaciones Psicológicas” que se emplean para controlar las mentes de la población. Globovisión conoce bien estos manuales, y de hecho, los utiliza para seducir a este ejército de asalariados para que defiendan los intereses de sus patronos, haciéndoles creer que ambos, patronos y asalariados, tienen los mismos intereses.

Me preocupo, porque ya estoy viendo por Globovisión —sólo viendo porque por lo general le quito el sonido— algunos mensajes de texto en el programa Alo Ciudadano que dicen más o menos así: “Ciudadano, que bueno que hoy también salieron al aire, porque yo soy teleadicta a su programa”. Y otro: “Por fin, dios mío, colirio para mis ojos, bálsamo para mis oídos”. Evidentemente, estamos en presencia de personas controladas mentalmente con técnicas de persuasión, programación subliminal y otras técnicas más dañinas.

Al igual que estas personas, muchos de nuestros amigos y amigas están controlados y no lo reconocen. Es muy difícil que una persona que haya estado sometida a un proceso intensivo de enajenación y manipulación mediática por varios meses reconozca que está realmente programada para opinar y dar argumentos aprendidos por televisión. Al contrario, creen que están actuando por iniciativa propia. Asimismo creen que van a las marchas por su propia cuenta, cuando en realidad están acudiendo sumisos al llamado del poder seductor de la televisión.

Las víctimas no sabe que son víctimas. Los mandan a marchar, y una vez en la marcha, repiten los argumentos del moderador del programa y el de sus patronos como si fueran suyos. Cuando perciben que los demás compañeros de la marcha piensan lo mismo —todos ven Globovisión— entonces refuerzan sus creencias, y las tienen como verdades inobjetables. Esta técnica está considerada por los manuales de operaciones psicológicas como una de las más efectivas.

Las personas que sufren esto, aquellos emocionalmente más frágiles, ayer indiferentes a la política y hoy formados políticamente por los moderadores de los programas de opinión, defienden apasionadamente a estas personas por haberles advertido sobre los peligros que corren sus bienes y sus vidas. El moderador como el mejor de los gurúes, es ahora fuente de luz.

Pero este control mental no empezó ahora a la víspera de las elecciones presidenciales del 3 de diciembre. Tampoco se activó con la aprobación de las 49 leyes habilitantes que ponían en peligro el poder de los ricos. El control mental de los trabajadores consumistas de hoy, es una forma de esclavitud necesaria para sostener el sistema de mercado y así poder someter a las personas a largas jornadas de trabajo diario, a cambio de una vida recreativa del tipo consumista. De esta manera, el asalariado, cree que sus acciones están movidas por el interés personal, cuando en realidad dedican su vida a intereses ajenos a su persona.

La mayoría de las personas tiende a creer que son libres de expresar sus pensamientos y emociones, y que nadie influye en ellas. Pero no todas las personas se desarrollan con suficiente autonomía como individuo. Es claro que desde muy temprana edad se nos enseña a pensar y a experimentar sentimientos que no nos pertenecen. Nuestras emociones espontáneas nos las cambian por sentimientos falsos formados socialmente para que seamos aceptados.

Con la llegada de la televisión, esto se hizo más fácil. En la medida que las personas se formaban con esta única fuente de conocimientos, adquirieron los valores que enseñan los dueños del capital, ni más ni menos. En cambio, si por obra de gracia, se atrevieran a cultivarse con variadas fuentes de conocimiento, es posible que recuperen algo de autonomía y juicio propio.

Entonces, de la misma manera que no reconocen su condición de esclavitud laboral, tampoco reconocen que están siendo manipulados por los moderadores de los programas de opinión. En consecuencia, las pocas fuerzas que les quedan después de las jornadas de trabajo, las emplean para ir a las marchas para drenar las frustraciones no-concientes que les deja la rutina aburrida del trabajo repetitivo, propio de la economía de mercado.

Una vez en las marchas, los telemanipulados piden a gritos que le devuelvan su libertad. Pero solo están drenando sus frustraciones, porque en el fondo le tienen miedo a la libertad. Aquí los medios juegan también un papel importante. La publicidad que está dirigida a la emoción en lugar de la razón, genera en la persona una sensación de pequeñez e impotencia que le disminuye su capacidad crítica, y por ende, su disposición a la participación. Con la sensación de pequeñez, la persona se siente aislada e insegura para liberarse del yugo del capital.

Cuando les hablan de democracia participativa, se activan los mecanismos de evasión. Cuando se les invita a construir una sociedad nueva, sienten mucho miedo, y evaden responsabilidades. Esto es así, porque las decisiones importantes de su vida siempre han estado sujetas a la opinión de los medios y de los patronos.

Para finalizar compatriotas, les recuerdo que una vez, lamentablemente, el sector consumista de Chile le cedió el paso al fascismo. No podemos permitir que esta inseguridad y miedo a la libertad que experimentan los venezolanos y venezolanas del sector consumista, sea suelo fértil para el fascismo que representa Globovisión, el cual no cesa en su empeño de estimular la mentalidad colonial del venezolano para mantener su baja autoestima como pueblo.


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Publicado en Aporrea.org el 29/11/06
http://www.aporrea.org/oposicion/a27728.html

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Ganadores o perdedores, en el capitalismo todos somos menospreciados

Fernando Saldivia Najul
16 septiembre 2006


Cuando escuchamos el término "economía de mercado", casi siempre lo asociamos al simple intercambio de bienes y servicios. Pero si reflexionamos un poco más, pronto nos damos cuenta de que se trata de una ideología que convirtió el consumo en consumismo, y que por lo tanto, nos dice que somos valiosos para los demás en la medida que gastamos más dinero.

De modo que, si gastamos, triunfamos, y si no gastamos, perdemos. Luego, si triunfamos, recibimos admiración y afecto, y si perdemos, simplemente no existimos. Esto quiere decir que tanto los ganadores como los perdedores en este modelo de sociedad que no acaba de morir, no valen por lo que aportan a la sociedad con sus capacidades particulares, sino por el dinero que gastan. Es por eso que tanto los perdedores como los ganadores somos menospreciados.

Como podemos ver, la valoración social en la "economía de mercado" se mide en términos de guerra. Si triunfo, me valoran, si me valoran me siento bien. Pero resulta que los cerdos también se sienten bien. Por lo tanto, en la medida que me aprecian como un cerdo, me están menospreciando como un ser humano con potencialidades. Me niego a esta realidad. El no-reconocimiento es una forma de opresión. La satisfacción animal no puede compensar el descontento humano.

En el caso de los perdedores, el desprecio es más cruel. Al competir todos contra todos violando los acuerdos previos, es evidente que en el forcejeo unos ganan y otros pierden. Por un lado, si te defiendes, pero respetas a los demás y no te impones sobre ellos, no obtienes suficiente dinero. Luego, no gastas, y no te valoran. Y por otro lado, si respetas a los demás, y de paso no te defiendes, obtienes mucho menos dinero, en consecuencia, puedes morir de hambre o por enfermedad. De lo anterior se deduce que, el mercado no sólo regula la oferta y la demanda de productos, sino también la oferta y la demanda de los productores, que somos todos nosotros.

Es de esta forma que se menosprecia a las personas que no tienen la iniciativa de imponerse, e incluso, a aquellos que no se sienten a gusto trabajando en un estado permanente de defensa propia.

En este estado permanente de guerra fría competitiva, se hace casi imposible desarrollar las potencialidades humanas. Se inhibe el espíritu creativo. Las cualidades innatas de cada cual quedan dormidas y ocultas. Los instintos sobresalen. El poder salvaje se convierte en valor supremo. Se establece así una escala de valores que nace de nuestros instintos animales, en lugar de nuestras cualidades y virtudes.

Ya basta. Apuremos el paso. Desde el menosprecio tenemos que luchar por nuevas formas de reconocimiento social. Nos mueven necesidades elementales y necesidades sociales. Como seres humanos sociales requerimos de una valoración social que nos fortalezca el autoestima. Pero eso sí, dentro de una escala humana de valores, de manera que nos sintamos distinto a como se sienten los animales.

Una escala de valores que enaltezca la buena voluntad y la contribución que cada cual haga por el bienestar social. Una sociedad donde los demás reconozcan el aporte de cada cual, producto de nuestras cualidades particulares. Porque el verdadero prestigio y la verdadera autoestima van de la mano con la autorrealización personal y no con el poder económico. Es un sentirse seguro de poder hacer cosas o de tener capacidades que son reconocidas por los demás miembros de la sociedad como valiosas.

A esta forma de reconocimiento también se le puede llamar solidaridad, entendida como la participación activa y recíproca en la autorrealización del otro. No podemos ser felices en una batalla en la que hay más perdedores que ganadores, y en la que caen familiares cercanos, amigos y colegas.

El filósofo alemán Karl Marx, en Manuscritos Económicos y Filosóficos, escritos en 1844, habla del bienestar de los seres humanos, en términos de goce. Marx dice que así como la sociedad misma es la que produce al hombre en cuanto hombre, así también es producida por éste. Por consiguiente, la actividad y el goce son también sociales. Actividad social y goce social. O sea, en tanto que el hombre es social y actúa socialmente para beneficiarse los unos a los otros, también disfruta socialmente.

El Ché también lo entendió. Él planteaba la no-emulación, la no-competencia, sino manejar todo el conjunto de la economía de manera planificada, no compitiendo entre sí. Los premios deben ser morales y no materiales. Decía que no había nada más alto que lograr el reconocimiento de los compañeros y compañeras por haber cumplido con el deber social de ayudar a los demás.

Pues bien. Razones hay bastantes. Tenemos suficientes motivos para seguir adelante. Es obvio que no podemos conformarnos con el consumismo. No somos cerdos. Tampoco somos objetos. No podemos aceptar de manera indiferente el statu quo, el cual incansablemente refuerzan los medios. No son los que hacen televisión comercial, ni son nuestros patronos los que pueden ayudarnos a crecer. Ellos muy poco entienden de dignidad.

En fin, compatriotas, la lucha es también por nuevas formas de reconocimiento social.


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Publicado en Aporrea.org el 16/09/06
http://www.aporrea.org/ideologia/a25323.html

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Los profesionales también ganan si votan por el socialismo

Fernando Saldivia Najul
09 septiembre 2006



Entiendo las aspiraciones que puedan tener muchos profesionales de adquirir por fin una vivienda propia cerca de su trabajo o de mejorar sus condiciones materiales de vida, y que además, vean con entusiasmo que estas posibilidades se hacen reales en razón del crecimiento económico alcanzado durante la actual administración. Sin embargo, esto no es suficiente ni tampoco es lo esencial del socialismo.

El socialismo es un proceso de “desalienación” que busca la felicidad para todos los seres humanos. Es el rescate de las relaciones humanas sin clases sociales y en armonía con la naturaleza, las cuales fueron modificadas a lo largo de la historia.

Es probable que haya profesionales que tengan la creencia de que el socialismo es un modelo social donde todos somos igualmente pobres en lo material, por decisión de un tirano. Pero no es cierto amigo lector. El socialismo se identifica más con la libertad y la igualdad de condiciones para alcanzar la autorrealización del hombre y la mujer.

A diferencia del capitalismo, que nos iguala con la moda, la música, la comida, y hasta con la forma de pensar, el socialismo nos iguala con el derecho al libre desarrollo de nuestra personalidad. ¿Y cómo se logra eso? Bueno, no es fácil. Primero, en términos pacíficos, o sea, con una moderada lucha de clases y con un poco de amor cristiano, se necesita socializar los medios de producción. Luego se construye una sociedad sin clases. Y finalmente, cada cual podrá desempeñarse en un “trabajo creativo”.

Cuando el filósofo alemán Karl Marx hablaba de la autorrealización como fin, a través de la lucha de clases y el trabajo creativo, entre líneas se refería a la búsqueda de la felicidad. Entonces el trabajo es vital no sólo para la supervivencia sino también para el bienestar general. Pero no un trabajo explotador y alienante como nos lo ofrecen por el periódico los empresarios adversos al gobierno, sino un trabajo creativo, humano y liberador. Los profesionales junto con los trabajadores, en socialismo, combatirán la alienación del trabajo haciendo suyos los medios de producción.

¿Y que es eso de la alienación? Muy fácil. Si usted se siente un poco “extraño” frente al trabajo que hace, un trabajo que le mandaron a hacer otras personas que decidieron por usted lo que es necesario hacer, entonces usted está alienado. Si se siente extraño encerrado en una oficina o en una planta industrial, o en la calle, o encaramado en su mismo apartamento, igualmente usted está alienado. Si siente que está perdiendo todo su potencial, o se siente distante de sus compañeros de trabajo, no sólo está alienado, usted es un esclavo. Perdió el sentimiento de su propia identidad, y no se siente a gusto en el medio.

Es por eso que muchos de ustedes están en el trabajo viendo el reloj a cada instante esperando el final de la jornada de trabajo para salir corriendo a una plaza, a un parque, a un café, a un bar, a un gimnasio para compartir con sus amigos, o para su casa a abrazar a sus seres queridos.

Ahora bien, cuando la persona no sabe que está alienada ni explotada, la persona no tiene conciencia de clase social, y en consecuencia, no se anima a romper las cadenas que lo oprimen.

Veamos dos casos que se me ocurren. Por una lado, si la persona no sabe que está alienada y es de naturaleza poco sensible, es muy probable que ya esté embrutecida, y además esclavizada durante las largas horas del día que permanece despierta. Es un robot humano. Un zombie que consume sus pocas horas de descanso dentro de un centro comercial, dando vueltas sin rumbo definido. Por supuesto, no es fácil rescatar a una persona en estas condiciones.

Por otra parte, supongamos igual que la persona no conoce su condición de alienada, pero sí es sensible y se siente extraña e inconforme. Entonces es probable que consulte a un psiquiatra. ¡Peor el remedio que la enfermedad! Lo más seguro es que su psiquiatra le diga que es una persona que tiene problemas de adaptación. Está bien, no se descarta. Pero resulta amigo, que muchos psiquiatras no saben que ellos mismos también están alienados. Si usted apreciado lector, se reconoce aquí, no le queda más que elegir entre su psiquiatra y el reconocido filósofo Karl Marx. Le aseguro, que lo más probable es que el origen de su alienación no esté en usted sino en el hecho de que lo obligaron a vivir en una sociedad vacía y deshumanizada. Créalo.

Si amigo, estamos obligados a vivir en una sociedad capitalista, construida por la división del trabajo, con profesionales especializados, donde cada cual se mueve en un determinado círculo exclusivo de actividades que nos es impuesto y del que no podemos salirnos. No tenemos más remedio que seguir trabajando en lo mismo, durante un número de horas diarias impuestas, si no queremos correr el riesgo de vernos privados de los medios de vida.

En la “Crítica del programa de Gotha” escrita por Marx en 1875, el filósofo definió la fase superior de la sociedad, a la que él llamó comunista, de esta manera: ¡De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades! Pero esto sólo después de que haya desaparecido la esclava subordinación del individuo a la división del trabajo, y con ella también la antítesis entre la división intelectual y física del trabajo.

En la primera parte del enunciado, como un principio de contribución, el hombre se liberará de la “alienación del trabajo”. En la segunda, como un principio superior de la justicia, el hombre se liberará de la “alienación de las necesidades”. El trabajo será el primer deseo vital, donde cada cual contribuirá según su capacidad, y las necesidades no serán necesidades alienadas, solamente de consumo innecesario, sino que el hombre tendrá el derecho de satisfacer sus necesidades materiales, intelectuales y espirituales.

Se trata del principio de “igualdad de autorrealización”. La autorrealización es el bien supremo para el hombre. El trabajo dejará de ser un castigo, para convertirse en el principal modo de autorrealización del sujeto humano según el modelo del artista creador, o del científico. Y así finalmente llegará el día cuando el hombre y la mujer hayan recuperado la libertad originaria del comunismo primitivo.

¡A votar amigos!... Ya saben, no le tengan miedo al éxito.


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Publicado en Aporrea.org el 09/09/06
http://www.aporrea.org/ideologia/a25142.html

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Lo que Bush ofrece a los venezolanos

Fernando Saldivia Najul
02 septiembre 2006



Hace poco el mandatario venezolano dijo en un acto de campaña por su reelección, que el dilema estaba entre Hugo Chávez y George W. Bush. Con ello quería decir, que sea cual sea el atajo que agarren los enemigos del gobierno para tomar el poder, estos tendrán que seguir servilmente los lineamientos que vengan desde Washington.

Sin duda, suscribo lo que dijo el Presidente. Quienes financian las campañas sucias, los fraudes electorales y los actos terroristas, son los mismos que luego gobernarán.

Pero, ¿qué le ofrece Bush a los venezolanos?

Veamos. Sabemos que Bush es un entusiasta seguidor de la doctrina del egoísmo e inclinado a favorecer la selección natural de las especies. Pero además es amante de la cría de ganado humano “ario”. Por lo tanto es muy probable que el programa de gobierno para Venezuela, que se llamaría “Plan Venezuela”, lo elabore inspirado en códigos de ética, que antes que él, fueron utilizados para instaurar regímenes de castas.

La Ley de Manú, antiguo código de leyes hindúes, nos podría dar una idea aproximada de sus planes para Venezuela. Esta ley sustituiría a los buenos Evangelios de Jesús, porque sencillamente a Bush le huele mal el Nuevo Testamento, y lo considera enemigo de toda moral de castas.

Pues bien, amparado en las leyes de Manú, el punto central del programa de gobierno de Bush, no sería otro que aquel destinado al “mejoramiento del hombre” por medio de la domesticación de la bestia mestiza chavista, y la cría de ganado humano “ario”.

Si esto es así, estimados lectores, conforme a la ley de Manú, el único alimento que se les permitirá comer a los indios, negros y mestizos chavistas será “el ajo y la cebolla”. Asimismo, como lo leen. No podrán comer frutas. Tampoco se les permitirá extraer agua de los ríos, ni de las fuentes, ni de los lagos. Sólo podrán recoger agua de los charcos. El agua potable y las frutas estarán reservadas exclusivamente para consumo humano “ario”.

¡Pero bueno! ¿Cuál es el propósito de semejante aberración? Sencillo. Con el objeto de asegurar la salud del humano “ario”, los gringos tienen que enfermar y debilitar a los chavistas subdesarrollados. Para domesticar a los mestizos chavistas, es menester enfermarlos, con el simple propósito de debilitarlos y quitarle su peligrosidad. O sea, que por amor al prójimo tienen que ayudarlos a morir. Si se debilitan los chavistas, prosperarán los gringos. Y a los venezolanos sin patria, los esclavos satisfechos, los “happy slaves”, como les dicen allá en el norte a los lacayos, vivirán un poco mejor, les tocará recoger las buenas sobras que dejen los gringos.

Ustedes se preguntarán, ¿pero es que la élite gringa no tiene compasión? No. Esta élite no tendrá ningún tipo de compasión con los mestizos socialistas cristianos. La misericordia cristiana no va con ellos. ¿Pero por qué? Porque con la misericordia los gringos no podrían prosperar. La compasión es un vicio muy perjudicial, y no será precisamente el cristianismo el que frene la felicidad de los gringos y sus lacayos en la tierra.

La magnífica bestia rubia de “raza” noble se enfrentará a la fiera salvaje mestiza. La consigna es “Barbarie en vez de socialismo”. Habrá que acabar con el humanismo para que lo humano pueda florecer. La rebelión de los chavistas, según ellos, es pura envidia. Los tierrúos malolientes no serán los que hagan la revolución. Ni pensarlo. Si acaso otros más puros, pero los chavistas, definitivamente no.

Estas medidas extremas de gobierno producto de la paranoia, las ejecutó Hitler, y ahora las reproduce Bush con sus amigotes. En su desespero se le oye gritar por los pasillos de la Casa Blanca: ¡Qué los débiles y los fracasados perezcan! ¡Que sea por nuestro amor a los hombres!

¿Por amor a quiénes? No se escucha bien.

Lo que sí se entiende amigos, es que para Bush y sus cómplices el ser humano es “un ser para la muerte”. Sí, para la muerte. Basta con sólo mirar los videojuegos que nos mandan desde el norte. Niños y adultos de todo el mundo consumen las mejores horas del día y de la noche asesinando seres humanos y estrellando aviones contra edificios llenos de gente. La muerte se hizo un juego. ¿No es así señor Gates?

Los deseos y las acciones de Bush y sus amigos, los “global players”, se parecen tanto a las fantasías clasistas de Nietzsche, que nos obliga a estar muy vigilantes.

Hay precedentes. Manú desarrolló la moral de castas, Nietzsche fantaseó con ella, Hitler y Ludendorff la pusieron en práctica, y ahora Bush, alumno de los anteriores, no le queda sino ofrecérnosla como base de su programa de gobierno. No les quepa la menor duda. Con el agravante de que la globalización del mercado se vislumbra como un plan más peligroso que el diseñado por el Tercer Reich.

Y, ¿quiénes ejecutarían esta moral tan perversa en nuestro país?

¡Quién más!, Brownfield y sus lacayos. Y muchos de ellos, hoy, vecinos nuestros. Mañana, no lo sé.


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Publicado en Aporrea.org el 02/09/06
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Por piedad, indemnicemos a los jugadores de golf

Se les viola un derecho sagrado

Fernando Saldivia Najul
24 agosto 2006



Anoche escuché al moderador del programa “La Hojilla” de VTV, quien hacía referencia a las intenciones que tiene el Alcalde Mayor de Caracas de expropiar los campos de golf de la ciudad capital. Según entendí, el Alcalde es partidario de habilitar los terrenos con miras a construir viviendas para los profesionales que viven arrimados. A su vez el moderador de “La Hojilla”, más justo que el anterior, argumentaba que esos terrenos debían acondicionarse para urbanizar a quienes ni siquiera les dieron educación durante la dictadura democrática. Y todo lo anterior, por supuesto, planteado en los términos de un Estado burgués que les garantiza a los jugadores de golf, la “justa indemnización” establecida en el artículo 115 de la Constitución Bolivariana de Venezuela.

Ahora bien, apreciados lectores, yo voy más allá. ¿Por qué nuestras leyes todavía indemnizan a los burgueses jugadores de golf? Ustedes se han preguntado quién indemniza a los excluidos de los servicios públicos, por décadas y por siglos. Yo solamente he oído hablar del pago de la deuda social. Sin embargo, nunca he escuchado sobre indemnizar a los niños de los suburbios, quienes fueron arrinconados a jugar “pelotica de goma” al borde de los taludes inestables de los cerros de Caracas. ¿Cuántos murieron tratando de alcanzar la pelotica por el barranco? ¿Dónde queda la indemnización social?

Por otro lado, ¿cuántas hectárias de terreno vírgenes no fueron contaminadas y destruidas en Venezuela por la burguesía, para enriquecerse y poder darle el costoso mantenimiento a la incomparable área de “pulmón vegetal” que tienen como jardín de sus casas? ¿Cuántos excluidos, desterrados de sus conucos y obligados a vivir en una sociedad burguesa, murieron para que los jugadores de golf pudieran disfrutar de su césped bien mantenido en la ciudad?

Y sigo preguntándome, ¿quiénes impusieron el régimen “totalitario” de mercado en Venezuela? ¿No fueron los jugadores de golf entrenados por los jugadores de la globalización mundial? ¿Tenemos ahora que indemnizarlos? ¿O es que la propiedad privada todavía es sagrada?

Pareciera que aún lo es. Los brillantes filósofos de la derecha hicieron del mercado un medio y de la propiedad un fin. La finalidad primordial de la “sociedad civil”, la cual desplazó a la sociedad feudal, es la defensa de la propiedad privada. Todo gira alrededor de la propiedad privada. De hecho, en nombre de la “sociedad civil” del siglo XVIII, en la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”, se reclamó y estableció el derecho de propiedad privada como un derecho humano fundamental. Incluso se le dio un carácter sagrado de manera enfática. Aquí, el derecho a poseer un campo de golf para unos pocos, es sagrado. La persona no es sino un individuo con derecho de propiedad. Aquí se les olvidó que la dignidad humana es anterior a cualquier sistema social. No recuerdan que venimos al mundo sin propiedades y nos vamos sin ellas. Hacen gala de propietarios eternos.

Hoy, los jugadores de golf deberían darle las gracias a los constituyentistas. Parece que ninguno de ellos era anarquista. Más bien muchos de ellos, burgueses. De lo contrario hubiesen apelado a la máxima de Pierre Joseph Proudhon: “La propiedad es el robo”. Pero no fue así. Se salvaron.

De cualquier manera, estimados amigos, el Estado debe dar garantía del cumplimiento a los derechos reconocidos y consagrados en la Constitución. Entonces, ¡por piedad!, otorguémosles el derecho a la defensa y el debido proceso a los pobres indefensos. Luego, si se justifica la expropiación, indemnicémoslos. Y si por referendo consultivo, el pueblo les concede construir un “golfito”, para que no se amodorren en sus caserones, se lo construimos a un lado. No hay problema.

Por mi parte, considero que cualquier decisión que se tome con relación al futuro de los campos de golf, debe tomar en cuenta la necesidad de más espacios públicos y de recreación que tienen todos los caraqueños y visitantes. Ya no hay por dónde caminar. Y mucho menos por las cercanías de los campos de golf, donde tienen como política construir pocas o ninguna acera, e instalar pocos o ningún poste de luz, con el propósito racista de evitar que los peatones se acerquen a los parásitos burgueses. ¿Apartheid?

El socialismo se alcanza sólo con una política de expropiar hoy a los expropiadores de ayer.

¡Más plazas, y menos centros comerciales!


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Publicado en Aporrea.org el 24/08/06
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La ley de la selva tiene jueces y verdugos: Bush y Olmert

Fernando Saldivia Najul
17 agosto 2006



Para resistir y contraatacar las pretensiones de Bush y Olmert de exterminar a la mayoría de los seres humanos, es obligatorio navegar por la mente de los empresarios privados transnacionales, la de sus asesores, y la de estos matones que hoy se erigen como los últimos jueces y verdugos de la ley de la selva. Estas mentes tienen que tener en alguna zona del cerebro, algunas nociones sobre el origen de su propia locura terrorista de estado.

Por allá en 1688, veo que los burgueses desplazaron a los reyes, en un “quítate tú pa’ ponerme yo”. Los burgueses, hoy conocidos como los empresarios privados, transformaron la Revolución Inglesa de 1649, en una Revolución Gloriosa en 1688. Por supuesto, la gloria no era para la mayoría. Como cosa rara, la gloria era para la nueva élite.

A esta élite muy pronto le entraron ganas de expandirse. Pero había un pequeño obstáculo. Los derechos humanos establecidos por la Revolución Inglesa ya habían declarado la igualdad humana ante la ley. ¡Qué vaina! Esto no les convenía. Entonces, ¿Qué hacer? Estuvieron pensando varios minutos y dijeron: ¡Vamos a invertirlos! Pero si ya están invertidos —advirtió uno—. Bueno, entonces vamos a escribir lo que es de hecho. Y así lo hicieron. ¡Que viva John Locke! De esta manera, legitimaron la inversión de los derechos humanos [1] y la expansión que ya se veía venir. He aquí el origen de la locura. ¿Lo saben los matones de Bush y Olmert? ¿O esta información histórica se la reservan los autores intelectuales del crimen globalizador?

Ahora todos los hombres son iguales por naturaleza, pero con la inversión de los derechos humanos, también son libres de matar o esclavizar a todos los que vayan en contra del orden natural de la selva, o del mercado, con trampa incluida. O sea, los que violan los derechos humanos, a juicio de los empresarios, no tienen derechos humanos. La esclavitud y el asesinato son legítimos. Con esto se mantiene el estado natural de libertad e igualdad. Pero se trata de una libertad e igualdad “contractual” de mercado, y no de una libertad e igualdad “humana”. ¡Qué ironía!

Además, la expansión, que arbitrariamente los reyes y los papas justificaban por derecho divino, ahora los burgueses la consideran como una ley natural de la selva, y se autonombran jueces para sentenciar a todo aquel que se oponga al estado natural de la selva. Entonces, por arte de magia, juzgan y sentencian por mandato de una ley: la ley de la selva. Una ley natural que busca el estado de “paz” y de conservación del género humano. Ojo, pero no de todos los seres humanos. Solamente la de aquellos que dicte la ley natural de la selva, la cual es perfeccionada por los empresarios.

Los empresarios privados transnacionales tienen ahora el derecho de ser jueces sobre esta misma ley natural. Hoy día los empresarios privados transnacionales, como jueces legítimos, se reúnen en el “Tribunal Penal de la Burguesía” de Davos, o en el de Nueva York, para elegir cuales son los pueblos que perjudican la perpetuación de la especie.

Palestina siempre es la favorita. También, en las últimas reuniones, los jueces han sentenciado a los pueblos hermanos de Afganistán, Irak y el Líbano. Quedan en la agenda, Siria e Irán. Y en sus mentes perversas, Cuba, Venezuela y Bolivia.

Todos los que estamos en contra del orden natural de la selva, cometemos un crimen, y por lo tanto estamos renunciando a nuestros derechos humanos. O sea, ya no somos seres humanos porque nos hemos levantamos contra el género humano, que son los empresarios. Los jueces tienen el deber de mandar a sus matones para invadirnos y aniquilarnos. Si se compadecen, pueden hacernos prisioneros pero con una condición: tenemos que pagarles los costos de la invasión, y si no les alcanza, debemos someternos libremente a trabajo forzado, tortura incluida, hasta cubrir todos los gastos.

Ya lo han hecho varias veces. Cuando exterminaron a nuestros hermanos africanos, los acusaron de canibalismo. O sea, de violadores de derechos humanos. Cuando lo hicieron con nuestros hermanos amerindios, los acusaron de realizar sacrificios humanos. Cuando le tocó a los indios de la India, los acusaron de realizar quema de viudas. Y a sus propios vecinos, los Negros afrodescendientes, los sometieron por más de trescientos años a trabajo forzado. Todo lo anterior por haber atentado contra el orden natural de la selva.

Para finalizar amigos, voy a navegar nuevamente por las mentes enfermas de los empresarios transnacionales. Aquí leo: "una vez que hayamos limpiado todos los tumores del género humano, ahora sí, nosotros los empresarios, le exigiríamos al congreso y al gobierno de los Estados Unidos que ratifiquen de una buena vez el “Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales” de la ONU, 1966. Por lo pronto, no conviene". ¡Qué descaro!


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[1] El Sujeto y la Ley. El retorno del sujeto reprimido. Franz J. Hinkelammert. Fundación Editorial El perro y la rana, 1ª Edición, 2006. Capítulo II. La inversión de los derechos humanos: el caso de John Locke.


Publicado en Aporrea.org el 17/08/06
http://www.aporrea.org/tiburon/a24507.html

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Matar para robar, robar para dominar

El Líbano sangra

Fernando Saldivia Najul
17 julio 2006


Están asesinando niños libaneses con la pura lógica del terrorismo de estado: matar para robar, robar para dominar. La internacional del crimen, como le decía el Che, nuevamente desangra al pueblo de mis abuelos, el Líbano.

La coalición Sionismo-WASP, “los elegidos de Dios”, matan, roban y expanden su dominio, con el cínico y trillado pretexto de que se encuentran en “Situación de Seguridad Especial”, según lo declaró el gobierno de Israel con el apoyo de Bush, el elegido.

Se sienten élites elegidas. No tienen duda de ello. Pero yo si tengo dudas. Si es verdad que Dios habló con Moisés, y ahora con Bush, según él mismo lo dijo, seguro que no fue para que arrasaran pueblos enteros. El mismo Moisés se escandalizaría de ver la matanza de niños libaneses por parte de sus descendientes sionistas.

El “ojo por ojo” les quedó corto. Los ataques desproporcionados superaron la antigua Ley del Talión. La orden es: “varios niños y mujeres por un soldado”. Volvieron a los tiempos anteriores a la Ley, cuando los “vengadores de la sangre” practicaban con frecuencia una venganza desproporcionada al daño inicial. Si a estas élites les es insuficiente la obsoleta Ley del Talión, entonces se reirán del “perdón” que profesó Jesús, el mismo dios de los WASP.

Por supuesto, el fin es la expansión del poder. Para muestra un botón. El gobierno de Israel ha aplicado sin compasión a los palestinos, una ley antidemocrática conocida como la “Ley de Propiedad del ausente” de 1950. Con esta ley los israelíes se han apoderado de propiedades pertenecientes a palestinos que fueron echados de sus casas por grupos terroristas sionistas en los años 1948-49.

Como una forma de robo de la propiedad privada, los terrenos, casas y cuentas bancarias fueron confiscadas para que los israelíes vivieran cómodamente en casas que construyeron los palestinos. La tierra fue usada para establecer inmigrantes judíos y el dinero para financiar su entrada en Israel. Más recientemente, con la construcción del muro racista expansionista, muchas casas las demolieron y los terrenos de cultivo que quedaron al otro lado del muro, se los robaron.

Esto es puro racismo. Algo parecido hacían las tropas de Hitler cuando invadían un país vecino. Si los miembros de una familia de una vivienda no tenían los rasgos arios, los echaban y le entregaban la vivienda a una familia aria.

El fascismo y el sionismo es racismo. No en balde, en 1975, la Asamblea General de la ONU aprobó la Resolución 3379, donde se llegó a la conclusión de que “el sionismo es una forma de racismo y de discriminación racial y una amenaza para la paz y la seguridad mundial”. Desdichadamente en 1991, con la influencia del papá de Bush, ésta resolución fue revocada por la Resolución 4686. Era de esperarse.

Nuestros hermanos judeosemitas del pueblo de Israel tienen que despertar. Tienen que seguir a los compañeros activistas israelíes. De lo contrario, sus seudos dirigentes sionistas los pudieran estar llevando a otro holocausto. El secuestro de dos soldados no es la causa de las hostilidades en el Líbano. La matanza de libaneses que comete el ejército de Israel es parte de la política de expansión Sionismo-WASP, y pudiera conducir a otro histórico y lamentable genocidio judío. Pero esta vez ya no serían el chivo expiatorio. El genocidio ya no sería inducido por la propaganda nazi. Ahora sí es evidente el riesgo de amenaza que representa el sionismo para los pueblos árabes y la paz mundial.

De hecho, muchos libaneses y sirios venezolanos que adversan la política exterior del Presidente Chávez, hoy se sienten amenazados y comienzan a reflexionar y a distinguir a sus enemigos. Ya la imagen negativa del mandatario nacional que le enseñó Globovisión, no es tan negativa.

Para finalizar, encendamos las alarmas. Como una simple provocación, nuestra embajada en el Líbano pudiera ser bombardeada y considerada un “daño colateral”. Y hago un llamado a todos aquellos que todavía tienen como ridículas las palabras del Presidente Chávez. A ellos les digo: No esperen a que las bombas les caigan encima de sus cabezas para decir ¡Chávez tenía razón!

Unos matan para robar y dominar. Otros luchan para vivir.

Los libaneses y los venezolanos venceremos.


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Publicado en Aporrea.org el 17/07/06
http://www.aporrea.org/internacionales/a23637.html

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Libros de autoayuda en el Socialismo del siglo XXI

Fernando Saldivia Najul
15 julio 2006



No sé ustedes amigos, pero yo cada día veo más libros de autoayuda en las librerías, kioscos de periódicos, y en los puestos de buhoneros. Estos últimos los están vendiendo a precios bastante económicos, a tal punto que, este tipo de lectura ya se ha masificado en nuestro país. La invasión parece que no tiene freno. Pero hay que dar la batalla.

Hay unas batallas más difíciles que otras. Creo que la batalla ideológica va a ser la más dura de todas las batallas hacia el Socialismo del siglo XXI. El imperio caerá solamente cuando libremos esta última batalla. Lo digo, porque la gran mayoría de los venezolanos que leen libros, todavía consultan la bibliografía de autoayuda para resolver de una manera mágica sus problemas. De igual manera, suelen acudir a estos para aprender a alcanzar la felicidad individual por el camino ilusorio del éxito material. Incluso los simpatizantes del gobierno, en general, conservan los mismos hábitos de consumo. El goce sensorial siempre por encima del goce intelectual y espiritual.

No todos los temas, ni los enfoques de esta bibliografía son adversos al proyecto revolucionario. Pero sí muchos de los escritores de estos libros actúan como mercenarios del pensamiento único, y promueven de una forma amena, con mensajes cortos y fáciles de digerir, la autosuficiencia y el individualismo en contra de la acción colectiva.

Frases sencillas como: “La felicidad está dentro de ti”, “toda la energía del cosmos está a tu disposición para prosperar”, y “la moral es relativa”, son algunas de las ideas que llegan a todos los estratos sociales a través de estos libros.

Puede que estas ideas, una vez leído el libro y puestas en práctica, algunas personas las desechen porque no les dieron los resultados esperados. Sin embargo, hay personas más débiles que retienen estas creencias. Para ellos, es más fácil caer de nuevo en la tentación de “arreglar las cosas por sí mismo” y vuelven a comprar otro libro. Sin darse cuenta, quedan atrapados en un estado de satisfacción y frustración que los arrastra a comprar un libro tras otro. De esta manera, sus esquemas de pensamiento se hacen cada vez más rígidos.

La persona queda convencida que su felicidad solamente depende de ella, y no de las circunstancias. O sea, si vive en una sociedad justa o injusta, da igual. Si el gobierno es democrático o es elitista, da igual. La felicidad sigue estando solamente dentro de sí mismo y no afuera. Esto por supuesto genera en la persona cierta apatía a la participación política, lo cual es, entre otras cosas, un deber constitucional.

Por otro lado, cuando la persona entiende que tiene en su poder toda la energía del cosmos, se endiosa de una manera tal, que se cree autosuficiente, y no ve motivo alguno para cooperar con los demás. De esta forma se desprecia la solidaridad, la cual representa el valor fundamental de la revolución para alcanzar la felicidad colectiva.

Y además, si la persona cree que la moral es relativa, puede pensar también que es individual. O sea, que los valores son relativos e individuales. Cada cual se haría su propio juicio sobre el bien y el mal, conforme a sus pareceres. Incluso, se podría dudar de la validez de las leyes y normas sociales establecidas, y tenerlas únicamente como una referencia más.

Amigo lector. Con todos los riesgos que implica este tipo de lectura, creo que es conveniente evitar caer en la tentación de recrearse con estas lecturas ligeras. Recuerde que con la distracción también se hechiza. Todo esto forma parte de la propaganda ideológica que ha venido impulsando sin descanso la industria de los medios de difusión, como parte del proyecto de expansión y perpetuación del capitalismo en todo el mundo.

Con un poco de esfuerzo y disposición, considero prudente pasearse por las distintas corrientes del pensamiento, con el propósito de sumar ideas y hacernos un criterio propio que nos ayude a la autorrealización, y, al mismo tiempo, que nos permita ayudar a inventar el proyecto de socialismo que estamos construyendo la mayoría de los venezolanos.


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Publicado en Aporrea.org el 15/07/06
http://www.aporrea.org/ideologia/a23573.html

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¿Qué es la República Disney Universal?

Fernando Saldivia Najul
29 junio 2006


Pronto, muy pronto, los venezolanos ya no tendrán que viajar a Miami para disfrutar del maravilloso mundo de Disney. Y es que los genios de los “centros de pensamientos” que asesoran a los gobiernos de Estados Unidos y Europa, elaboran planes para que todos los habitantes de la tierra, en un futuro próximo, puedan ser tan “felices” como ellos, dejando atrás todo tipo de mezquindad.

En otras palabras, ellos quieren que en todas las ciudades del mundo se construya un Disney World, en cada pueblo, un “mall”, y en cada comunidad indígena, un Mc Donald. De esta forma, viviríamos en el tan esperado “mundo de las oportunidades” y todos podríamos alcanzar el “éxito”.

No exagero. Ayer estuve revisando algunos artículos de opinión y declaraciones a la prensa que ha dado el “hombre blanco” en los últimos cinco años, y se queda uno perplejo con la ligereza que manejan el tema de la mundialización. Especialmente el señor Robert Cooper, diplomático de la UE y asesor de Tony Blair. El conocido genio que explicó las razones por las cuales son necesarios los imperios, en un ensayo titulado “Por qué todavía necesitamos imperios”.

Amigos de la Patria. Los grandes pensadores al servicio de las corporaciones, y los voceros de los gobiernos de los Estados Unidos y sus aliados en Europa insisten en que no nos preocupemos. Que no le crean al Presidente Chávez cuando dice que hay ejércitos que invaden países para robar materia prima, y para vender manufactura innecesaria. Que eso no es así. Ellos dicen que Chávez dice eso para asustarnos, y poder así mantenerse en el poder como el único que nos podría proteger de los piratas. En otras palabras, ellos han venido repitiendo que el que quiere "poder" es nuestro Presidente, y no ellos.

También dicen, que ellos lo que tienen planeado para la humanidad no es un imperio racista, así tan feo como dice el Presidente. Tampoco una monarquía universal. Ellos dicen que esas son cosas del pasado. Que es verdad que Alejandro, Julio César, Carlo Magno, Carlos V y Napoleón tenían esas apetencias, pero que ellos no. De ninguna manera. Ellos lo que quieren es hacer realidad el viejo sueño de una “República Universal”. O sea, un solo país planetario con un solo gobierno, porque, según ellos, la división política del mundo en varios polos de poder, no es democracia, es caos.

Lo anterior se traduce, amigos, en que estas personas no quieren que seamos una república independiente, y mucho menos que nos integremos como unos Estados Unidos de Latinoamérica. Ustedes se preguntarán, ¿y por qué? Si ellos lo hicieron, nosotros también tenemos derecho. No, no. Ellos dicen que nosotros los sureños somos unos frustrados, que no sabemos gobernarnos, que somos unos incapaces. Que ni siquiera podemos diseñar y construir un parque de atracciones con la calidad de Disney World, y que por eso tenemos que ir todos los años a llevar a nuestros hijos al norte para que le den un abrazo a Mickey Mouse. Que ya basta de tanta sobadera con el pobre ratoncito, que se lo vamos a gastar.

Y además, dicen los “hombres blancos”, que como nosotros no sabemos gobernarnos, podríamos en cualquier momento, dentro de nuestro caos, invadirlos a ellos por error, como lo hizo Pancho Villa en una oportunidad. Y ellos no quieren que eso se vuelva a repetir.

Ahora, si ustedes escuchan a estas personas hablar de invasiones, lo primero que les va a venir a la mente son las múltiples invasiones que ha hecho el ejército de los Estados Unidos en los últimos cien años. Pero, no, no. Aquí los genios y los voceros de las corporaciones son muy claros. Ellos explican que eso es circunstancial porque hay países muy rebeldes que deben ser reprendidos por la fuerza. Y aclaran que entre los países de Europa y los Estados Unidos no se requiere usar la fuerza como en la selva, porque ellos cooperan de forma civilizada, en cambio con nosotros no, porque nosotros somos salvajes.

Por otro lado, han manifestado que las 700 bases militares que tienen dispersadas por todo el mundo, incluyendo la de Guantánamo, serían desmanteladas una vez que ellos logren fundar la “República Universal”. Una sola familia de hermanos, donde todos tengamos las mismas costumbres, creencias, y manera de pensar. De esta forma, más nunca se violarían los derechos humanos.

Ya no tendríamos que ver más a los musulmanes encarcelados, agonizando con el rosario en la mano después de una tortura. Por ahora, dicen, es necesario excederse un poquito. Que si queremos una verdadera democracia global definitiva, tenemos que sacrificarnos y aguantar una moderada dictadura mundial transitoria. Y agregan que sólo se podría mantener la paz si logran poco a poco suprimir la soberanía de los estados y las naciones.

De modo que, si todo sale bien, y no les estropeamos sus planes, muy pronto tendríamos el tan anhelado y maravilloso mundo de Disney en la Plaza Altamira, ahora como patrimonio de la República “Disney” Universal. Los venezolanos de la clase profesional consumista ya no tendrían motivos para luchar por sus ideales en este espacio, porque ahora sí tendrían más cerca a Mickey Mouse para sobarlo.

Y finalmente, el gobierno de los Estados Unidos, convertido ahora en el nuevo gobierno único mundial, le daría la orden a Globovisión de modificar el famoso llamado a sus seguidores. Ahora les dirían:

“Traigan a sus hijos para ‘Altamira Disney Plaza’..., y no traigan sus pitos, ni sus banderas, ni sus consignas..., ni tampoco su nacionalismo..., porque ya no tenemos patria”.


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Publicado en Aporrea.org el 29/06/06
http://www.aporrea.org/tiburon/a23121.html

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Chavela y Globomiro

Increíble pero cierto

Fernando Saldivia Najul
26 junio 2006



Esta mañana tuve la oportunidad de presenciar una discusión política entre una señora, vendedora ambulante, y un señor trajeado de flux en pleno Boulevard de Sabana Grande. Ella con una tipología mestiza, propia de la mayoría de los venezolanos, y el señor, de rasgos europeos, también venezolano. Bueno, eso creo. Al menos tenía el acento caraqueño.

Todo ocurrió cuando venía caminando por el boulevard, y de pronto, veo un grupo de gente agrupada en el medio del pasillo, entre las tiendas del comercio ambulante y los locales comerciales. Al principio pensé que se trataba de las personas incautas que se detienen alrededor de los tahúres de la chapita escondida bajo tres cáscaras. Pero no era eso. Pronto pude avistar por encima de las cabezas, que se trataba de dos personas discutiendo. Un señor, un poco acalorado, y una señora, con rostro de indignación, pero hablando en un tono más pausado que éste.

Como no podía seguir mi camino, a menos que diera un vueltón, me tocó escuchar parte de la controversia. Voy a compartir con ustedes, estimados lectores, más o menos lo que recuerdo. No conozco las personas. No sé sus nombres. Pero, conforme al tema que discutían, creo que le asienta bien llamarlos Chavela a la señora, y Globomiro al señor. Cojan palco:

Globomiro: Claro ustedes están felices porque Chávez les deja hacer lo que les da la gana.

—No señor, eso no es así —dijo Chavela—. Nosotros estamos aquí por necesidad.

—Sí. Pero yo también tengo derecho a caminar sin tropezarme—replicó Globomiro.

—Está bien señor, pero yo necesito alimentar a mis hijos, comprar medicinas y educar a mis hijos. Y además —continúa Chavela—, usted debe saber que hay derechos que están por encima de otros.

—Claro, que lo sé —dijo Globomiro—, no soy bruto. Pero no se supone que su presidente ya resolvió los problemas de alimentación, salud y educación —agregó atropelladamente.

—Disculpe, disculpe —lo interrumpe Chavela— No es como usted lo dice. Sí se ha hecho bastante. No salgo de mi asombro. Pero las revoluciones no duran siete, diez, ni veinte años. Y mucho menos cuando tienen enemigos como usted, que lo que hacen es criticar y no ayudan en nada.

—Se equivoca señora —saltó Globomiro—. Yo trabajo todos los días para serle útil a mi país. No soy un flojo como ustedes.

—¿¡Flojos!?... ¿Acaso, no nos ve trabajando? —pregunta Chavela.

—Bueno está bien —responde Globomiro—. Pero no me va a negar que por aquí hay mucho flojo que no quiere superarse, y hay que estarle regalando todo.

—Señor, no les diga flojos —sugiere ella en tono pausado—. No hay personas flojas. Hay personas desmotivadas. Y tampoco se les regala nada señor. La satisfacción de las necesidades básicas es un derecho humano.

—Llámele como quiera —apuntó Globomiro—.

—Como quiera no —insistió ella—. A las cosas hay que llamarlas por su nombre.

—¡Ah, sí!... Entonces, según usted, Chávez tampoco le está regalando nuestro petróleo a los demás países —replica Globomiro.

—Qué demás países ni que nada —responde Chavela—. ¿Usted no sabe que Latinoamérica es una sola nación? ¿Usted no sabe que los gringos nos dividieron para saquear nuestras riquezas?

—¡Señora!..., está hablando igualito que Chávez. ¡Le lavaron el cerebro! —respondió él—. Abra los ojos. Chávez no los quiere a ustedes. Él está millonario. ¿No ve el flux que tiene? ¿Por qué él no se viste como ustedes? ¿Ah, ah?

—¡Pero señor!... ¿Usted no sabe que él es un militar? —pregunta Chavela con asombro—. Él sabe de guerra. Nosotros estamos en una guerra de baja intensidad, señor. Por supuesto que a él no le gusta usar un traje clasista. El Presidente sólo lo usa como un uniforme de camuflaje.

—¡Señora!... ¡usted si que enreda las cosas! —dijo Globomiro con asombro.

—No, no, señor —vuelve Chavela—. Lo que pasa es que usted seguro que se la pasa pegado a Globovisión, y sale todos los días a repetir como un lorito lo que le dicen los ricos. ¿Usted cree que un ricachón le va a decir a usted la verdad? ¿Cuántas veces le ha mentido el dueño de la empresa donde usted trabaja?

—¡Ah no! No me cambie el tema —dijo Globomiro, ya de capa caída—. No me voy a quedar aquí discutiendo toda la mañana con usted. Yo lo que sí sé, es que Chávez sembró el odio. Y no me lo vaya a negar.

—¿Por qué lo dice? —pregunta Chavela—. ¿Es que usted antes nos quería a nosotros, y ahora no nos quiere?

—¡No, no!. No es eso... Bueno..., no sé, no sé..., a mi no me gusta ese señor.


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Publicado en Aporrea.org el 26/06/06
 http://www.aporrea.org/oposicion/a23034.html

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El Presidente tiene todo el poder

Fernando Saldivia Najul
22 junio 2006



Se repite todos los días que el Presidente tiene todo el poder. Si no escuchamos esto por la televisión, nos lo recuerda un amigo o un compañero de trabajo. Y para colmo, The Wall Street Journal acaba de comenzar una campaña que lo coloca como un emperador. Hasta ahora, afortunadamente, ninguno de mis allegados lo ha repetido, pero no canto victoria.

Pues bien, amigo, vamos a hacer una pequeña reflexión sobre esto. Pero antes le sugiero, que si está leyendo este artículo en su trabajo, cuide que su patrono no lo vea. Luego si quiere, a la hora del café, puede comentarlo con sus compañeros.

Amigo trabajador, nosotros siempre asociamos la palabra "poder" con algo que puede emplearse para dominar y explotar a otros. O sea, el poder en manos del mal. No lo sé, la sociedad nos acostumbró a eso. Sin embargo, es ahora, desde que comenzaron a cambiar las relaciones de fuerza en nuestra sociedad, cuando puedo percibir que “una cuota” de ese poder, fue conquistado por una parte importante de la sociedad para utilizarlo, conforme creo, a favor del bien.

Usted puede que se pregunte: Pero, ¿sólo una cuota?. Entonces ¿quién tiene el poder? Bueno. De modo breve, y sin ir muy lejos, vamos a recordar.

A principio de este siglo, en los Estados Unidos, se impusieron en las empresas dos métodos para explotar a los trabajadores, desarrollados por los señores Taylor y Ford. En estos métodos se requería "especializar" a los trabajadores y aumentar el control de los “tiempos y los movimientos” de la mano de obra. Esta práctica luego se extendería para el trabajo intelectual.

Con la especialización, el trabajador podía pasar mas tiempo en su puesto de trabajo. De modo que, con la eliminación de los “tiempos muertos”, el trabajador le producía más al empresario y lo ayudaba a enriquecerse más rápido. Ahora el empresario podía controlar los tiempos de trabajo y los volúmenes de producción de cada trabajador. Surge así el injusto concepto de “tiempo impuesto”.

Perfecto. El sistema individualista de explotación en masa resultó. Durante décadas, fue de mucho provecho para los empresarios. Pero en los años setenta, el modelo iniciado por Taylor y Ford entró en crisis y emergieron nuevas potencias económicas. Alemania y Japón le disputaron la supremacía a los Estados Unidos.

Así es la cosa, dijeron los del norte, esto no se queda así. Y más atrás le siguieron los empresarios venezolanos. Dijeron, tenemos que mejorar el método de explotación de nuestros empleados. Pero eso si, de una manera más sutil, para que no se den cuenta. Es aquí cuando intentan copiarse el “modelo” japonés. Éste se basa, más o menos, en el principio de "justo a tiempo".

Se impuso una disciplina de "inventarios cero", que contiene la idea de "empresa mínima". O sea, que trata de evitar los excesos tanto de personal como de equipo.

Pero no fue suficiente. Los empresarios, tenían que imponer otras estrategias como la del “control de calidad total”. Práctica que se encuentra relacionada directamente con el papel de la vigilancia y el control de los trabajadores. También, en otra oportunidad, engañaron a los trabajadores con la búsqueda de la “excelencia”. Ésta última, como expresión de una lógica social de la “competitividad”. ¡Qué palabritas!

Tampoco se conformaron. Querían concentrar más dinero. O sea, holgar el embudo arriba y asfixiarlo abajo. Y se les prendió el bombillo. Los empresarios encontraron una medida burlona, aún vigente, por lo menos hasta que se les ocurra otra técnica más injusta. Esto es, los empresarios le piden a los trabajadores comprometerse con las metas de productividad preestablecidas o no. Se les exige el cumplimiento de tareas bien o mal planificadas, sin considerar el horario de trabajo, y a cambio de nada. ¿Cómo? ¿Sin ningún dividendo para el trabajador? Como lo lee. Algo así como ser un socio que asume riesgos, pero que no recibe ganancias por ello.

Este nuevo método de explotación introducido por las corporaciones transnacionales en nuestro país, en el ámbito de la globalización, impone lamentablemente la “intensificación del ritmo de trabajo”, y un progresivo “aumento de la jornada laboral”, al punto que ya no se habla de explotación, sino de “superexplotación”.

En otras palabras, cada vez que los empresarios japoneses persuaden a sus trabajadores para producir más y con mejor calidad, usted también tiene que hacerlo, pero sin ser japonés. A menos que usted se lo crea.

Hoy vemos como bajo el acoso y la amenaza del despido se intenta mejorar la productividad en cantidad y calidad. También vemos como cunde el “miedo” en las empresas. Los efectos del “miedo paralizante”, han aumentado la “insolidaridad” en el mundo laboral.

No en balde el Presidente ha dicho que la palabra “competitividad” no le gusta mucho. A mí tampoco. Sin embargo, también ha dicho que de cuando en cuando hay que usarla.

Por supuesto. Tenemos que entenderlo. Es una revolución pacífica. Por más que se hayan implantando empresas socialistas en el país, todavía vivimos bajo la lógica de un macrosistema nacional e internacional de economía capitalista explotadora. Y si requerimos intercambiar productos con otros, se debe trabajar con calidad comparativa, por ahora. A menos que el Estado decida subsidiar a las empresas socialistas. Ustedes saben, las empresas socialistas están organizadas con una economía de equivalencias y no con una economía de mercado. No se preocupen. Vendrá el momento en que no tengamos que compararnos ni rivalizar más con nuestros compañeros.

Recordando nuevamente palabras del Presidente, en otra oportunidad, también lo escuché pedirle a los empresarios que le dieran un fin de semana largo cada mes a cada trabajador para mejorar nuestra salud mental. Porque, según el Comandante, el trabajador no puede ser esclavo del trabajo. Y una persona no puede vivir para trabajar y nada más . Porque, según sus propias palabras: “la vida es muy hermosa”.

Ahora, para dar término a este artículo, uno se pregunta, ¿escucharon los empresarios esta petición? ¿La siguieron? Usted lo sabe amigo. Entonces, ¿quién tiene el poder?

Ayer el Comandante lo dijo en Panamá, para responder a las palabras de Perón cuando dijo en su oportunidad, que el año 2000 nos encontraría unidos o dominados:

Bueno, dijo el Presidente, aquí estamos, desunidos y dominados.


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Publicado en Aporrea.org el 22/06/06
http://www.aporrea.org/actualidad/a22956.html

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Y dale con el amor al prójimo

Fernando Saldivia Najul
18 junio 2006



¿Por qué tengo que amar al prójimo? ¿Hasta cuándo los humanistas nos van a atormentar con esa idea loca? Estas preguntas se las han hecho y se las hacen todos los egoístas desde mucho antes de Jesús. Sí, mucho antes. Porque Confucio, filósofo chino, allá por el siglo VI antes de Jesús, ya hablaba de la “piedad filial”, necesaria para alcanzar la armonía en la familia, la sociedad y el Estado. Y Sidarta, también por esa época, pero en la India, recomendaba la “compasión infinita” como camino ineludible para alcanzar la felicidad perfecta.

Amigo lector, si usted es una persona solidaria, muy poco puedo aportar para sus reflexiones. Ya usted se montó en el autobús del “socialismo cristiano” que tanto machaca el Comandante como vía indispensable para alcanzar el estado de mayor suma de felicidad para todos. Pero, al contrario, si usted es de esas personas mezquinas por naturaleza, o mejor dicho, le enseñaron a serlo, tómese unos minutos y delibere en su interior con la compañía de las líneas que siguen:

Supongamos que creo en un dios benevolente así como lo manifiesta el Presidente. Bueno, muy fácil. Si soy creyente, soy un privilegiado porque estoy imbuido con la gracia divina y puedo amar a un dios en su dimensión sobrenatural. Y, por extensión, si amo a un dios de manera sobrenatural, también puedo amar de forma sobrenatural a todo lo que él le dé vida. O sea, que puedo amar al prójimo con poco sacrificio. Facilito, ¿verdad?

¡Ah! Pero yo no soy creyente, ¡qué broma! Bueno, no importa. Pero sí creo en la justicia. Creo que debe hacerse justicia. Claro, alguna vez he sufrido algún tipo de injusticia, y cada vez que veo la injusticia en el prójimo, siempre recuerdo mi experiencia, y como reflejo de su pena, me pongo en su lugar, y siento compasión.

Si, si, pero eso de la compasión se me pasa rápido. Por lo general yo solo amo por simpatía o por roce. A mí me cuesta amar de forma sobrenatural. Esta bien, esta bien. Pero sí me gustaría vivir en paz. No quiero que vuelva a explotar la sociedad como pasó el 27 de febrero de 1989, porque correría peligro mi familia. Ni tampoco quiero vivir en una sociedad que se sostenga por décadas a punto de explotar, porque igual la delincuencia me perjudica.

Bueno, ahora pareciera que sí tengo motivos para “amar al prójimo”, al menos por conveniencia. O más bien, como propuso el filósofo alemán Immanuel Kant del siglo XVIII cuando dedujo el “principio unitario del deber”. Él planteaba algo así como “respetar al prójimo”, sin necesidad de llegar a amar.

Perfecto. Si es así, puedo acudir a la regla de oro de todos los pueblos: “No hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti”. O esta otra más socialista: “Todo lo que quieres que otros hagan por ti, hazlo por ellos”.

¡No, no!. Mejor no. Yo no quiero perder el tiempo ayudando a otros para ver si algún día esto redunda en mi beneficio. ¿Y si me muero antes? Si, pero quedan mis hijos, y, yo amo a mis hijos, eso es natural. Y si no tuviera hijos. Bueno, pero tengo sobrinos que también los amo. Y si tampoco tengo sobrinos. Están los hijos de mis amigos a quienes les deseo que disfruten una patria soberana y en paz, sin clases sociales. ¿Patria sin clases sociales? Sí, claro. Porque para tener patria, tenemos que amar la igualdad, y para amar la igualdad, tenemos que amar al prójimo en cualquiera de sus formas.

¡No, que va! Eso de patria es muy complicado. Y eso de desear el bien a otros después de que yo esté muerto, me cuesta mucho. Yo lo que quiero es ser feliz y ya. Bien, pero ¿quiero ser medianamente feliz o quiero ser muy feliz? Por supuesto que quiero sentirme bien, no solo con pocos ratos de placer, sino con un estado de satisfacción emocional y espiritual más o menos sostenido en el tiempo.

Bueno, entonces no me queda más que recurrir a los conocimientos y a las experiencias del filósofo indio Sidarta Gautama Buda. El filósofo asegura que para sentirme muy bien, debo necesariamente alcanzar un estado de amor-compasión que consiste en un deseo urgente y muy profundo por el bienestar, la felicidad y el desarrollo de todos los seres vivos.

Y dale otra vez con el “amor al prójimo”. Pareciera que no tengo salida.

¡Que se le hace! Vamos a aceptarlo. Pero ¿cómo alcanzo ese estado de amor-compasión? Los seguidores de Sidarta han compilado su sabiduría por tradición oral, y hoy la puedo encontrar escrita en los “Sutra”. En uno de ellos, en el “Sutra del Amor”, voy a encontrar una serie de ejercicios mentales que tengo que realizar todas los días, hasta que, finalmente, algún día pueda realmente amar al prójimo sin necesidad de amar a un dios supuestamente benevolente.

Bueno, se puede intentar. Pero solo en las noches antes de acostarme, porque en el día tengo que trabajar. Y, ¿cómo hago para que mis hijos, mis sobrinos y los hijos de mis amigos amen al prójimo? Los niños son muy dispersos para emplearse en esas tareas aburridas.

¡Ah! Ya sé. Por allá leí, pegado en la puerta de la habitación de mis padres, cuando era niño, un cartelito que decía:

“Un niño que vive con amor, aprende a amar”.


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Publicado en Aporrea.org el 18/06/06
http://www.aporrea.org/ideologia/a22811.html

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Acostumbrado a trabajar bajo presión

Fernando Saldivia Najul
06 febrero 2006



Si usted amigo lector, está buscando trabajo en la empresa privada, preocúpese. En los diarios y en la Internet puede encontrar infinidad de ofertas de trabajo, pero no le va a ser nada fácil conseguir un trabajo decente, tal cual lo define la Organización Internacional del Trabajo. Más bien abundan las ofertas de trabajo forzado. ¡No se asuste!. Lo que pasa es que a simple vista parece normal. Pero si abre bien los ojos, verá como con un sutil eufemismo se ha venido disfrazando por varios años, un requisito obligatorio para ser bienvenido en una empresa capitalista. Le van a exigir nada más y nada menos que usted esté «acostumbrado a trabajar bajo presión»

El capitalista da por sentado que los trabajadores están acostumbrados a ser esclavos. El cinismo en acción. En otros términos, esto significa que usted, si es aceptado, va estar sujeto a todo tipo de opresión, chantaje y humillación.

Pero no son todos. Hay empresarios más conscientes que, a cambio de la disponibilidad que usted debe tener para que lo exploten descaradamente, le ofrecen un «excelente ambiente de trabajo» O sea, algo así como recorrer el calvario con música de fondo.

Esta forma de explotación engañosa, que tiene muchos años operando en Venezuela, se perfeccionó con la globalización de capitales. Desde hace tiempo que los métodos propios de explotación de las transnacionales, son copiados por la oligarquía y la burguesía criolla. Pero es más recientemente, a principios de los años 90, cuando aparece el mundo unipolar, que los criollos adoptan definitivamente este famoso y deplorable requisito laboral: «Ability to work under pressure»

Lo que comenzó con la esclavitud, luego con la servidumbre, y posteriormente con el capitalismo, terminó como un requisito formal para optar por un empleo. El trabajador tiene que producir con urgencia. Pero no se trata de la emergencia en los hospitales, la de los bomberos, la de la policía, o la de una avería de algún servicio público. No. Cualquier trabajador al servicio del capitalismo neoliberal y salvaje ahora tiene que trabajar en emergencia y en horas extraordinarias casi permanentes. Es una injusticia que se hizo costumbre.

Esta modalidad les ha dado tan buenos resultados, que han llegado a convencer a algunos trabajadores para que digan que ellos se sienten bien trabajando bajo presión. Uno los escucha: “yo trabajo mejor bajo presión”, o “a mí me gusta trabajar bajo presión”. Es como si dijeran: “yo trabajo mejor de esclavo”, o “me gustar ser esclavo”. Claro, de tanto leer libros de autoayuda para manejar el estrés, algunos ya se lo creen. Incluso las empresas de recursos humanos dictan cursos para trabajar bajo presión. Son cursos para ser feliz sin dejar de ser esclavo. Después de varias horas de teoría y refrigerios, salen egresados como esclavos de primera. Listos para ponerse a prueba.

Después de siete años de democracia revolucionaria, la oligarquía y la burguesía criolla todavía hacen de las suyas. Aún cuentan con trabajadores incautos que de buena fe caen en las redes, y una vez dentro de ellas, lo inevitable: el acoso moral, la violencia psicológica. Otros trabajadores menos ingenuos pero igualmente necesitados, sienten el acoso desde el mismo momento que leen el aviso, pero no les queda otro camino que aceptar. Ya tiene varios hijos que mantener. ¡A sufrir el terror!

Si a usted amigo, se le ocurre aceptar uno de estos trabajos indecentes del capitalismo, el patrono lo consumirá por meses, años o quizá para toda la vida. No va a encontrar espacio para la creatividad, y mucho menos para el compañerismo. El patrono fomentará la explotación y la competencia desleal entre sus compañeros. Usted no tendrá compañeros verdaderos. Sólo estará acompañado de competidores igualmente oprimidos. En la pirámide, nadie se salva de la ansiedad. Ni el mismo patrono.

Usted va a escuchar a empleados diciendo con ingenuidad, que “tienen que dar látigo” a otros empleados. Sin saberlo, enarbolan prácticas opresivas que se suponen superadas. También le va a tocar escuchar algunas palabras de ánimo como: ”estamos atrasados”, o “esto es urgente”. Como si se estuviera ejecutando una obra para el bien de la comunidad. Pero no es así. En el fondo, la urgencia casi siempre se refiere a la premura que tiene el empresario de concentrar dinero y poder. Nunca se trata de la urgencia que tienen los trabajadores de sentirse bien durante la jornada de trabajo. El bienestar de los trabajadores nunca es de inmediata obligación.

Si fuera urgente el trabajo que hacen los trabajadores en la empresa privada, estos falsos inversionistas no hubiesen dejado que la nación perdiera 20.000 millones de dólares durante el sabotaje petrolero. Estos mismos ahora, con toda desfachatez, los vemos por la televisión y los diarios, retratados con el Presidente de la República recibiendo dinero. Nunca invierten sus capitales. Nunca arriesgan. Es la oligarquía parásita.

Arriesgan solamente los trabajadores. El trabajador ya no trabaja por jornada o por tarea. Al trabajador lo fuerzan a entregar productos en tiempos limitados, mientras que el patrono le paga lo mismo por la jornada diaria. ¡Qué fácil! ¡El patrono traslada los riesgos al trabajador! Es decir, el trabajador es acosado psicológicamente para que cumpla metas arbitrarias de trabajo, y luego se le recompensa solamente con un salario estipulado por unidad de tiempo. De esta forma el empresario, con una mala gerencia, no arriesga, y se enriquece a costilla del recurso humano.

Si esta es la manera de valorar a los incluidos, como simples recursos humanos consumibles y desechables, ¿qué precio tendrán los excluidos? ¿Qué entenderán los capitalistas por democracia?

No lo sé. Pero el socialista sí entiende que con violencia laboral no hay democracia. El socialista tiene que rechazar una globalización que se asienta sobre un sistema de relaciones laborales perversas y desiguales. Tenemos que asumir el tema de la violencia laboral como un problema de salud pública que debe ser erradicado. Tenemos que trabajar para transformar esa realidad.

El trabajo no puede ser un castigo. El trabajo tiene que ser gratificante. Tiene que proporcionar satisfacción por sí mismo. El trabajo en equipo, solidario y amistoso produce más felicidad para todos. Para trabajadores y patronos. No se puede medir la eficiencia de una empresa en términos netamente materiales. No hay por qué sacrificarse cinco o seis días de la semana, para disfrutar sólo uno o dos. Esto es ineficiencia. Con un poco de sensatez podemos disfrutar todos, tanto trabajadores como patronos, todos los días de la semana.

La explotación del hombre por el hombre humilla a los explotados y degrada la condición humana de los explotadores. Es sólo en el socialismo y el comunismo, que vamos a liberarnos de todas las formas de explotación: esclavitud, servidumbre y capitalismo, para alcanzar finalmente la entera dignidad del ser humano.

Termino con un llamado a los camaradas revolucionarios, para que no permitamos de ninguna manera, que las miserias del capitalismo se reproduzcan en nuestras recién fundadas cooperativas.

Un saludo solidario a todos los trabajadores del mundo.


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Publicado en Aporrea.org el 06/02/06 
http://www.aporrea.org/dameletra.php?docid=19342

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La oligarquía desprecia a la mujer

Fernando Saldivia Najul
28 enero 2006


Cada vez que me arriesgo a saltar de un canal del Estado a un canal de la oligarquía, la indignación y el estrés son tales, que el control del televisor se dispara solo y vuelve a su posición de descanso. No es para menos. Cuando no aparece una telenovela vulgar, es porque están pasando una batalla entre sexos. Y cuando no es un noticiero sensacionalista, es pornografía o una publicidad de prostitución. ¡Que manera de despreciar a la mujer!

¿Por qué ese empeño en rebajar a la mujer? ¿Despreciar a la mujer no significa degradarnos todos?¿Qué pensarán las hermanas, las esposas, y las hijas de los oligarcas? ¿Y que pensarán las doñitas cuando ven la telebasura que dirigen sus hijitos? Me niego a creer que ellas comparten esos valores degradantes de su propia condición de mujer. ¡Que bueno sería que le dieran un buen jalón de orejas semanal a sus monstricos! Así nos ayudarían a rescatar al menos un poquito la humanidad de la mujer que han pisado por siglos.

Pero que va. El camino es largo. Como larga es la historia de la mujer en su lucha por su libertad. Primero, que si no tenía alma y por eso teníamos que esclavizarla. Luego, que si no sentía y por eso no podía escoger libremente a su pareja. Después, que si no era inteligente, por lo tanto no podía ir a la universidad. Hasta que por fin, después de muchas batallas, las mujeres sí tienen alma, sí tienen sentimientos y sí son más inteligentes que muchos machitos oligarcas. Basta echarse un recorrido por los espacios del VI Foro Social Mundial, aquí en Caracas, y ver con regocijo la multitud de mujeres estudiantes de todo el mundo. Jóvenes que debaten con entusiasmo la transformación necesaria del mundo que los capitalistas se afanan por destruir. ¡Muy buena la lección muchachas!

Estos eventos internacionales nos animan a seguir la campaña contra la opresión. El enemigo es el patriarcado y la oligarquía. O mejor dicho, es contra el machismo y el capitalismo. Ambas son formas de opresión más o menos iguales. Oprimen la humanidad del hombre, y en mayor grado, la de la mujer.

La discriminación de la mujer se la han atribuido algunas veces al sistema político. Otras veces al sistema económico. Y otras veces ven su origen en el patriarcado. Lo cierto es que el patriarcado es anterior al capitalismo. El capitalismo heredó sus patrones, los adaptó a su imagen y semejanza, y los convirtió en algo útil y necesario para su régimen de opresión social.

Lo anterior se puede ver bien ilustrado en las pantallas de televisión. La mujer en la televisión de mercado, es presentada principalmente como un adorno, un objeto de placer, una mercancía. También se le muestra simplemente como una consumidora boba. No sé cuál de estos roles la degrada más. Lo que sí queda claro es que no dan chance para que las usuarias adolescentes se desarrollen como personas humanas.

En el ambiente veo claramente dos formas de opresión de la mujer. Por un lado, cada vez menos, está la prostitución de algunas mujeres excluidas que aún no se incorporan a las misiones, pero que están por hacerlo. Pero, por otro lado, están las jóvenes que lo hacen para satisfacer necesidades creadas por la programación que producen estos monstricos de la oligarquía. Aquí hablamos de la prostitución sutil, encubierta. Es la prostitución de las alienadas. Y no son pocas. ¿O es que acaso no es prostitución cuando una joven ofrece su compañía a cambio de gustos y comodidades que ve en la televisión?

Con esta forma perversa de la oligarquía de valorar a las adolescentes, es bueno preguntarse: ¿dónde queda el derecho de la mujer a escoger libremente a su pareja sin el acoso alienante de las cuñas y las telenovelas? ¿Dónde quedan el encuentro y la compañía espontánea entre los jóvenes?

Es obvio que la televisión de la oligarquía viola constantemente los derechos humanos. Otra muestra de ello lo podemos apreciar cuando inescrupulosamente inducen a las adolescentes al uso de la cirugía estética. Las llaman a agredir sus cuerpos y rehacerlos según patrones importados para satisfacer los deseos del hombre igualmente alienado. La situación se agrava más aún, cuando la mujer no sabe que está alienada. En su ignorancia, la televisión las hace esclava del cuerpo, esclava de la tecnología, esclava del prestigio, y por supuesto, esclava del hombre.

Amigas y amigos, a los medios hay que darles un uso más justo. Ya es tiempo de que pasen a manos de la sociedad. La oligarquía ya alienó a dos o tres generaciones de adolescentes venezolanas. ¡Ya es suficiente! Como usuario me veo obligado a censurarlos. Ellos están utilizando un espacio radioeléctrico de dominio público. Por lo tanto, son prestadores de un servicio que debe contribuir con la formación humanística de los ciudadanos. Y por supuesto, esto pasa por la creación de conciencia contra la desigualdad de género.

Para terminar, camaradas, la lucha por el rescate de la dignidad de la mujer, es de todos. De mujeres y hombres. No se puede ser de izquierda y ser machista al mismo tiempo. La lucha no es solamente por la igualdad de los hombres. Estamos hablando de la otra mitad de la población que ha sido vilipendiada y segregada por los machitos y los oligarcas. Se trata de nuestras madres, nuestras hermanas y nuestras hijas, así como también de las madres, hermanas, e hijas de nuestros hermanos venezolanos.

Otro mundo es necesario.

Con las mujeres del VI Foro Social Mundial, es posible.


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Publicado en Aporrea.org el 28/01/06
http://www.aporrea.org/dameletra.php?docid=19148

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¿Dignidad o terror cardenalicio?

Fernando Saldivia Najul
18 enero 2006


No creo que los jerarcas de la iglesia católica que conspiran contra el pueblo, solamente estaban esperando que la feligresía escuchara con atención sumisa, las palabras de terror que pronunció la “Dignidad Cardenalicia” durante la misa de la Divina Pastora.

En esto yo soy más pesimista. El terrorismo de las transnacionales tiene muchos caras, y muchos tentáculos. Pienso que son actos bien planificados para crear zozobra, pánico, provocación y alteración del orden público. Y después de algunas bajas, ahora sí, los canales de la TV transnacional le darían la vuelta al mundo: “Los Comunistas están persiguiendo a la Iglesia”... y “la Pastora está llorando”.

Pero el plan les falló. Y cuando escucharon el clamor del pueblo pidiendo misa, sencillamente lo silenciaron igual que lo hacen en cada derrota.

Ahora entiendo, después de tantos escándalos de jerarcas de la iglesia desde el golpe de Estado a esta parte, por qué ya no hay dignidades, y por qué ahora solamente hay indignos e indignados.

Claro, es la miseria humana contra la dignidad humana.

Pero, a los venezolanos ya no nos impresionan espacios solemnes, ni atuendos, ni ademanes, ni dignidades de ninguna naturaleza. Y mucho menos de quienes, en otros tiempos históricos, no las hubiesen podido defender por su descarada conducta inmoral.

Menos mal que ahora, el carácter sagrado que antiguamente se daba cuando se confería dignidad a la aristocracia, o a la alta jerarquía de la iglesia, ya no tiene ninguna validez racional ni moral en nuestra sociedad de iguales.

Ahora la dignidad no es personal, sino que pertenece a todo ser humano como tal. Su origen no es el Estado, ni las leyes, ni títulos, sino la propia naturaleza o dignidad de la persona humana. Más aun, de la dignidad humana ya no se deriva un deber, como antes, sino que de ella se deriva el derecho de cada ciudadano frente a la comunidad.

Sin embargo, como lo vimos el pasado sábado en el acto de Barquisimeto, hay quienes con prepotencia, se niegan a abandonar el carácter elitista de la dignidad.

Señores de la alta jerarquía de la iglesia católica: ¡Humildad! ¡Humildad!... La dignidad ahora es de todos. Es intocable. No la mancillen con su mala conducta.

Sigan el ejemplo del Presidente de la República, que todos los días en sus discursos enciende en los venezolanos el sentido de la dignidad humana, y promueve el debido respeto a los derechos humanos inherentes a ella.

Sigan el ejemplo del pueblo venezolano, que ya elevó la «Dignidad Popular» a un nivel superior.

Sigan el ejemplo de los pobres de espíritu, que se han desprendido de los bienes y honores mundanos.

Y nosotros, sigamos... buscando darle a la patria, caminos de dignidad.


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Publicado en Aporrea.org el 18/01/06
http://www.aporrea.org/dameletra.php?docid=18960

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Con el perdón de los chimpancés

Fernando Saldivia Najul
09 enero 2006


Con el firme propósito de crear conciencia, esta vez un poco por la vía del humor, me voy a atrever a hacer algunas reflexiones sobre el comportamiento de los llamados traidores, oportunistas, lacayos, cipayos, corruptos e inmorales en general. O mejor, para no herir a nadie, como les dicen los científicos: reaccionarios, conservadores y reformistas.

Antes, revisemos un poco los estudios de psicología moral más ampliamente aceptados. Estos nos dicen, en pocas palabras, que la moral en cada individuo se desarrolla en la medida que va creciendo, y va adquiriendo conocimientos producto de su relación con el medio que lo rodea. Así, el individuo progresa por diferentes estadios de juicio moral. Son seis en total:

Estadio 1, el castigo y obediencia; Estadio 2, el propósito y el intercambio individualista; Estadio 3, expectativas interpersonales mutuas; Estadio 4, ley y orden; Estadio 5, contrato social y derechos previos; y el Estadio 6, principios éticos universales.

Sin embargo, muy pocas personas alcanzan los estadios 5 y 6. La gran mayoría evoluciona hasta los estadios 3 y 4, del nivel medio convencional. También nos recuerdan, por otro lado, que el juicio moral de las personas no siempre coincide con su conducta moral.

Pues bien. Ubicando a los personajes en cuestión, en la escala anterior, podemos apreciar por encimita, que si éstas personas que las vemos por todas partes, ostentando poder y lujo, se sometieran a una prueba psicológica, lo más probable es que se pasearían entre los estadios 1 y 2. Y a duras penas, los que tienen un poquito de vergüenza, alcanzarían el estadio 3 de conciencia.

¿Qué le pasa a esta gente? ¿Es tanto el malestar que sienten por el pago de la deuda social? ¿Será que sus autoestimas tienen necesariamente que alimentarlas y reforzarlas dentro de una obscena sociedad de clases? ¿O se trata de complejos de inferioridad que no les permiten vivir en una sociedad de iguales, y por esta penosa debilidad tendríamos que apiadarnos de ellos?

Bueno, como sea, no todo está perdido. Estudios realizados con sociedades de chimpancés en su propio hábitat, han arrojado resultados sorprendentes en materia de socialización. A tal punto que, algunos científicos norteamericanos proponen elevar a estas especies hasta la orden de homínidos. De hecho, también se ha detectado una zona en el cerebro que condiciona la moral de los hombres, cuyas características compartimos con estos antropoides.

Si esto es así, yo voy más allá. Todos hemos podido observar a través de documentales por televisión, que los bonobos, chimpancés pigmeos, viven en una sociedad pacífica y altruista. Entonces, les propongo ubicar a esta especie, en el estadio 4 de nuestra escala. ¿Y porqué no?

Claro. Además, con el perdón de los chimpancés por la comparación, ¿no están los enemigos de la revolución más cerca de allá que de acá? ¿No estamos siendo injustos con los primos? ¿No los estamos discriminando? ¿Y si hacemos un cambalache?

Creo, por mi parte, que en el futuro, si la humanidad no se depura de estos individuos, tendremos que darles la ciudadanía a nuestros primos, con cédula de identidad y todo. De esta manera, nos ayudarían a superar los obstáculos del socialismo del siglo XXI.

Por ahora, siendo optimistas, todavía podemos apelar a la creación de conciencia. Si les damos crédito a los especialistas en este campo, el estado de conciencia íntima se puede enseñar, incentivar y fomentar con campañas de concientización, pero sin descanso. O sea, crear conciencia social para ayudarlos a subir de los estadios 1, 2 y 3 a los estadios 4, 5 y 6. Esto implica, más VTVs, más VIVEs, y más APORREAs.

Con mucho optimismo pienso que con cien años de campañas, estos personajes, de ayer y de hoy, podrían entender, por ejemplo, que una sociedad de clases como la nuestra es más vulnerable a una invasión de tropas extranjeras que una sociedad de iguales. Y si no, que se lo pregunten a los noruegos, que saben más de eso.

Para terminar, me dirijo a los que no han podido alcanzar ni siquiera el primer estadio de convivencia, el estadio 4: ¡Señores! Tenemos que entender a la humanidad como un todo. Con todas sus relaciones de causa y efecto. Somos parte de algo y no una miríada de soledades donde cada uno debe luchar contra el otro. Si no se esfuerzan a tiempo para entenderlo, me temo que será el mismo pueblo que los arrojará al pozo de los gigantes.

Nuevamente, mis disculpas a los primos.


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Publicado en Aporrea.org el 09/01/06
http://www.aporrea.org/dameletra.php?docid=18821

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