Mario Silva y los revolucionarios a 130 dólares el barril

Fernando Saldivia Najul
04 octubre 2016


En el programa La Hojilla del sábado, Mario Silva nos llama a preguntarnos por qué la derecha tiene credibilidad en algunos sectores. En varios programas ha puesto como ejemplo el caso de personas damnificadas a quienes se les entregó una vivienda y luego rechazaron a otras personas damnificadas que venían a convivir en el mismo conjunto residencial. También nos recuerda que el discurso de la derecha ataca nuestras debilidades: “Ser revolucionario a 130 dólares el barril, no es lo mismo a ser revolucionario con 40 dólares el barril de petróleo”. Finalmente, coincide con Álvaro García Linera, en la necesidad de hacer una profunda revolución cultural que transforme al individuo.

Mario, los reformistas y escuálidos son la gran mayoría en el Estado, por no decir casi todos. Entre el 80%  y 90% de las maestras y maestros son contrarrevolucionarios. Muchas racistas y endorracistas. Si uno toma el ascensor del Ministerio del Poder Popular para la Educación y gritas “Viva Chávez”, te caen encima, y si sales vivo corres con suerte.

Jesús Chucho García siempre insiste en la necesidad de una pedagogía cimarrona. Recientemente escribió: “Hablamos de una pedagogía cimarrona, no de una pedagogía en abstracto con signos aún racistas y discriminatorios existentes tanto en las Canaimitas, Colección Bicentenaria y textos escolares donde no se llega ni al 0,5% de contenidos afro, pese a los artículos establecidos en la Ley de Educación del 2009”.

La derecha ataca nuestras debilidades, dices. Es verdad. Exacerba el racismo y el endorracismo, nos baja la autoestima, y difunde la ideología del ascenso social, conforme a la escala de valores burgueses, y por supuesto, con un carácter racial. Mientras ellos hablan de estratos económicos, de movilidad social, nosotros tenemos que hablar de clases sociales, de lucha de clases, de liberación. Pero a veces nosotros mismos podríamos reproducir la ideología del ascenso social sin darnos cuenta Mario.

En el programa del sábado reflexionabas lo siguiente: “¿Por qué nosotros no entendemos que en el momento que estamos bien, no es para pisotear a los que deberíamos seguir ayudando para que suban al nivel que yo tengo?”.

Entiendo lo que quieres expresar, te refieres a la satisfacción de las necesidades básicas. Pero también pudiera confundirse con la ideología del ascenso social. No podemos olvidar la guerra simbólica. Porque si hablamos de “subir de nivel”, quienes ya tienen vivienda luego quieren comprarse una camioneta 4x4 para subir de nivel como ya lo hicieron muchos funcionarios públicos camisas rojas, algunos incluso que habitan en los urbanismos de la GMVV. O subir al nivel que tiene, como por ejemplo, el propietario de Siragón, el burgués Passam Yusef, que recientemente entrevistó VTV, nada menos y nada más que en el estreno del programa In Situ, montado en el asiento trasero de un vehículo de lujo, como todo un magnate, como una persona exitosa y ejemplo a seguir en la transición hacia el socialismo.

Nosotros desde que somos niños y niñas estamos compitiendo para distinguirnos conforme a una escala de valores impuesta por la clase de propietarios. La clase dominante nos baja la autoestima para que seamos presa fácil de la ideología del ascenso social, necesaria para borrar la lucha de clases. Mensajes ideológicos como “Tienes que estudiar para que seas alguien en la vida”, o “Fulanito sacó mejores notas que tú, ¿no te da pena?”, todavía los podemos escuchar de la boca de madres y padres inconcientes del daño que le hacen a sus hijas e hijos

Las personas trabajadoras que rechazan a otros trabajadores para ascender, aunque tengan las necesidades materiales básicas satisfechas, lo hacen porque no se sienten bien, no son felices. Y no son felices porque no tienen un trabajo liberador, no se sienten útiles a la comunidad, no crean, no luchan juntos para liberarse del dominador, sino que luchan entre miembros de su misma clase para ascender materialmente y consumir para aumentar un poco la falsa autoestima pareciéndose, aunque sea en algo, al dominador que les bajó la autoestima.

Sufren de vergüenza de clase, de vergüenza étnica, de endorracismo. Estas personas que tienen la autoestima baja creen en la derecha porque la derecha es garantía de la exclusión de la mayoría para que una pequeña minoría ascienda materialmente por encima de lo básico. Y es desde aquí dónde se alimenta la ilusión de ser parte de esa pequeña minoría que va a aumentar su capacidad de consumo y estatus con un gobierno de derecha. Después viene el lloriqueo.

Ya el gobierno de izquierda les garantizó sus derechos humanos, pero ahora con el barril de petróleo a 40 dólares, la guerra de las colas impuesta por los empresarios y la derecha para tumbar al gobierno de izquierda, y el afán del gobierno para darle continuidad a la inversión social, los que Mario llama revolucionarios a 130 dólares el barril no solo perdieron capacidad para adquirir los productos básicos en el mercado, sino que se les hace cuesta arriba “ascender”. Ahora le toca al gobierno de derecha parar la guerra de las colas, quitarnos el castigo, y garantizarles un estatus para no ser más del montón, para distinguirse de sus hermanos de clase, y eso se logra con la exclusión, frenando la inversión social.

Mario, lo primero que hace una familia que se muda para un edificio de la GMVV, es montar una antena de DirecTV. Muy triste. Cuánto duele ver a una niña negra, afrodescendiente, indígena o mestiza abrazando a una muñeca Barbie de piel blanca, cabello amarillo y ojos azules que le compró su mamá. Cuánto duele ver a una niña de piel oscura luciendo una franela con la estampa de la actriz Martina Stoessel, la protagonista “exitosa” de piel blanca de la serie racista de Disney Channel, Violetta, que trasmite la Televisora Social TVES. Lo que Alba TV logra en un día, lo destruye TVES al día siguiente. Saludos solidarios.


Publicado en Aporrea.org el 04/10/16

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Roy Chaderton, creo que TVES la dirige Winston Vallenilla

Fernando Saldivia Najul
18 septiembre 2016


Recientemente el diplomático Roy Chaderton cuestionó el proyecto de difusión de la música venezolana que se lleva a cabo desde la Televisora Venezolana Social TVES, sin nombrarla. En este sentido, también criticó que en los 90 años de Fidel le hayamos encasquetado en la tarima del Teatro Karl Marx de La Habana una gentarada de Corazón Llanero como si fuera lo único representativo de la cultura venezolana.

Roy, no olvides que TVES la dirige Winston Vallenilla y Roberto Mesutti, formados ambos por la burguesía cuando fueron empleados por muchos años en televisoras capitalistas al servicio del imperialismo. Hasta ahora ellos han contado con todo el apoyo y la aprobación de su gestión por parte de Nicolás. Incluso hay quienes afirman que tienen tanto o más poder que los ministros para la cultura. Esta contradicción de la revolución ha sido debatida ampliamente en Aporrea.org por camaradas preocupados por los nuevos contenidos de TVES. Te invito a leerlos.

Como todavía vivimos en una sociedad de clases, considero que este análisis no puede dejar a un lado el papel que juega la política cultural en la lucha de clases desde que nos invadieron los genocidas españoles. Luego de exterminar al 90% de los habitantes que encontraron en este continente, los españoles se propusieron borrar la diversidad musical indígena imponiendo los ritmos musicales importados desde Europa. Lo propio hicieron con las tradiciones musicales que los africanos traían consigo, y toda manifestación artística de resistencia contra el yugo que los oprimía.

Más tarde, durante la República Oligarca la producción musical de las comunidades indígenas, negras y afrodescendientes fueron invisibilizadas por el proyecto de nación mestiza. La orden era blanquear la música para parecernos más a los europeos. Teníamos que des-indianizarnos y des-africanizarnos. Ya estábamos colonizados mentalmente. La dominación no terminaba con la Guerra de Independencia. Fue así como se impuso la música llanera como la más representativa del mestizaje en Venezuela, pero despojándola en lo posible de la influencia indígena y africana, y vaciada de su contenido insurgente.

El imperialismo necesita borrar la diversidad cultural para desarraigar a los pueblos, manipularlos y saquear sus riquezas. No es casualidad que la diversidad musical de México la hayan reducido a las rancheras, así como el tango en Argentina, y la zamba en Brasil, con el cuento de construir una supuesta identidad nacional. Construir un nacionalismo que solo sirve a los intereses de la oligarquía latinoamericana y el imperialismo.

Compatriota Chaderton, Winston Vallenilla y su equipo de trabajo solo hacen lo que aprendieron en los medios de comunicación de la burguesía. Conciente o inconcientemente reproducen los valores que sirven a los intereses del orden establecido. Saludos.


Publicado en Aporrea.org el 18/09/16

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