Jorge Saldivia Gil

Secretario General del Partido Comunista de Venezuela PCV en 1937
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Autor:
JULIO ÁLVAREZ C.


VIDA Y OBRA DE
JORGE SALDIVIA GIL

Jorge Saldivia Gil

Editorial Momento. Barquisimeto. Noviembre 1942
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DEDICATORIA

a doña Isabel Gil de Saldivia,
a la señora Arminda Saldivia Gil de Saldivia,
 y a Félix Saldivia Gil.

EL AUTOR
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PRELIMINAR

Inauguramos con la presente Edición una serie de publicaciones de índole popular, patrocinadas por la Editorial “Momento”. Con ello perseguimos como fórmula inmediata, colocar al alcance económico e intelectual de las masas trabajadoras diversos tópicos, no solo de actualidad y trascendencia, sino asimismo de valorable interés en la capacitación económica, cultural y política de las mayorías obreras, para las grandes jornadas que ellas diariamente y cada vez con mayor sentido de responsabilidad y superación, libran en el desenvolvimiento social e histórico de nuestros pueblos.

Con este fin y a raíz de cumplirse el Cuarto Aniversario de la muerte de Jorge Saldivia Gil, infatigable luchador a quien la muerte sorprendió en primera línea combatiendo por las reivindicaciones del pueblo, hemos sus compañeros de causa, tributar este sencillo homenaje a su memoria que no solo hoy, sino ayer y siempre, estará en el corazón de los trabajadores venezolanos, a quienes él sirvió con lealtad y abnegación intachables, a lo largo de toda su noble y preciosa existencia.

Jorge Saldivia Gil murió de frente; firme, altivo y valiente, con la altivez, valentía y firmeza que comunican a todo humano las convicciones profundas y los sentimientos hondos por las causas justas.

He aquí, pues, la razón de “Vida y Obra de Jorge Saldivia Gil”, breve y apresurado ensayo con deficiencia en detalles, escrito por el compañero Julio Álvarez C., y que fue leído por el autor de este preliminar en el local central del Partido “Unión Popular”, como un homenaje recordatorio a quien constituyera uno de los más amados líderes del pueblo venezolano.

Las persecuciones características de la vida clandestina lo llevaron a la tumba; lo arrancaron de nuestro lado los enemigos del pueblo. Pero, Jorge Saldivia Gil vive en el pueblo y en nosotros; porque a él, si la muerte le arrebató su condición material de abnegado militante de las apretadas filas populares, lo hizo presente en el corazón de ellas, convertido en símbolo. 

LUIS F. SANCHEZ

Barquisimeto: Noviembre de 1942.

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Las fuerzas revolucionarias, democráticas, anti-nazi-fascistas y progresistas de Venezuela, han de encontrar siempre en el recuerdo de Jorge Saldivia Gil, una limpia bandera para la lucha por el engrandecimiento de Venezuela.
Pocos hombres tienen en el haber de su vida un balance tan fructífero en hechos inteligentes, en acendrado y profundo humanismo, en desinteresado amor por la libertad y la patria, que este pionero de la renovación venezolana a quien la muerte segara cuando más necesaria era su presencia en nuestras filas, cuando más precisara Venezuela de su abnegación y talento, cuando apenas tenía veintiséis años de existencia.
Nació Saldivia Gil en Humocaro Alto, Edo. Lara, el dos de enero de 1912.
Hizo sus primeras letras en su pueblo natal. Estudió primaria y secundaria entre las ciudades de Barquisimeto y El Tocuyo, recibiendo en este último el grado de Bachiller en Filosofía y Letras, dejando en todos los planteles, la bien merecida fama de ser entre los primeros, sino el mejor y más inteligente de sus compañeros.
En 1928, cuando el Gral. Gabaldón se alzara contra la tiranía gomecista, Saldivia Gil recibe la primera dosis de cárcel venezolana.
Acusado de ser autor de una carta anónima dirigida contra el cura que para aquella época tenía Humocaro, un tal Santa María de origen español, por los conceptos emitidos por éste en un sermón a favor de Gómez, mientras los ‘generales’ gomecistas quemaban pueblos, ranchos campesinos, grandes y pequeñas haciendas como represalia a la solidaridad que toda aquella región prestara al Gral. rebelde, el adolescente es traído preso a El Tocuyo, salvándose de los rigores del Castillo por la interposición de influencias de personas connotadas del Distrito Morán.
La obediencia y el amor a la madre, a quien adoraba, impiden que Saldivia viéndose en libertad salga a unirse a los escuálidos ejércitos de Gabaldón, pero lo que no obsta para que no forme activamente parte en los grupos anti-gomecistas que esperan el momento propicio para ayudar a la fracasada revolución “gabaldonera”.
Enviado por sus familiares en compañía de su hermano a cursar estudios universitarios a Francia, Saldivia estudia ingeniería cuya carrera culmina en 1934. Durante su permanencia en la “Ciudad Luz”, en la vida de Saldivia se opera el cambio que ha de convertirlo de soñador de “montoneras” en disciplinado militante de las líneas de avanzada de la revolución y en el líder consciente, estudioso, enérgico que ha de ser hasta su prematura muerte.
En Marx, Engels, Lenin, Stalin, etc., etc., bebe ardorosamente sólidos conocimientos socialistas y políticos en general. En los clásicos españoles y franceses, encuentra los suficientes materiales para curtir su espíritu de una sólida preparación que ha de  servirle de mucho en sus triunfales intervenciones en el campo de la oratoria.
Con el exacto conocimiento de que Gómez no es todo el problema venezolano, toma puesto activo al lado de Cleto González Méndez (poderosa inteligencia extinguida también prematuramente), Miguel Otero Silva, Gustavo Machado, Alfredo Conde Jahn, Rafael Vegas, Carlos Delgado Chalbaud, Juan Colmenares, Zérega Fombona y otros, en el Comité Pro-Presos Políticos de Venezuela.
Milita por otra parte en la U.L.A.E., Unión Latinoamericana de Estudiantes Antiimperialistas, en la “Fédération des Étudiants Français”, del Socorro Rojo Internacional y otras organizaciones revolucionarias, en las que se distingue por su gran capacidad de trabajo, la clara visión política que anima sus proposiciones, la facilidad oratoria que lo acompaña. Llega a Secretario General de la U.L.A.E., y cuando Henri Barbusse y otras figuras mundiales de luchadores convocan el Primer Congreso Mundial contra la Guerra y el Fascismo, Saldivia es escogido para representar su organización en tan histórico Congreso que se celebró en la ciudad de Ámsterdam (Holanda).
En los mitines antigomecistas de París, toma parte al lado de grandes figuras de la talla de Torres, el mejor abogado francés de los últimos tiempos, del físico Langevin, del biologista Prenant, de Francis Jourdan y de otras notables figuras de la Cultura Francesa.
Su popularidad en los círculos revolucionarios de la Colonia Latina se extiende y consolida cada vez más. En las polémicas suscitadas sobre el carácter de la Guerra del Chaco, el papel de la Liga de las Naciones y otros numerosos problemas debatidos, su nombre se asienta entre el de los más capaces, y la Colonia que, lo quiere y admira, ve con orgullo al compañero en quien todos reconocen grandes capacidades de dirigente y de tribuno.
En cierta ocasión en que el precursor del antiimperialismo en América, Manuel Ugarte, residenciado entonces en París, emitiera algunos errados y confusos conceptos entre comunismo y nazi-fascismo, Saldivia le sale al paso, polemiza con él y le pide urgentemente se defina. El maestro, que lo quiere y comprende, le contesta deseándole “llegue a la edad que él tiene fogoso y vertical como es en el presente”. La muerte impidió que los deseos de Manuel Ugarte se realizaran.
Su condición de militante revolucionario adscrito al partido del proletariado, lo obliga a ligarse estrechamente a los trabajadores, destacándose en seguida por las inmejorables condiciones de organizador que poseía. Los trabajadores españoles residenciados en París, lo tiene como a uno de los cuadros más competentes y audaces de sus organizaciones, y así lo vemos formando parte de una comisión de la U.G.T.U. que se entrevista con Herriot para solucionar un problema obrero. Leduc, obrero comunista francés asesinado hace un año por los nazi-fascistas y quien ocupaba el puesto de Responsable de la Organización de la Mano de Obra Extranjera ante su partido, decía de Saldivia Gil, que era uno de los dirigentes más capaces y de los oradores de mayor envergadura revolucionaria que había conocido. Hay que hacer constar, que Leduc era sumamente parco en alabar.
Terminado sus estudios, Saldivia no puede regresar a la Patria. Los “cónsules de Gómez” le odiaban con demasiadas razones, pues eran incontables los vapuleos que el joven ingeniero les había dado en sus discursos y escritos. Ante la negativa de que le visen el pasaporte para Venezuela viene a Trinidad donde conoce a Salvador de la Plaza; regresa a París y de allí va a radicarse a Barcelona de España.
La vida de Saldivia Gil en Barcelona de España transcurre en medio de miles dificultades económicas que en nada lo arredran. Allí se dedica con todas sus fuerzas a colaborar en la reorganización del proletariado catalán, muy maltrecho después de las célebres jornadas de octubre del año de 1934. No hay penalidad ni penuria que el “ingeniero revolucionario” no pruebe con la entereza y la abnegación que son de sus mejores virtudes, dejando huellas indelebles de un trabajo efectivo y fructífero, que interrumpe cuando a fines del año 35 muere Gómez y regresa a la Patria, no sin vencer junto con otros venezolanos inmensas dificultades para conseguir la visa consular. La presión ejercida por las masas en el sentido de obligar al Gobierno a abrir las puertas de Venezuela a todos los exiliados políticos le valió mucho en aquella oportunidad.
Pisando al fin tierra patria, Saldivia Gil se pone en seguida en movimiento para ayudar a la canalización política del pueblo venezolano. Se da durante un corto tiempo con todas sus fuerzas a la estructuración del Partido Republicano Progresista en la capital de la República, viniéndose luego a Barquisimeto donde fijó residencia y donde se hizo conocer de los venezolanos por la labor política y organizativa realizada en el pueblo larense.
Secretario General de la Seccional del P.R.P. en Lara, Saldivia Gil estuvo en cuanto movimiento político y sindical se presentara en su tierra natal. Los efectuados contra la Ley de Defensa Nacional, contra la Ley de Orden Público, los huelguísticos de trabajadores de la ciudad y del campo, el paro de telegrafistas etc., etc., tuvieron en Saldivia el más fogoso animador y el más consciente conductor. No hubo mitin ni Asamblea Pública de importancia donde su palabra orientadora faltara. En la campaña contra el sigalismo, Saldivia fue el más ardoroso de sus dirigentes.
Lara entero durante casi un año fue testigo de la vida y los azares políticos del joven conductor de masas. Su oratoria plena de riqueza metafórica a la vez que sencilla y didáctica, fue voz orientadora y fraternal en la solución de los más complicados problemas políticos. Su firma estuvo calzando los más enjundiosos artículos y las más recias polémicas con las fuerzas reaccionarias a todo lo largo del año treinta y seis y principios del treinta y siete, en todos los periódicos del Estado, pero preferentemente en el semanario “Revolución”, órgano que era del Comité Regional del P.R.P.
Durante el corto lapso de su estada en Lara, Saldivia Gil sembró con mano hábil e incansable el amor a la democracia y la libertad. Maestro de toda la juventud que lo rodeaba, supo dar sin mezquindades ni poses de ridículo y “yosismo” el caudal de sus conocimientos y experiencias, sabiendo siempre brindar el consejo oportuno, la insinuación necesaria, la indicación precisa, sin “sonrisitas de superioridad” como la que se acostumbran generalmente los más ignorantes.
Si Saldivia Gil fue el líder amado de las grandes capas progresistas del Estado, fue también el más odiado por la reacción sigalera-fascista. Innumerables fueron las amenazas contra el incorruptible e inamendrentable luchador democrático. El látigo de su palabra cayó siempre que fue necesario sobre las espaldas de sus enemigos, no solamente cuando estos estaban fuera del poder, como lo hicieron algunos oportunitas de aquella época, sino también y entonces con mayor fuerza, cuando la más negra reacción pro-fascista de Lara, se entronizó por primera vez en el Gobierno Regional. Sus discursos pronunciados en los últimos mitines permitidos en Lara por el Gobierno de Sigala y sus recios ataques escritos desde las columnas de “Revolución”, dan fe de esta gran verdad. El sigalismo probó aún en el poder y en propia carne, los golpes inmisericordes y de su verbo y su pluma.
Cuando López Contreras, aprovechando un período de descenso de las fuerzas democráticas venezolanas, se tira abiertamente a la represión, cerrando partidos y encarcelando dirigentes, Saldivia Gil no puede faltar entre los últimos. Preso por el Gobierno de Sigala es pasado a las mazmorras del Castillo Libertador junto a muchos otros apresados en todo el territorio de la República; y en la imposibilidad de conseguir que salga del país por su propia voluntad, es expulsado sin llenar siquiera los requisitos de ponerlo en decreto de expulsión. Otra vez a tierras extranjeras, porque la Patria no tiene sitio para los mejores de sus hijos. Otra vez al exilio, porque los trusts petroleros y la reacción pro-fascista no se sienten a sus anchas entre tanto “agitador asalariado de Moscú”. En las entrañas aceradas del “Flandre”, va un puñado de hombres cuyo único delito es amar al pueblo. Hacia el gran país azteca va el primer lote de nuestros exiliados. Puerto Páez, espera a los consecutivos. Es más económico y es necesario abrirle las puertas de una Presidencia de Estado a Antonio Esté.
En Panamá, es víctima de un atropello hecho contra todos los venezolanos expulsados y de tránsito por allí, por parte del Gobierno imperialista de Arosemena. Al fin llega a tierras mexicanas.
En México no permanece inactivo Saldivia Gil. Allí empieza a trabajar intensamente en compañía de sus coterráneos y otros asilados de diferentes países en la campaña de luchar desde todos los ángulos y todas las maneras, por la democracia de todos los países americanos donde no la hay. Allí se codea con revolucionarios de la talla de Jorge Vivó, Aníbal Ponce, Nicolás Guillén, el gran poeta de color, cubano, cuya fama es continental. Es con este último que Saldivia intima más.
Cuando se plantea el regreso clandestino a Venezuela para continuar la lucha desde el escondite, Saldivia Gil se siente absolutamente conforme al proyecto, y algún tiempo después es el primero de los expulsados que cruza subrepticiamente la frontera colombo-venezolana, expuesto a los mayores peligros, y rindiendo una jornada a pie de treinta y seis horas consecutivas.
A su paso por la capital de la República se detiene en Barquisimeto algunos días, que aprovecha para alentar y ayudar las desorganizadas fuerzas larenses. Ya en la capital y ocupando un alto puesto directivo del partido en que milita, Saldivia Gil desde la clandestinidad realiza provechosas e innumerables labores reorganizativas del movimiento popular venezolano. Durante algunos meses permanece en Caracas y el producto de su contribución en las tareas reorganizativas y de dirección política se hace sentir en seguida al través de un beneficioso reaccionar de masas. Saldivia Gil, es un magnífico colaborador en todas las fuerzas que luchaban por la estructuración del movimiento democrático entonces en descenso.
Hacia la ciudad de Maracaibo sale un día en cumplimiento de una directiva partidista. Manda a la sazón en el Zulia el Dr. José Encarnación Serrano, uno de los hombres que mayores perjuicios ha causado a la democracia venezolana. La mano dura del “Doctor llorón” como lo confirmara el pueblo maracucho, se hacía sentir con todo su rigor. Expulsiones de margariteños en masa del Estado. Prisiones a granel. Atropellos. Chanchullos electorales y políticos, era el programa de acción del Doctor Serrano. El terror estaba a la orden del día y las más incalificables mandonerías eran el pan cotidiano.
Importante papel le tocó jugar a Saldivia en pro de la destitución del “gran José Encarnación”. Su labor propagandística al través de una estación clandestina de radio, con innumerables peligros para su vida, era una de sus mejores y más efectivas tareas. Cronométricamente y burlando la más minuciosa persecución policial, la voz de Saldivia al través de las ondas hertzianas le llegaba a Serrano a manera de chorro de ácido prúsico; y al pueblo zuliano plena de consignas unitarias y en persecución de lograr la más estrecha unidad de todos los sectores progresistas zulianos en su lucha contra el serranismo. Duras fueron las pruebas, pero al fin positivos fueron los resultados. López Conteras, cediendo al final a la presión de todo un pueblo que pugnaba en todas las formas por librarse de la dictadura de la “orla” (que parece que es peor que la del machete rozador) representada en  Zulia por Serrano; para mediados de noviembre de 1938 lo sustituyó por el Dr. Manuel Maldonado.      
Ante tal acontecimiento el pueblo zuliano se echó valientemente a la calle y en pública manifestación salió en desfile hacia los muelles  para darle la bienvenida al nuevo mandatario y rubricar la condena que la opinión pública le había dado siempre a la política de Serrano. La imponencia popular del desfile y la ansiedad y alegría de todos los zulianos, produjo en Saldivia un incontenible deseo de dirigirse al pueblo cuyo contacto solo tenía al través de la estación clandestina, y olvidándose de su condición de hombre “ilegal” en su país y los peligros que representaba tal cosa, desde la tribuna improvisada de un capacete de automóvil, le dio a Maldonado la bienvenida en nombre del pueblo zuliano.
La multitud delirante premió con un aplauso cerrado el que debía ser el último discurso del líder popular; y manos del pueblo fueron las que rechazaron a los agentes investigadores que pretendieron prenderle. Manos del pueblo, de ese pueblo al que Saldivia Gil se había entregado con todo su corazón; con todas las fuerzas de su juventud promisoria y su vida fructífera en nobles acciones. Manos de ese pueblo que se las encallece armando cabrias, perforando las entrañas de la tierra para succionarle la sangre negra que alimenta la moderna industria, que mueve por aire, tierra y mar el transporte mundial, que surte a los tanques de guerra que luchan contra el fascismo y engrosa cada día los millones de los trust petroleros. Manos de ese pueblo, por cuyos intereses Saldivia Gil, le diera la espalda a las tentaciones de una vida muelle y acomodada que hubiera tenido si hubiese querido.
Ocho días después, una septicemia violenta ante cuya destructora acción fueron inútiles todos los esfuerzos de la ciencia médica y la abnegación de sus familiares y compañeros, debía extinguirse una vida preciosa para la causa del pueblo venezolano.
Una dolorosa y tremenda agonía fue el preludio de la hora final del que dedicara toda su vida a la sagrada causa de la liberación de los pueblos oprimidos. Los tremendos dolores producidos por el terrible mal, no pudieron en ningún instante hacer flaquear aquella voluntad de hierro. Hasta el último momento estuvo preocupado por las cuestiones concernientes a la marcha organizativa del pueblo zuliano. A media lengua, originado por la terrible inflamación de toda la cara, estuvo dando indicaciones, discutiendo con sus compañeros consignas inmediatas a seguir, recomendando, aprovechando los últimos momentos que le restaban de vida. Sonriente y firme en sus convicciones, vio acercarse la muerte, que había de culminar su obra el 21 de noviembre de 1938, rodeado de su madre, sus hermanos y sus leales compañeros. 

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Hoy, cuatro años después de la muerte de Jorge Saldivia Gil, cuatro años en que el hueco dejado en nuestras filas continúa existiendo, son muchas las consideraciones que se nos vienen a la mente. Pensamos en el importante papel que hoy jugaría en la labor de consolidar para la defensa de nuestra independencia y cumplimiento de nuestros sagrados compromisos internacionales, la unidad nacional y el acercamiento de todos los venezolanos sin distingos ideológicos, en la labor de asegurarle a la patria el máximum de seguridad. Pensamos en las efectivas tareas que realizaría en el ambiente de tolerancia y franco progreso que vive Venezuela de hoy. Pensamos en lo mucho que podría hoy hacer, aquel que venciendo obstáculos y dificultades de todas las especies, le dio al pueblo, a su pueblo, rendimientos promisorios traducidos en sabias y precisas directivas, de orden político, sindical y organizativo en general.
Al recordar al compañero muerto, al pretender volcar sobre estas líneas un bosquejo de su admirable existencia, pensamos con egoísmo revolucionario, en la valiosa colaboración que podría darle hoy al pueblo larense en esta etapa de resurgimiento del poder popular. Pensamos en lo mucho que él haría por la solución de los diversos problemas que hoy se le plantean a las grandes masas productoras de nuestra región; a esas mismas masas que lo supieron oír, que no se cansaron nunca de aplaudirlo y que en noble gesto de lealtad hacia él, le dieron el acta moral del “diputado  número uno del pueblo”, en las elecciones para diputados el año 36. Si la voz del pueblo hubiera sido oída entonces, la Corte Federal y de Casación hubiera tenido el trabajo de anularle un diputado más a la democracia.
Hoy cuatro años después de su muerte, ocurrida en primera trinchera luchando por el pueblo venezolano, por la democracia venezolana, por el proletariado venezolano, no podemos dejar de asociar su recuerdo a los que ayer en las puertas de Madrid y hoy en las de Stalingrado, saben “morir de pie” cumpliendo con sus deberes de hombres, de soldados de la revolución, de verdaderos patriotas. Pensamos en los muchos Saldivia Gil que caen dándole la cara y contribuyendo con sus vidas, con su sangre, a la derrota total de las bandas criminales de Hitler y sus cómplices.
Sea el recuerdo de la vida admirable de Jorge Saldivia Gil, ejemplo de acción para aquellos que amamos a Venezuela. Sea su recuerdo estímulo para todos los que trillamos la misma senda humanista que él supo recorrer con pie firme y lealtad inconmovible. Sea su recuerdo, bandera para multitudes, en cuyas manos está la clave del futuro y de la historia.

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Publicaciones Populares de Editorial  
MOMENTO
 
Editado en IMPRESIONES CLARIDAD. Barquisimeto. Venezuela.
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Más sobre Jorge Saldivia Gil...
 
Discurso de Jorge Saldivia Gil 
  Barquisimeto, 1936.


Grupo de venezolanos expulsados por el Gobierno de López Contreras a su llegada a la ciudad de México el 16 de abril de 1937.  
De pies de izquierda a derecha: I. Palacios, Gustavo Machado, L. Hernández Solis, Germán Herrera U., Gonzalo Barrios, Carlos A. León, M. Acosta Silva, Eduardo Recagno, S. Escuraina, G. Bracho Montiel, Jesús González C., Márques Cairós, José Briceño, C. Rovati. Sentados: Carlos Irazábal, Manuel Corao, Raúl Leoni, Salvador de La Plaza, Jóvito Villalba, Jorge Saldivia Gil, M. Martínez (madera), H. Portocarrero.
Fuente: Diario El Universal, 18 de febrero de 1974, pág. 1-13.
[Venezolanos de la Generación del 28]
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En 1939 Miguel Otero Silva dedica su primera novela Fiebre a su amigo y compañero de lucha Jorge Saldivia Gil. Novela donde decide narrar la gesta histórica en la que Miguel Otero Silva y otros jóvenes participaron en 1928 con el propósito de manifestar su oposición a la dictadura de Juan Vicente Gómez. 

A la memoria de Guillermo Prince Lara, uno de los más valientes y talentosos camaradas de 1928, muerto en la lucha.
 
A la memoria de Jorge Saldivia Gil, valioso dirigente popular surgido de las juventudes universitarias posteriores a 1928, caído en primera fila. 


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    JORGE SALDIVIA GIL
  (Roy” en la clandestinidad 1937-38)


Muerto de muerte pura,
envuelto en bandera roja
se durmió,
dejando herencia señera
—lealtad, hombría—
a su Partido


(Cuarenta años para olvidarte,
Roy, y ves que no te olvido)


  Eduardo Gallegos Mancera