Gente que come Perrarina



En diciembre de 1990 la revista Producto publicó un reportaje titulado “Gente que come Perrarina", y subtitulado "El alimento para perros sube sus ventas en el cerro”. Aquí se entrevista al dueño de un abasto en el barrio Los Erasos, ubicado en Caracas. El entrevistado afirma que las ventas de Perrarina han subido 50 por ciento. Luego se le pregunta de manera directa ante el mostrador: 
    — Los clientes le están comprando más Perrarina, ¿le constan que se la comen? 
Y responde: 
    — Lo que sé es que no tienen perros.



"Gente que come Perrarina", Revista Producto,
Caracas, diciembre 1990, Año 8, Nº 87, pág. 110.

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Ver también el artículo "Mata el hambre con comida de perros" en:
http://fernandosaldivia.blogspot.com/2011/12/mata-el-hambre-con-comida-de-perros.html 

¡Mata el hambre con comida de perros!

Fernando Saldivia Najul
22 diciembre 2011



En el año 1976, durante el primer mandato de Carlos Andrés Pérez, más del 70 por ciento de la población estaba subalimentada y el 55 por ciento de los niños venezolanos sufrían desnutrición. [1] Una década más tarde el racismo y la pobreza planificada continuaba siendo la política de los gobiernos de derecha. El hambre campeaba. En julio de 1988 el diario El Mundo publicó un artículo de Alicia Larralde titulado “¡Mata el hambre con comida de perros!”. [2] Para aquella época recuerdo que se hablaba de una pobreza que llegó a tal extremo que a las madres no les alcanzaba el dinero para comprar suficientes nutrientes, y desesperadas se vieron obligadas a darle a sus hijos comida preparada con perrarina. Para entonces Alicia Larralde no pudo ocultar lo que sabía:

«El lector se extrañará con este título pero es cierto que nuestro pueblo que se encuentra hambriento se alimenta en los barrios con “Perrarina” donde no hay nada que comer por la carestía de todos los artículos de primera necesidad. Allí solo existe hambre, dolor y abandono. En días pasados una mujer que trabaja por días en las casas vino a pedirme una ayuda para una vecina madre de 7 hijos y que el hombre la había abandonado. La madre desesperada de los niños recorrió muchos lugares pidiendo limosnas y fue muy poco lo que consiguió, en una arepera cerca de Petare le regalaron los sobrados del día anterior, y en una bodega le dieron un poco de pasta picada y una bolsa con “Perrarina”. La mujer montó una lata con todos estos desperdicios en su rancho donde los niños temblaban y lloraban de hambre y les hizo una sopa para que pudieran comer y dormir tranquilos envueltos en sus miserables harapos». [2]

En diciembre de 1990 la revista Producto publicó un reportaje titulado “Gente que come Perrarina”, y subtitulado “El alimento para perros sube sus ventas en el cerro”. [3] Aquí se entrevista al dueño de un abasto en el barrio Los Erasos, ubicado en Caracas. El entrevistado afirma que las ventas de Perrarina han subido 50 por ciento. Luego se le pregunta de manera directa ante el mostrador: 
    — Los clientes le están comprando más Perrarina, ¿le constan que se la comen? 
Y responde: 
    — Lo que sé es que no tienen perros. [3]

Más tarde, también en tiempos de la IV República, Earle Herrera en su libro “Caracas 9 mm: Valle de Balas” [4], después de citar el artículo de Alicia Larralde, también contó lo que sabía:

«Hay un hecho que nadie ha querido enfrentar. Decirlo duele y avergüenza. ¡Cállate, por favor, no lo digas!, es la expresión que nos ataja. Pero está allí, como un mordisco: en muchos hogares de nuestro país el sustento básico consiste en alimentos para animales, principalmente perrarina. Es la única forma de que todos los niños coman y la familia pueda sostenerse. El bodeguero la vende y no pregunta; él bien sabe que los perros del barrio, los que cantan su lóbrega canción en la honda tristeza de las noches, no comen perrarina. Pero no pregunta. Vende y cobra en silencio. Y la familia come en silencio. En un silencio que desde aquí abajo se siente y que, de vez en cuando, estalla en las páginas rojas de la prensa. Por ahora estalla así».

Y agrega:

«Me dijeron “no lo digas, no lo escribas”. Me señalaron dos cosas: le impedirán a los pobres comprar este alimento concentrado y es lo único que pueden comprar; no te lo agradecerán. Otra, los comerciantes, ante la demanda, le aumentarán los precios. La primera me hizo vacilar. La segunda no porque los comerciantes saben muy bien negociar con la miseria y no desconocen el destino de sus productos: es su negocio. Y, por lo demás, no escogí el periodismo para ocultar el envilecimiento humano». [4]

Puro racismo y exclusión planificada y ejecutada. Hasta que llegó el Comandante y mandó a parar. El mes pasado, Vanessa Davies entrevistó al presidente del Instituto Nacional de Estadísticas, Elías Eljuri, con relación a la reducción de la pobreza:

V.D.: El Presidente [Chávez] habla de la época en la que niñas y niños tenían que comer perrarina. ¿Ha sido superada?

E.E.: Claro que sí. Ha mejorado la alimentación de los venezolanos. Ha aumentado la ingestión de proteínas. Se incrementó la disponibilidad calórica. Ya no hay familias comiendo perrarina. [5]

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[1] “La pobreza en un país que vive como rico”, Fernando Saldivia Najul. Aporrea.org
http://www.aporrea.org/actualidad/a135266.html
http://fernandosaldivia.blogspot.com/2011/12/la-pobreza-en-un-pais-que-vive-como.html
[2] “¡Mata el hambre con comida de perros!”, Alicia Larralde. El Mundo, 23 de julio de 1988, pág. 4.
[3] "Gente que come Perrarina", revista Producto. Caracas, diciembre 1990, Año 8, Nº 87, pág. 110.

http://fernandosaldivia.blogspot.com/2011/12/gente-que-come-perrarina.html
[4] Caracas 9 mm: Valle de Balas, Earle Herrera. Alfadil Ediciones, 1993, Caracas, págs. 114 y 115.
[5] “Elías Eljuri: La Cepal avala cifras de reducción de pobreza en Venezuela”, Correo del Orinoco, 21 de noviembre de 2011. 

http://www.correodelorinoco.gob.ve/tema-dia/elias-eljuri-cepal-avala-cifras-reduccion-pobreza-venezuela/

Versión reducida de este artículo fue publicada en Aporrea.org el 22/12/11
http://www.aporrea.org/actualidad/a135763.html

Versión completa publicada en Aporrea.org el 29/08/14
http://www.aporrea.org/actualidad/a194066.html

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La pobreza en un país que vive como rico

Fernando Saldivia Najul
13 diciembre 2011



En agosto de 1976 cuando la clase media alienada se la pasaba viajando para Miami para hacer sus compras innecesarias, como lo hace ahora, el diario El Nacional publicó un resumen del estudio “Pobreza y marginalidad en Venezuela”, llevado a cabo bajo la Oficina Central de Coordinación y Planificación, (CORDIPLAN), y elaborado por un equipo de investigadores nacionales y extranjeros. [1]

El periodista de El Nacional tituló la nota así: “La pobreza en un país que vive como rico: más del 70 por ciento de los venezolanos vive en condiciones de subalimentación, revela un estudio preparado para Cordiplan. Casi una cuarta parte de los venezolanos son analfabetos.”

Los pocos mayameros que por casualidad alcanzaron a leer esto se hicieron la vista gorda: “si lo leí no me acuerdo”, y continuaron consumiendo sin remordimiento alguno. Por su lado, la burguesía parásita y especuladora se la pasaba comprando avionetas y yates, como lo hace ahora. Poco a poco fueron convirtiendo sus privilegios en derechos, que aún defienden con odio por Globovisión. Eran tiempos de la “Venezuela Saudita” durante el primer mandato de Carlos Andrés Pérez.

Hasta que se descubrió la gran mentira de la Venezuela Saudita. Dicho estudio permitió levantar un “Mapa de la pobreza” que lógicamente fue engavetado por el Consejo de Ministros, y que dio origen al libro La Miseria en Venezuela, de Michel Chossudovsky, editado en 1977. [2]

En aquella época, Michel Chossudovsky le pidió a Hector Silva Michelena que escribiera una pequeña presentación del libro, y así lo hizo. Al final de la presentación se puede leer:

“…este Informe no puede ver la luz pública, porque es como mostrar las propias lacras al desnudo, y porque es una molesta cuña en el mecanismo de creación y reproducción de falsa conciencia en nuestro pueblo.” [3]

Venezuela jamás había disfrutado de tanta abundancia de recursos líquidos como lo hizo en 1975. Venezuela era el país más rico de América Latina, con el más alto ingreso per cápita. Sin embargo, las conclusiones sobre nutrición demostraron que más del 70 por ciento de la población estaba subalimentada y el 55 por ciento de los niños venezolanos sufrían desnutrición, aún cuando la disponibilidad promedio de nutrientes en Venezuela era suficiente como para alimentar adecuadamente a la población. Es decir, mientras el 70 por ciento de los venezolanos estaba subalimentado, un grupo minoritario estaba sobrealimentado. Y con relación a la pobreza educacional se observó que el 23 por ciento y el 42 por ciento de la población eran, respectivamente, analfabetos y analfabetos funcionales.

Esta verdad era considerada por la burguesía y la clase política de entonces, como subversiva, y debía evitarse su amplia difusión, puesto que no tenían intenciones de cambiar la estrategia política del gobierno. Estrategia que consistía en asignar recursos financieros de acuerdo con las preferencias e intereses de las distintas facciones de la clase dominante. De hecho, varios ministros claves del gabinete económico eran representantes de grupos industriales y financieros.

Finalmente el Consejo de Ministros, como ya dijimos, acordó engavetar el proyecto. No quedaba otra.

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[1] “La pobreza en un país que vive como rico”, El Nacional, 7 de agosto de 1976, pág. D/5, y 8 de agosto de 1976, pág. D/4.
[2] “Michel Chossudovsky: EEUU atacará finanzas de Venezuela", Diario Últimas Noticias, 7 agosto 2007
http://www.aporrea.org/actualidad/n99162.html
[3] La miseria en Venezuela: Mapa de la pobreza en Venezuela, Michel Chossudovsky. Editado por Vadell Hermanos Editores. Valencia, 1977.


Publicado en Aporrea.org el 13/12/11

 http://www.aporrea.org/actualidad/a135266.html

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Desmantelamiento del Estado de Bienestar y venta de libros de autoayuda en Europa

Fernando Saldivia Najul
15 agosto 2011



No todos los europeos están luchando en las calles para frenar el progresivo desmantelamiento del Estado de Bienestar. También hay un sector de la población que cae en la tentación de consumir los libros de autoayuda que distribuye la industria cultural encargada de transmitir creencias y valores propios del capitalismo neoliberal, con el fin de mejorar la adaptación de las personas a los cambios. De hecho, como lo manifiesta el responsable del área literaria de no ficción de la Editorial Planeta, hace unos meses en España, a causa de la crisis económica se disparó la venta de libros de autoayuda. [1]

La industria cultural tiene necesariamente que promover el consumo de libros de autoayuda, actualizados con las preocupaciones del momento, porque se está desmantelando el Estado de Bienestar y profundizando las políticas neoliberales. Un Estado de Bienestar que alcanzó altos niveles de seguridad y bienestar material en la población, como un privilegio del que han gozado estos pueblos. Un privilegio, es bueno decirlo, que se ha sostenido gracias a la explotación de mano de obra barata, el genocidio y el saqueo de recursos naturales de los países periféricos, y que fue una estrategia de la clase dominante para evitar una revolución dentro de las propias fronteras de los países de origen de las transnacionales. Sin embargo, este privilegio se fue perdiendo progresivamente debido al debilitamiento de la izquierda tras la caída de la URSS. La burguesía se fortaleció y la ambición neoliberal se impuso. Hasta que entró en crisis. Ahora pretenden salvar el capitalismo con más neoliberalismo. El ya reducido Estado de Bienestar hay que terminar de desmantelarlo. Por lo tanto, la burguesía necesita poner a la población a leer más libros de autoayuda de lo acostumbrado.

Conceptualmente el Estado de Bienestar es un Estado encargado de asegurar pleno empleo, progreso económico, sistema de seguridad social, atención médica, educación y acceso a la vivienda mediante la redistribución de los impuestos y sus propias inversiones. Es decir, el riesgo que implica vivir en una sociedad salvaje se socializa y el Estado los neutraliza con programas de seguridad social. Sin embargo, como ya dijimos, en la práctica, el alto nivel de seguridad y bienestar material solo se alcanzó sobre la base de la sobreexplotación de los pueblos periféricos.

Esta seguridad y bienestar material de la que gozaron por un tiempo empezó a reducirse. El debilitamiento de la izquierda fue dando paso al neoliberalismo, y los ideólogos de la burguesía europea empezaron a criticar el Estado de Bienestar. Argumentaron que el Estado de Bienestar era muy improductivo comparado con la iniciativa privada, y además decían que el asistencialismo produce ciudadanos flojos, menos competitivos, e incapaces de autogobernarse. Por supuesto, todo esto atentaba contra la acumulación del capital de la clase dominante.

La política neoliberal privatiza progresivamente los servicios de salud, seguros, educación, seguridad, pensiones, etc., y cada uno tiene que ver como estira su salario para comprar estos bienes y servicios en el mercado, claro está, si es que tienes empleo. Es decir, venimos al mundo a enfrentar los riesgos de la economía de mercado, y esto genera riqueza, por supuesto, riqueza para la burguesía. Aquél que no logre sobrevivir es un perdedor, un fracasado, y lo peor, tiene la culpa de su fracaso.

Ahora el individuo tiene que hacerse cargo de sí mismo, de su propia seguridad física y psíquica, y tiene que comprarla en el mercado, claro, si tiene dinero para ello. Para ayudarlo un poco en su angustia, la burguesía le ofrece a bajos precios libros de autoayuda a través de la industria editorial de masas. Estos libros de autoayuda son una fuente de sugerencias para el ejercicio de la responsabilidad individual. Te enseñan como aliviar el dolor y el malestar de vivir dominado por la clase burguesa, y cumplen al mismo tiempo el objetivo de alimentar la competencia y el afán de superación personal sobre toda solidaridad de clase. Aquí vamos a encontrar textos sobre espiritualidad, psicología, empresa, relaciones interpersonales, filosofía, programación neurolingüística, inteligencia emocional, etc.

Las librerías están abarrotadas de estos libros y hay gente que se vuelve adicta y los compra de a dos y tres. Los producen en serie y en varias lenguas, porque el capitalismo es mundial, con cultura y pensamiento único. Hay autores que han escrito hasta 15 o más de estos manuales de autoayuda. Recogen las preocupaciones cotidianas de las personas y estas aparecen en los títulos de los libros. Actualmente los títulos sobre “cómo afrontar la crisis” son uno de los más atractivos en España.

El propósito de esta literatura es que las personas puedan desarrollar ciertas capacidades latentes, de que descubran el potencial oculto que tienen para lograr un cambio vital individual. Este discurso lo acompañan con consignas como: “querer es poder”, “tú puedes”, “solo tienes que creértelo”. O sea, que no necesitas la solidaridad de la sociedad, del Estado ni de nadie. No necesitas solidarizarte con los miembros de tu clase explotada. Tampoco te explican las causas sociales de tu infelicidad para que las ataques. Solo te dicen que sufres porque quieres, te dicen que eres infeliz porque no quieres ser feliz, te dicen que eres pesimista porque así lo decidiste, o simplemente porque le tienes miedo al éxito. Coño, termina uno sintiendose culpable de su desdicha.

De paso, para demostrar su tesis, le dan a uno ejemplos de personas exitosas que han salido de la pobreza o que han alcanzado sus objetivos enfrentando solos todas las adversidades y las injusticias del capitalismo únicamente con el factor optimismo, más nada. Brillante idea. Con esto le dan una patada a las leyes sociales descubiertas a lo largo de varios siglos de estudio sobre las desigualdades sociales. Qué bolas, tenemos diez mil años viviendo en una sociedad de clases donde la inmensa mayoría ha sido dominada y explotada por una pequeña minoría, y estos carajos nos dicen ahora que todos los explotados física y mentalmente en las distintas sociedades de clases no alcanzaron su bienestar individual porque eran unos pesimistas. Qué bolas. Y hay mucha gente que cae en esta trampa ideológica, que nos oculta al enemigo, y pasan años consumiendo esta literatura. Para ellos no existe ni clase dominante nacional ni imperialismo. Que eso forma parte del pasado. Cuando uno les pregunta sobre esto, dicen que el último imperio fue el Imperio romano. Que vaina, así no se puede.

En suma, estas editoriales, además de buscar la máxima ganancia, funcionan como mecanismo ideológico de distorsión de la realidad, y enseñan a las personas para que se adapten a las políticas neoliberales, con obediencia y conformidad.


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[1] http://www.lavanguardia.com/libros/20101026/54059431291/la-crisis-dispara-la-venta-de-libros-de-autoayuda.html

Publicado en Aporrea.org el 15/08/11
http://www.aporrea.org/internacionales/a128443.html

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Racismo y discurso del mestizaje en Venezuela

Fernando Saldivia Najul
06 agosto 2011



La eficacia del discurso del mestizaje en Venezuela la pude comprobar cuando un compañero de trabajo nacido en Barlovento, de piel morena, en medio de una conversación sobre el racismo en Venezuela, me dijo que aquí no había Negros porque ya todos estábamos mezclados. Inmediatamente reconocí el buen trabajo que hizo la burguesía con la ayuda de sus ideólogos y sus políticos para ocultar el racismo en Venezuela a través del discurso del mestizaje.

Cuando la ideología del racismo entró en contradicción con los ideales de libertad, igualdad y fraternidad del proyecto liberal, la burguesía se vio en la necesidad de ocultar la práctica del racismo con el discurso del mestizaje. Esta ideología ayudó a la burguesía a borrar la identidad de las etnias oprimidas porque supone la mezcla progresiva de todos los habitantes, y el porcentaje de personas que restaría por fundirse sería insignificante. Con este cuento desconocieron los derechos ancestrales de las comunidades indígenas, el protagonismo de los pueblos indígenas y Negros en la lucha por la libertad, y la deuda que la República tiene con ellos, nuestros hermanos. Una deuda que por supuesto es incompatible con el capitalismo. De esta manera se produjo el mito de la democracia racial, que irónicamente y por desgracia, tiene su origen en la violación sexual que practicaban los señores blancos a las mujeres Indias y Negras esclavizadas en tiempo de la colonia.

El invento de la ideología del racismo —la cual justificó y legitimó la esclavitud en la colonia—, la práctica del racismo, así como el posterior invento de la ideología del mestizaje que se impuso en Latinoamérica para ocultar el racismo, han sido y siguen siendo instrumentos muy eficaces de la clase dominante para dominar y facilitar la explotación.

Por un lado, la práctica del racismo ayuda a la burguesía a la exclusión y a dividir a la clase trabajadora. El racismo de exclusión opera para proteger los intereses económicos de la burguesía, y luego, esta misma burguesía, con todo el cinismo que la caracteriza, muestra los índices de pobreza y delincuencia de las comunidades excluidas y las señala como incapaces y responsables de su propia situación. El fenómeno del endorracismo y el proceso de blanqueamiento, consecuencia del racismo, alimenta la competencia, lo cual contribuye también a la división de la clase trabajadora.

Por otro lado, el discurso del mestizaje, el cual nos dice que vivimos en una sociedad mestiza, con muchos matices, y que a diferencia de la Venezuela colonial, ahora todos tenemos los mismos derechos y oportunidades para ascender, invita al individualismo y a la competencia, donde por supuesto al blanco siempre le va mejor que al Mestizo, al Negro y al Indio. Y le va mejor al blanco porque el racismo es una maldita realidad en Venezuela que se ha querido ocultar con el discurso del mestizaje. El discurso del mestizaje borra nuestras raíces étnicas y la diversidad cultural y de saberes, invisibilizando al mestizo como un ser sin raíces culturales propias, y lo conduce a vestirse de jeans y a comer hamburguesas, como parte de un proceso de asimilación a la cultura dominante. Además este discurso oculta que la burguesía blanca desprecia a los Indios, Negros venezolanos, Afrovenezolanos, Mestizos, y a sus culturas, y por esta razón, muchas veces en el pasado se distrajo la lucha contra la discriminación racial y étnica en Venezuela, la cual debe desarrollarse junto a la lucha de clases. De esta manera la ideología del mestizaje ayuda a que la burguesía conserve la supremacía como “raza”, cultura y clase.

El Proyecto “Imagen del Negro en la Venezuela de hoy”: Una Reflexión Metodológica [1], auspiciado por la Universidad Central de Venezuela, recogió entre los participantes del proyecto distintas expresiones narradas de prejuicio racial, a pesar de que existe una resistencia social a aceptar los prejuicios raciales que persisten al interior del extendido mestizaje de la población venezolana. Los participantes narraron experiencias en distintos espacios de las relaciones sociales tales como:

“Impiden acceso a discotecas, hoteles o restaurantes; discriminación laboral; verbalización despectiva y chistes raciales; rechazo ante el estereotipo físico; endorracismo familiar; cuestionamiento a parejas interraciales; acoso policial; imagen transmitida en medios de comunicación; y rechazo en el ambiente escolar”. [2]

Todo el mundo lo sabe. Basta con entrar a un salón de clases de una universidad pública controlada por la derecha para percibir la casi absoluta ausencia de estudiantes Negros. Basta con ver los medios de comunicación de la burguesía para percibir como discriminan a los artistas y periodistas Negros, y como invisibilizan a la persona Negra para reforzar el racismo en los televidentes, y mantener el orden establecido. En un proceso dialéctico, la ideología del racismo como parte de la superestructura de la sociedad, es soportada a su vez por una base económica con unas relaciones de producción y comercialización donde el blanco sigue siendo el patrón, el que tiene el control y da las órdenes. Es así como fácilmente se reproduce la práctica del racismo.[3]

La perpetuación del racismo en Venezuela no debe extrañarnos. Desde la Independencia la oligarquía criolla con sus ideólogos y los gobiernos a su servicio siempre han deseado y propiciado la inmigración de blancos europeos para blanquear a la población, y también a ellos mismos, porque en alguna medida ellos también se habían mezclado con Indios y Negros. Al mismo tiempo que atraían a los blancos para poblar el país, le ponían obstáculos a la inmigración voluntaria de Negros.

Para muestra dos botones. Es bueno recordar el discurso de los racistas Alberto Adriani y Arturo Uslar Pietri, promotores de la inmigración europea y del racismo en Venezuela:

Dice Alberto Adriani: “El peligro negro es el más grave y su solución es más difícil. Ya Venezuela tiene una población negra considerable que no es conveniente tratar como de raza inferior. (…) En nuestro país los negros han sido la materia prima, el elemento en el cual reclutaron sus ejércitos casi todas las revoluciones. Un aumento sensible de la población negra podría turbar el desarrollo normal de nuestras instituciones democráticas y de toda nuestra vida nacional, y sobre todo, comprometer gravemente nuestra unidad moral. (…) El ideal sería poseer una población blanca homogénea, lo cual es imposible, pues nuestro territorio contiene una gran proporción de indios y de negros. Podemos, sin embargo, con gran provecho nuestro, aumentar considerablemente el elemento blanco”.[4]

Dice Arturo Uslar Pietri: “El indio era aun mucho más incapaz de valorización que el español. Nunca tuvo ni capacidad ni resignación para el trabajo sistemático. Al hablar del indio las palabras pereza y vicio surgen constantemente de la pluma de los cronistas coloniales. La aparición del negro en América fue una consecuencia de la misma incapacidad del indio. El negro, por su parte, tampoco constituye un aporte que pueda beneficiar a la raza. La mezcla resultante no ha superado los componentes originales. Lo que pudiéramos llamar la raza venezolana actual es, en rasgos generales, tan incapaz de una concepción moderna y dinámica del trabajo y de la riqueza, como lo fueron sus ascendientes. (...) Esto quiere decir que si no modificamos grandemente la composición étnica de nuestra población será casi imposible variar el curso de nuestra historia y hacer de este país un Estado moderno”.[5]

Y pensar que estos tipos todavía son un referente intelectual y moral de primer orden para los escuálidos. Que miserables.


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[1] Ligia Montañez, Ligia M. Sánchez, José F. Salinas. Proyecto “Imagen del Negro en la Venezuela de hoy: Una Reflexión Metodológica”. Revista Interamericana de Psicología, 2003. Vol. 37, Num.1, pp. 31-49
http://www.psicorip.org/Resumos/PerP/RIP/RIP036a0/RIP03702.pdf
[2] Ibídem, p.45
[3] Fernando Saldivia Najul, Racismo en la televisión: “Negro no da rating”
http://www.aporrea.org/medios/a126835.html
[4] Alberto Adriani, Obras Escogidas: Venezuela y sus Problemas de la Inmigración, Noviembre, 1926. Biblioteca Ayacucho, Caracas,1998, pp. 86 y 88.
[5] Arturo Uslar Pietri. Venezuela necesita inmigración. Boletín de la Cámara de Comercio de Caracas. Julio 1937. Número 284. Pág. 6943


Publicado en Aporrea.org el 06/08/11
http://www.aporrea.org/actualidad/a127970.html

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Racismo en la televisión: “Negro no da rating”

Fernando Saldivia Najul
16 julio 2011


Un pana que trabaja en un medio de comunicación burgués me contó que una trabajadora de la limpieza le preguntó al jefe de reparto que por qué en las telenovelas no hay actrices Negras como ella. El hombre se volvió un culo con la respuesta, y no hallaba cómo explicárselo. Me cuenta el pana que después de darle vueltas al asunto al final el jefe de reparto le respondió:

—Bueno no sé, los ejecutivos del canal dicen que “Negro no da rating”.

Pero la trabajadora no quedó conforme con la respuesta y le repreguntó:

—¿Y cómo es eso de que “Negro no da rating”?

Y el empleado todo apenado le respondió:

—Bueno, ellos dicen que el Negro es feo y ensucia la pantalla, usted sabe, los ejecutivos del canal y los anunciantes son los que mandan.

Qué bolas, la compañera un poco ofendida se quedó pensando la vaina un momento, y le dijo:

—Ah, ensucian la pantalla, entonces, ¿eso quiere decir que si los dueños de los canales y los anunciantes fueran Negros en lugar de blancos, las actrices blancas quedarían desempleadas porque en este caso serían ellas y no nosotras las que ensuciarían la pantalla?

Coño, tremendo gancho de izquierda. Parece que la trabajadora de la limpieza es camarada y se acordó de la lucha de clases. Al jefe de reparto le cambió el rostro un poco, y la amiga viéndole la cara de desconcierto le dijo:

—Tranquilo, eso no va a pasar, porque nosotras estamos luchando para que se acabe definitivamente la lucha de clases, y finalmente todos y todas nosotras nos podamos ver por televisión sin ningún tipo de discriminación, como dice la Constitución.

Más nada. Con este cuento pareciera que en los canales privados sí hay chavistas rodilla en tierra dando la pelea, aunque sean minoría.

Pero uno no termina de asombrarse de la miseria burguesa. A 12 años de la revolución estos burgueses miserables con el fin de dividir a la clase trabajadora todavía nos inoculan racismo a través de la televisión engañando a sus empleados con el cuento del rating. En telenovelas, noticieros, publicidad, pasarelas y certámenes de belleza no admiten Negras ni Negros, salvo uno que otro que tenga rasgos de blanco. Pobres burgueses infelices. Las actrices morenas que necesitan el empleo se ven obligadas a teñirse el cabello de amarillo y a ponerse lentes de contacto azules. Esto es insólito.

En la calle uno puede ver a mujeres con alguna ascendencia africana que han sido víctimas de este bombardeo mediático desde que estaban en la cuna. Ahora tienen que hacer magia para blanquearse. Es decir, para que no las rechacen o para ascender en la escala de valoración social, muchas deciden pintarse el cabello, o alisárselo, o untarse gelatina, o colocarse una pañoleta, aunque no todas, es verdad, cambian su imagen por esta razón. En el caso de los hombres, algunos evitan tomar sol, y cuando van a la playa se quedan bajo el toldo o se protegen con cremas. Con esta técnica mediática la burguesía se lo lleva todo, porque gana plusvalía ideológica a la vez que la industria cosmética aumenta las ventas.

La clase burguesa es la propia plasta de mierda, porque el racismo no es más que un instrumento ideológico de la lucha de clases. Un instrumento ideológico no científico de la clase burguesa para dividir, deshumanizar, dominar y facilitar la explotación de la clase trabajadora. El racismo es un instrumento de colonización, de control y de exclusión social. Este invento lo heredamos de la colonia, y lo reproducimos actualizado con la nueva base económica capitalista. Y todavía no lo hemos derrotado.

La escritora estadounidense Toni Morrison, Premio Nobel de Literatura 1993, lo explicó en una entrevista de esta manera:

“El racismo todavía sigue operando hoy, mostrando su eficacia como instrumento para perpetuar las divisiones en contra de lo que debería ser una verdadera democracia”. [1]

Así es camaradas. Sobre una base económica con unas relaciones de producción y comercialización donde el blanco sigue siendo el patrón, el que tiene el control y da las órdenes, fácilmente se reproduce el modelo colonial de donde se deriva ese racismo manifiesto en la superestructura de la sociedad, pero ahora como una expresión actualizada sobre la nueva base económica capitalista. Se reproduce la creencia, en los más ignorantes por supuesto, de la superioridad del blanco sobre el Indio, el Negro, y el Mestizo, y por tanto, el derecho a despreciarlos y a dominarlos.

No todo burgués se cree este invento de la colonia, pero lo utiliza. Esta creencia le conviene a la clase dominante, que junto a sus ideólogos utilizan el invento de las razas y la ideología del racismo como un instrumento para facilitar la explotación. Es decir, las razas humanas no existen, pero el racismo como ideología y como sentimiento aprendido sí existe.

Es la ideología del racismo que heredamos de la colonia, y como toda ideología —no científica—, expresa y legitima las relaciones de dominación económica de una clase por otra. En la Ideología Alemana, Marx lo explica de esta manera:

“Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas, por tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase la clase dominante, o sea, las ideas de su dominación”.

Así es. En este caso se trata de la ideología del racismo y del sentimiento racista que genera. Un racismo a veces solapado, y otras veces más abierto cuando se va agudizando la lucha de clases, hasta que alcanza niveles de odio y crueldad extrema. O sea, cuando la burguesía tiene todo el poder solamente nos desprecia, pero cuando lo está perdiendo, nos odia.

Los medios de comunicación son las instituciones más eficaces y exitosas en la internalización de representaciones sociales, ideas e imaginarios, y nos ayudan a clasificar el mundo en términos de categorías de “raza”. La burguesía y sus ideólogos sirvientes a través de los medios de comunicación imponen los patrones de belleza eurocéntricos para invisibilizar al otro. Es decir, a modo de anulación simbólica, invisibilizan a las personas integrantes de grupos étnicos no europeos. Inventaron una escala de belleza donde lo europeo es lo más bello y lo africano es lo más feo. Claro, porque cuando se reunieron para definir los cánones de belleza universal, no invitaron a los Negros ni a ningún representante de las etnias oprimidas del mundo. Todo con el propósito de fomentar la vergüenza étnica y el endorracismo, y por tanto, evitar que los trabajadores reclamen sus derechos, y dividirlos en su lucha por rescatar los medios de producción.

El racismo, el endorracismo y la vergüenza étnica dividen a la clase trabajadora y estimulan la competencia para ascender en la escala de valoración social determinada por la clase burguesa que subestima los valores y las costumbres de los grupos sociales oprimidos. Las personas que carecen de identidad étnica e identidad biológica positiva son las más vulnerables a este tipo de estrategia mediática para bajar la autoestima. Pero afortunadamente, creo que este no es el caso de la trabajadora de la limpieza de la que hablaba al principio de este artículo, porque la amiga está clarita.


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[1] http://edant.revistaenie.clarin.com/notas/2009/08/15/_-01977838.htm


Publicado en Aporrea.org el 16/07/11
http://www.aporrea.org/medios/a126835.html

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Escuálidos racistas se regocijan en la enfermedad del Comandante Chávez

Fernando Saldivia Najul
04 julio 2011


Se desataron las miserias humanas. Hay muchos escuálidos y escuálidas que se están regocijando en la enfermedad del Comandante. Los foros y las redes sociales están llenos de burlas y comentarios miserables. No hay más que entrar en Noticias24, o navegar por Facebook y Twitter para constatarlo.

Desde antes del golpe de Estado mediático en abril de 2002 muchos escuálidos privilegiados, de origen europeo y también mestizos de clase media, le han deseado la muerte al Comandante Chávez, pero ahora con la enfermedad del Comandante se sienten más esperanzados y así lo manifiestan frente a su computadora.

No es lo mismo despreciar que odiar. Cuando la burguesía tiene todo el poder, nos desprecia, y cuando lo está perdiendo, nos odia. Hay escuálidos que desprecian al Comandante por su fenotipo. Pero el odio hacia el Comandante no lo es por su fenotipo, sino porque no le perdonan que haya incluido y continúe incluyendo a los siempre excluidos. Excluidos que son en su mayoría Indios, Negros y Mestizos que aspiran a gozar al menos de los derechos que están consagrados en la Constitución.

Aquí estamos hablando de racistas, pero también de endorracistas.

Por un lado tenemos a los hijos y nietos de inmigrantes europeos que desarrollaron aquí los patrones coloniales que han permanecido. Sobre una base económica con unas relaciones de producción y comercialización donde el blanco sigue siendo el patrón, el que tiene el control y da las órdenes, fácilmente se reproduce el modelo colonial de donde se deriva ese racismo manifiesto en la superestructura de la sociedad, pero ahora actualizado sobre la nueva base económica. Se reproduce la creencia, en los más ignorantes, de la superioridad del blanco sobre el Indio, el Negro, el Mestizo, y por tanto, el derecho a dominarlo y a despreciarlo.

No todo burgués se lo cree, pero lo utiliza. Esta creencia le conviene a la clase dominante, que junto a sus ideólogos utilizan el invento de las razas y la ideología del racismo como un instrumento ideológico para facilitar la explotación. Es decir, las razas humanas no existen, pero el racismo como ideología y como sentimiento aprendido sí existe. Es la ideología del racismo que heredamos de la colonia, y como toda ideología —no científica—, expresa y legitima las relaciones de dominación económica de una clase por otra. Un racismo a veces solapado, y otras veces más abierto cuando se va agudizando la lucha de clases, hasta que alcanza niveles de odio y crueldad extrema.

De tal manera que los más ignorantes se creen superiores a los Indios, Negros y Mestizos, y ahora no soportan la idea de que se invierta la renta petrolera en la salud, la educación, y mucho menos en la vivienda para nuestros hermanos. Por supuesto, esto no les conviene porque aumenta la competencia, y porque les baja la engañosa autoestima soportada por la desigualdad. Por nada quieren que se les acerquen los de abajo. Se trata de familias que nunca se integraron al país. Se educaron en sus propios colegios y se encerraron en sus clubes privados.

Pero así como vinieron inmigrantes que pronto desarrollaron el racismo y no se integraron al país, también vinieron inmigrantes de izquierda, que si bien algunos no quieren recordarlo, otros en cambio junto a sus hijos e hijas venezolanas se integraron al país y están casados con el proceso revolucionario en diferentes frentes de lucha e incluso más comprometidos que muchos venezolanos de origen Indio o Negro.

Por otro lado, como aquí hay de todo, inmigrantes de todo tipo y escuálidos de todo tipo, tenemos también escuálidos mestizos de clase media, con elementos racistas y endorracistas en ellos, que no soportan que los de piel oscura de las urbanizaciones populares alcancen a mudarse cerca de ellos, o que lleguen a ser compañeros de trabajo, porque les recordarían sus orígenes. Les recordarían que provienen de capas sociales consideradas por la burguesía como chusma, genética y culturalmente inferiores, y eso les bajaría la autoestima, y por supuesto, la cercanía de los de abajo también les perjudicaría económicamente porque aumentaría la competencia.

Este maldito racismo es la ideología necesaria que justificó el colonialismo y que todavía ayuda a perpetuar el actual sistema capitalista de clases sociales y el imperialismo neo-colonial. Las escuelas privadas en manos de españoles y españolas de derecha, y principalmente los medios de comunicación de la burguesía juegan un papel importante en el reforzamiento del racismo que se viene practicando desde los tiempos en que estábamos sometidos por los españoles. La televisión promueve el odio, la desigualdad y la división entre venezolanos. Mensajes que son soportados por unas relaciones de producción y comercialización donde el blanco es el patrón, el que controla y da las órdenes. De esta manera se recrea el colonialismo externo e interno.

Es una realidad que heredamos de la colonia. Un racismo útil a los intereses de la clase dominante europeizada, y para esto le sirven las actrices, actores, y periodistas venezolanos de origen europeo, que en su mayoría son hijos y nietos de inmigrantes españoles, italianos y portugueses.

Los inmigrantes europeos, en su mayoría españoles, italianos y portugueses, muchos de ellos analfabetas, vinieron a Venezuela muertos de hambre y aquí los recibieron con los brazos abiertos y se les dio la oportunidad de progresar y disfrutar de la renta petrolera. Muchos lo hicieron con su esfuerzo, es verdad, pero luego que salieron de la pobreza, siguieron ascendiendo, de los cuales una parte importante lo hizo a través de la explotación, o por la vía de la especulación, o la corrupción, o la evasión de impuestos, y por supuesto, siempre gozando de la ventaja comparativa que le da su color de piel para el reparto discriminatorio de la renta petrolera que hacía la oligarquía. Ventaja que sus hijos y nietos aún disfrutan, a pesar de que el Comandante Chávez hace grandes esfuerzos para redistribuir estos recursos con el objeto de incluir a los excluidos. Esto no se lo perdonan.

Y no se lo perdonan porque cuando van a Europa o a Estados Unidos para tratar de seguir adquiriendo privilegios, se encuentran con que allá su piel blanca no los ayuda mucho. Los desprecian como ciudadanos de segunda y se vuelven con las tablas en la cabeza. Y ahora con la crisis del capitalismo, menos que menos, porque la competencia es salvaje. No, que va, no hay como la renta petrolera, dicen.

Regresan y el enemigo sigue siendo Chávez, no hay otro. El enemigo de ninguna manera es la burguesía. Una burguesía que ellos más bien admiran, aunque esta los desprecie. Una burguesía que los estafa cuando compran un carro, un apartamento, o ingresan a una clínica. Tampoco el enemigo es la clase política de la derecha al servicio de la burguesía y el imperialismo. Ni porque se pudo evidenciar hace unos meses cuando el secretario general del partido Acción Democrática les dijo “quejosos” a un grupo de venezolanos de clase media estafados, solo porque él considera que “quieren obtener viviendas gratis llevándole chismes al Gobierno”. [1] Que humillación.


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[1] http://www.aporrea.org/contraloria/n168725.html


Publicado en Aporrea.org el 04/07/11
http://www.aporrea.org/oposicion/a126185.html

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Alejandra Kollontai: el amor-camaradería

Fernando Saldivia Najul
24 junio 2011



Alejandra Kollontai
Cuando Alejandra Kollontai visitó la conocida fábrica de telas Krengolm que empleaba a 12.000 obreras y obreros, se indignó de tal manera que escribió en sus memorias que ella no podía ser feliz si las mujeres y hombres eran esclavizados de esa forma tan inhumana.

Los padres de Alejandra pertenecían a la antigua nobleza rusa, pero ella no era indiferente al mundo que la rodeaba. Desde muy pequeña criticaba la injusticia de los adultos. Le parecía una contradicción que a ella le dieran todo y a los otros niños les fuesen negadas tantas cosas. Su crítica se fue agudizando con los años y creció el sentimiento de protesta contra las diferencias que veía en su entorno. De modo que muy temprano adquirió clara conciencia de las injusticias sociales, y decidió luchar de manera incansable por la liberación de la mujer.

Su concepción marxista del mundo le hacía ver con absoluta claridad que la liberación de la mujer solo podía ocurrir con la victoria de un nuevo orden social y un sistema económico diferente. Alejandra Kollontai llegó a convertirse en miembra del primer Gabinete bolchevique en los años 1917 y 18, y llegó a ser la primera mujer que fue nombrada embajadora. Y nos dejó una amplia obra literaria que incluye un valioso análisis histórico y materialista del amor.

La camarada Alejandra, una mujer sexualmente emancipada, nos habla en sus escritos del “Eros de alas desplegadas” y del “amor-camaradería”. Nos habla de una nueva moral sexual, liberadora y necesaria para crear el solidario tejido social. Una moral que permita a las mujeres y hombres la posibilidad de establecer múltiples relaciones amorosas y sexuales necesarias para la construcción de la nueva sociedad que está naciendo.

El ser humano es, a la vez que creador, resultado de la sociedad en que vive. Por lo tanto, si somos creadores, para construir un mundo mejor es necesaria la aparición y formación de una mujer nueva y un hombre nuevo, incluso con una nueva moral sexual. La moral sexual forma parte de la superestructura que se deriva del sistema económico de la sociedad, pero no podemos esperar a que se experimente la total transformación de la base económica de la sociedad para que tenga lugar la moral sexual de la clase trabajadora. “La experiencia de la historia enseña —afirma Alejandra— que la elaboración de la ideología de un grupo social, y consecuentemente de la moral sexual también, se realiza durante el proceso mismo de la lucha de este grupo contra las fuerzas sociales adversas”.[1]

Del mismo modo como la burguesía sabe utilizar sus normas morales para guiar al amor por la vía que mejor sirva a sus intereses de clase, nosotros debemos tener en cuenta la importancia de la emoción amorosa en tanto factor que puede ser utilizado, como cualquier otro fenómeno psíquico social, en beneficio de la colectividad. El amor supone un principio de unión valioso para la colectividad. En todas las etapas de su desarrollo histórico, la humanidad ha establecido normas que determinan cuándo y en qué condiciones el amor era considerado “legítimo”, es decir, que respondía a los intereses de la colectividad del momento, y cuando es “culpable”, criminal, es decir, que va contra los objetivos de la sociedad.

Desde hace tiempo que el ideal burgués del amor no satisface a la colectividad, pero la burguesía se resiste. Podemos ver cómo la industria cultural refuerza los afectos en el amor de pareja a favor de sus intereses económicos y políticos. Por supuesto, un amor que lo muestran romántico, pero que en la realidad está subordinado a las leyes del mercado y a los valores de la sociedad capitalista, tales como: consumismo, clasismo, racismo, patrones de belleza, etc.

La burguesía refuerza los afectos en el amor de pareja porque le sirve como mecanismo de división y control de la clase trabajadora, también como mecanismo machista de dominación de la mujer, y claro, para afirmar el individualismo liberal. Nuestro enemigo de clase siempre ha luchado para frenar el amor colectivo y hacerlo retroceder. La idea limitada de amor que se nos impone hoy desde los medios de comunicación, amor de pareja y amor de familia, es un amor que dificulta la expansión de los afectos hacia otras personas e incluso hacia la naturaleza.

El amor de pareja y de la familia se nos presenta como un concepto universal, ahistórico y propio de la naturaleza humana. Pero no es así. Nos cuenta Alejandra Kollontai, que desde las primeras etapas de su existencia social, la humanidad empezó a reglamentar no solo las relaciones sexuales, sino también los sentimientos amorosos.

En el mundo antiguo, por ejemplo, solo se apreciaba el sentimiento de amistad. Solo en la amistad se veía un conjunto de emociones, de sentimientos susceptibles de cimentar los vínculos espirituales entre los miembros de la tribu y de consolidar un organismo social que entonces todavía era débil. Por el contrario, en las etapas ulteriores del desarrollo de la cultura, la amistad dejó de ser considerada como una virtud moral. En la sociedad burguesa —que aún sobrevive— fundada en el individualismo, competencia desenfrenada y emulación, no hay lugar para la amistad considerada como factor moral.

En las familias de artesanos de la Edad Media no se tomaba en consideración el amor cuando se concertaba un matrimonio. En el sistema artesanal, la familia era la unidad productora, y su cohesión descansaba en el trabajo, en intereses económicos y no en el amor. El ideal de amor en el matrimonio solo comienza a aparecer en la clase burguesa cuando la familia se transforma poco a poco de unidad de producción en unidad de consumo y, al mismo tiempo, se vuelve guardiana del capital acumulado. Todo lo que antes se producía en el seno de la familia, pasó a fabricarse en grandes cantidades en los talleres y en las fábricas. Por tanto, la burguesía requería del ideal del amor para mantener la cohesión de la familia y cuidar el capital acumulado.

De modo que toda la moral de la burguesía estaba basada en esa voluntad de garantizar la concentración del capital. Ese ideal era dictado por consideraciones puramente económicas: la voluntad de impedir la dispersión del capital entre los hijos naturales, y trasmitir por línea directa el patrimonio adquirido. Con el utilitarismo que la caracteriza, la burguesía se dedicó a sacar provecho también del amor, transformando ese sentimiento en fermento de matrimonio, en medio para consolidar a la familia.

Por supuesto, el sentimiento amoroso no pudo encontrar su sitio dentro de los límites que le asignó la ideología burguesa. Nacieron, se reprodujeron y se multiplicaron los “conflictos amorosos”. El amor se salía constantemente de los límites que le imponían las relaciones conyugales legítimas, para extenderse tanto bajo la forma de uniones libres como bajo la forma de adulterio, condenado por la moral burguesa pero realizado en la práctica.

El ideal burgués del amor no responde a las necesidades de la clase más numerosa de la población, la clase obrera. Tampoco corresponde al modo de vida de los trabajadores intelectuales. De modo que la humanidad necesita establecer relaciones entre los sexos para que esas relaciones, a la vez que aumenten la felicidad, no entren en contradicción con los intereses de la colectividad. La humanidad trabajadora, armada con el método científico del marxismo y con la experiencia del pasado, tiene que reservar un lugar al ideal de amor que responda a los intereses de la clase que lucha para extender su dominio por todo el mundo.

Cada época tiene su ideal de amor, cada clase, en su propio interés, quiere introducir en la noción moral del amor su propio contenido. El contenido de la noción de amor ha cambiado según los grados sucesivos del desarrollo de la economía y de la vida social. Algunos de los matices de las emociones que constituyen el sentimiento del amor se han reforzado, mientras que otros se han atrofiado.

Bajo su forma actual, el amor es un estado psicológico extremadamente complejo que desde hace mucho tiempo se desprendió de su fuente originaria —el instinto de reproducción—, e incluso a menudo se halla en clara contradicción con ella. El amor es un conglomerado complejo de pasión, amistad, ternura maternal, inclinación amorosa, comunidad de espíritus, piedad, admiración, costumbre, y otros muy numerosos matices de sentimientos y emociones. Ante tal complejidad de matices y del amor mismo, cada vez es más difícil establecer un vínculo directo entre la voz de la naturaleza, “Eros sin alas” (atracción física de los sexos), y “Eros de alas desplegadas (atracción carnal mezclada con emociones espirituales y morales).

Bajo la dominación de la ideología burguesa y del modo e vida capitalista-burgués, el carácter multiforme del amor engendra una serie de dramas psicológicos dolorosos e insolubles. La moralidad burguesa, con su familia individualista encerrada en sí misma basada completamente en la propiedad privada, ha cultivado con esmero la idea de que un compañero debería “poseer” completamente al otro. La ideología burguesa ha grabado en la cabeza de la gente la idea de que el amor, incluido el amor recíproco, daba el derecho de poseer completa y exclusivamente el corazón del ser amado.

Ante esta triste realidad, en las Cartas a la juventud obrera, Alejandra se pregunta: ¿puede corresponder tal ideal a los intereses de la clase obrera? ¿No es, por el contrario, importante y deseable, desde el punto de vista de la ideología proletaria, que los sentimientos de la gente se vuelvan más ricos, más diversos?

Y responde:

«Cuánto más numerosos son los hilos tendidos entre las almas, entre los corazones y las inteligencias, más sólidamente se enraiza el espíritu de solidaridad, y más fácil resulta la realización del ideal de la clase obrera: la camaradería y la unidad.

«(…) El hecho de que el amor sea multiforme no está en contradicción con los intereses del proletariado. Por el contrario, facilita el triunfo de ese ideal de amor en las relaciones entre los sexos que ya está tomando forma y cristalizándose en el seno de la clase obrera. Se trata precisamente del amor-camaradería.

«La humanidad patriarcal imaginó el amor bajo su forma de afecto consanguíneo (amor entre hermanos y hermanas, amor por los padres). La antigua anteponía a todo, el amor-amistad. El mundo feudal elevaba al rango de ideal al amor “platónico” del caballero, amor independiente del matrimonio y que no llevaba consigo la satisfacción de la carne. El ideal de amor de la moral burguesa era el amor conyugal, la pareja legítima.

«El ideal de amor de la clase obrera, que se deriva de la cooperación en el trabajo y de la solidaridad de espíritu y de voluntad de los miembros de esa clase, hombres y mujeres, se distingue naturalmente, tanto por la forma como por el contenido, de las nociones de amor propias de otras épocas culturales.

«(…)El amor-camaradería es el ideal que necesita el proletariado en el periodo lleno de responsabilidades y dificultades en que lucha por establecer y afirmar su dictadura. Pero no hay duda de que, cuando la sociedad comunista sea ya una realidad, el amor, “Eros de alas desplegadas”, se presentará bajo un aspecto completamente renovado, completamente desconocido para nosotros. En ese momento, los “lazos de simpatía” entre todos los miembros de la sociedad nueva, se habrán desarrollado y afirmado, la “capacidad amorosa” será mucho más alta y el amor-solidaridad tendrá un papel de motor análogo al de la competencia y del amor-propio en la sociedad burguesa». [2]

Más nada que decir.


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[1] Alejandra Kollontai, Las relaciones sexuales y la lucha de clases. Marxists Internet Archive.
[2] Alejandra Kollontay, El marxismo y la nueva moral sexual: Cartas a la juventud obrera: Sitio a Eros alado. Editorial Grijalbo, S.A., México, 1977, p. 212 - 215.


Publicado en Aporrea.org el 24/06/11
 
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Buenas Noches: ¡Aquí no hay lucha de clases porque todos somos hermanos!

Fernando Saldivia Najul
13 junio 2011



A los presentadores del programa Buenas Noches les pagan para defender los intereses de la burguesía y el imperialismo, pero al mismo tiempo para ocultar la lucha de clases y a nuestro enemigo principal. Pero no siempre lo hacen bien. A veces son torpes.

La otra noche, después de que estos personajes durante un segmento de su programa arremetieron contra venezolanas que buscan de manera organizada terrenos subutilizados en Caracas para construir sus viviendas, uno de ellos, antes del corte, se tiró esta perla: “¡Aquí no hay lucha de clases porque todos somos hermanos!”. Así mismo, con descaro.

En otra oportunidad recuerdo que la presentadora del mismo programa, repitiendo a un experto del Observatorio Venezolano de Violencia, dijo de manera burda que “aquí no hay lucha de clases, en Venezuela lo que hay son pobres matando a pobres”, poniendo en primer plano la delincuencia común propia del sistema capitalista que ella defiende.

En pocas palabras, esta gente nos quiere decir que ricos y pobres estamos luchando por la misma causa. Pero por más esfuerzo que hagan, no es fácil tapar el sol con un dedo. La violencia de clase siempre está presente y precisamente Buenas Noches es un instrumento de la lucha de clases entre capitalistas y trabajadores. Un cañón de manipulación y terrorismo que expresa el odio y la violencia de clase cuando la burguesía especuladora siente perder el poder. Globovisión conectada a CNN es la punta de lanza del imperialismo en la lucha de clases en Venezuela. Cuando se agudizó la lucha de clases durante el golpe de estado mediático apoyado por el imperialismo, Globovisión nos llamaba “hordas” y “monos” con una marcada visión clasista y racista.

La burguesía nos golpea y luego ordena a sus sirvientes que nos digan que el golpe nos lo dio otro y así desviar la atención. La burguesía tiene miedo, no quiere vivir de nuevo los tiempos de Zamora. Nos dicen que somos hordas, monos e invasores, y luego nos dicen que aquí no hay lucha de clases porque todos somos hermanos. Es decir, los burgueses y los trabajadores somos hermanos, solo que nuestros hermanos burgueses a veces se molestan con nosotros y nos asesinan a un campesino o a un trabajador, pero hasta ahí, eso no pasa a mayores. Van nada más y nada menos que 255 campesinos asesinados, y por supuesto, eso no lo trasmiten por los medios.

Y no lo pueden trasmitir precisamente porque tienen que ocultar la lucha de clases. Sabemos que a los medios de la derecha solamente les conviene trasmitir la delincuencia común para poder justificar ante la opinión pública la represión en las comunidades de la clase obrera y así desmovilizar los movimientos populares.

Camaradas, tiene que ser mucho el dinero que invierte la burguesía y el imperialismo para ocultar la lucha de clases como estrategia discursiva. Para esto cuentan con un arsenal de profesores, articulistas, expertos, operadores políticos, curas, empleados de Globovisión, Unión Radio, El Nacional, El Universal, todos jala bolas sirvientes de la burguesía, para confundirnos y repetirnos todos los días que la lucha de clases es un invento de Marx, y que ahora Chávez la utiliza. Y los menos mojoneros predican que la lucha de clases sí existió alguna vez, pero que ahora estamos viviendo el fin de la lucha de clases porque todos tenemos individualmente la oportunidad de ascender socialmente. Es decir, que las clases no luchan, que los que luchan son los individuos para ascender en la pirámide social. Todo un enredo ideológico.

Pero resulta y acontece que Marx ni inventó ni descubrió la lucha de clases, y por su parte Chávez más bien lo que hace es aguantar la lucha de clases con las políticas de inclusión.

Antes de Marx, la existencia de la lucha de clases ya la habían expuesto historiadores y economistas burgueses. En una Carta a Joseph Weydemeyer, Marx le escribe con modestia: “Por lo que a mí se refiere, no me cabe el mérito de haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna ni la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, algunos historiadores burgueses habían expuesto ya el desarrollo histórico de esta lucha de clases y algunos economistas burgueses la anatomía económica de éstas”.

De modo que la sociedad de clases y la lucha de clases no es un invento, es una realidad objetiva, y la violencia mediática nos recuerda todos los días cuánto odio nos tiene la burguesía, sobre todo a los comunistas, que no hacemos otra cosa que luchar por una sociedad sin clases, sin explotación del hombre por el hombre, precisamente para eliminar definitivamente la lucha de clases.

En El pensamiento vivo de Karl Marx, Trotsky nos dice que “la lucha de clases no es otra cosa que la lucha por la plusvalía”. En Venezuela hay una lucha por la plusvalía y por la renta petrolera.

Hace diez mil años, desde que se originó la sociedad de clases en la humanidad, la lucha de clases siempre ha existido, solo que unas veces está encubierta y otras veces es una lucha abierta, aunque los profesores sirvientes de la burguesía traten de confundirnos cuando predican que el concepto de la lucha de clases es anacrónico, que está pasado de moda.

Camaradas, la lucha de clases siempre la hemos vivido. De hecho, cada vez que exigimos al patrón aumento de salarios, estamos luchando por la plusvalía. En el tomo III de El Capital, Marx nos dice que “el aumento del salario disminuye la plusvalía, mientras que la prolongación de la jornada de trabajo y la intensificación de éste la aumentan”. Es un permanente forcejeo. Es una lucha de clases donde el patrón, si tiene fiscales y jueces comprados, nos puede negar el aumento de sueldos y salarios y pagarle a unos sicarios para que asesinen a un líder obrero. Pero eso si, el burgués, como buen hermano del trabajador que es, primero lo alerta con una llamada telefónica: “escucha bien hermano, recuerda que nos sale más barato pagarle a un sicario que pagarles un aumento de salario”. Esto es demasiado odio.

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Publicado en Aporrea.org el 13/06/11
http://www.aporrea.org/medios/a125047.html

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Mientras más dinero tengan los ricos mejor estarán los pobres

Fernando Saldivia Najul
30 mayo 2011



Hace unos meses una joven en una marcha de la oposición dijo muy segura ante las cámaras que “mientras más dinero tengan los ricos mejor estarán los pobres”. Así mismo, sin anestesia. Cualquiera se cae pa’ trás como Condorito.

Al principio me sorprendió esta creencia de la joven, pero más tarde recordé que esto lo solía decir Margaret Thatcher para defender a los capitalistas salvajes. Y también se lo he escuchado decir a empresarios cuando defienden eso que llaman la iniciativa privada, pero claro, en otros términos menos chocantes y más apropiados para engañar a los trabajadores que aún carecen de conciencia de clase.

Pero que le vamos a pedir a los estudiantes si los profesores que están al servicio de la burguesía les enseñan que los que crean valor y riqueza en la sociedad son los empresarios y no los trabajadores. A partir de aquí los incautos deducen: si son los empresarios los que crean riqueza, el salario y todo aumento de salario se lo debemos a ellos. Que vaina, la lucha es larga.

Estos profesores les enseñan que un empresario crea valor cuando consigue satisfacer una necesidad en el mercado. Es decir, la explotación del hombre por el hombre en las fábricas no existe, porque el capitalista les paga los servicios prestados a las trabajadoras y trabajadores. Algo así como que el empresario le “compra el trabajo” al trabajador y no le queda debiendo nada. Tamaña patraña.

Es por eso que los empresarios se la pasan pregonando que la iniciativa privada crea valor para elevar la calidad de vida de la población, cuando en realidad son los accionistas de las empresas quienes se apropian la riqueza que creamos los trabajadores y trabajadoras. Porque el empresario no nos compra el trabajo, sino la “capacidad” o “fuerza de trabajo”. Y aquí está la trampa. Esto ya lo demostró Marx y a estas alturas la burguesía y los profesores a su servicio todavía nos quieren engañar. A nosotros no nos queda otra que interpretar a Marx. Esto es más o menos como sigue:

Marx escribe en el tomo I de El Capital que “el trabajo es la sustancia y la medida inmanente de los valores, pero de suyo carece de valor”, y agrega más adelante que “lo que la economía política denomina valor del trabajo, pues en realidad es el valor de la fuerza de trabajo que existe en la personalidad del obrero”. Por su parte, Engels lo ilustra en el Prólogo del tomo II de El Capital en estos términos: “No es el trabajo el que tiene un valor. Como actividad creadora de valor que es, el trabajo no puede tener un valor especial, lo mismo que la gravedad no puede tener un peso especial, ni el calor una temperatura especial, ni la electricidad un voltaje especial. Lo que se compra y se vende como mercancía no es el trabajo, sino la fuerza de trabajo”.

Es decir, el trabajo es una sustancia que no tiene valor económico, es impagable, pero es fuente de valor, crea valor, el trabajo vivo se materializa en las mercancías, pero lo que nos compra, y nos paga el burgués es la capacidad o fuerza de trabajo como una mercancía más en circulación, y el burgués se apropia de casi todo el producto de nuestro trabajo. Qué mantequilla.

La capacidad o fuerza de trabajo es la única mercancía que tenemos nosotros para vender en el mercado, y como toda mercancía, tiene su valor de uso y su valor de cambio. Su valor de uso es el trabajo, sustancia creadora de valor, y su valor de cambio es el salario, que es más o menos equivalente al dinero que necesitamos para reponer nuestra capacidad física y mental para seguir produciendo y mantener a nuestras hijas e hijos que nos sustituirán para garantizar la continuidad de la producción.

El capitalista consume o utiliza nuestra mercancía en la fábrica o empresa y nos remunera con el salario. Pero mientras usa nuestra fuerza de trabajo, nosotros materializamos nuestro trabajo vivo en trabajo objetivado. Luego, el burgués industrial y el burgués comercial, si hay competencia y no especulan, venden en el mercado este trabajo objetivado como mercancías a un precio cercano al valor de cambio. Aquí es cuando tenemos que hacer un ejercicio de comparación camaradas: cuando el valor de cambio de las mercancías que nosotros produjimos en la fábrica lo comparamos con el valor de cambio de nuestra fuerza de trabajo, que es nuestro salario, necesariamente nos tenemos que caer pa’ tras otra vez como Condorito. Se cumplió la ley del cambio de mercancías, equivalentes en valores de cambio, es cierto, pero esta ley del mercado no puede evitar que el patrón, el comerciante y el banquero, se apropien de casi todo el producto de nuestro trabajo. Son los propios bichitos. Y después andan por ahí diciendo que ellos crean valor.

Digo que se apropian de casi todo el producto de nuestro trabajo porque una parte no las devuelven en forma de salario. No porque reconozcan frente a nosotros que somos nosotros quienes creamos valor, sino porque necesitan que repongamos nuestra fuerza de trabajo para que el burgués, cual vampiro, nos siga chupando trabajo vivo para acumular capital a costillas nuestras.

Haciendo honor a la verdad, hay algunos empresarios que sí crean valor, pero solamente cuando cumplen horario junto con nosotros, es decir, cuando trabajan. Pero no cuando viven del trabajo de nosotros como unos mantenidos. El trabajo es una fuerza natural que se manifiesta en el trabajador como fuerza de trabajo, y por supuesto, también podría manifestarse en un empresario si no es un vago que hace un vuelo rasante por la empresa a mitad de mañana. La creación de riqueza por parte de la naturaleza y el trabajo la explica Marx en la Crítica al Programa de Gotha en estos términos: “La naturaleza es la fuente de los valores de uso (¡que son los que verdaderamente integran la riqueza material!), ni más ni menos que el trabajo, que no es más que la manifestación de una fuerza natural, de la fuerza de trabajo del hombre”.

Si el empresario creara valor sin trabajar, solo porque tuvo la “brillante” idea de comprar fuerza de trabajo para usarla y satisfacer una necesidad en el mercado, no tendría necesidad de hostigar a los trabajadores para que produzcan más cantidad de productos y de mejor calidad de los que realmente se requieren para pagarles su salario, es decir, de lo que se requiere para mantener solamente la fuerza de trabajo. Por supuesto que no. El empresario tiene que reventar a los trabajadores dentro de la fábrica, para que sean ellos los que produzcan la riqueza que se apropia el burgués, porque el valor aumenta con la cantidad de trabajo que se ha objetivado en las mercancías. Una vez que el capitalista compra la fuerza de trabajo, a cambio de un salario, él la usa con la intensidad que le da la gana. Incluso hay trabajadoras y trabajadores que se han muerto frente a la maquinaria por exceso de trabajo. Y después andan por ahí diciendo que ellos crean valor. Qué desgracia.

De modo que nosotros “vendemos” al capitalista nuestro trabajo vivo —es decir, nos vendemos—, trabajo que es fuente creadora de valor, el cual se materializa en las mercancías que él vende, y luego nos paga solo una parte del producto de nuestro trabajo. O sea, el capitalista nos paga solo el valor de cambio de la fuerza de trabajo con trabajo objetivado en el salario, pero que solo alcanza para que compremos lo necesario en el mercado y así reproducir nuestra fuerza de trabajo y la futura fuerza de trabajo de nuestros hijos. El resto del trabajo objetivado en las mercancías que elaboramos se lo embolsilla en forma de plusvalor o plusvalía en lugar de darnos todo el producto de nuestro trabajo. Esto es así porque resulta que la mercancía fuerza de trabajo crea más valor de lo que vale. Engels lo expresa en la Introducción a la edición de 1891 de Trabajo asalariado y capital de Marx: “Esta mercancía tiene, en efecto, la especial virtud de ser una fuerza creadora de valor, una fuente de valor, y, si se la sabe emplear, de mayor valor que el que en sí misma posee”.

Entonces camaradas, creo que es muy poco lo que hacemos cuando peleamos por reivindicaciones salariales o por la reducción de la jornada laboral porque igual la explotación no desaparecerá del todo si no cambiamos las relaciones de producción. Necesario es luchar por “la abolición del sistema del trabajo asalariado”, como lo decía Marx en la Crítica al Programa de Gotha.

El sistema de trabajo asalariado es un modo de producción que surge con la forma burguesa de la propiedad privada. Una vez que la burguesía desplazó a nuestros abuelos de sus tierras a punta de plomo, como lo hacen todavía, los trabajadores nos vimos obligados a vender nuestra fuerza de trabajo a los empresarios. Por eso, la lucha es principalmente por el carácter social de la propiedad.

En lugar de gritar a los cuatro vientos “mientras más dinero tengan los ricos mejor estarán los pobres”, la consigna es “expropiemos a los expropiadores, y sin indemnización”, porque el capital no es un patrimonio personal, sino un patrimonio colectivo.


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Publicado en Aporrea.org el 30/05/11
http://www.aporrea.org/actualidad/a124230.html

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Los bancos sin espaldar son para la clase trabajadora

Fernando Saldivia Najul
19 abril 2011



Coño, cómo se pela bola en Caracas para sentarse en un banco con espaldar. Resulta que el burgués, que no trabaja, disfruta de un amplio jardín arbolado con asientos cómodos en su propia casa, o se echa en una silla de extensión a reventarse a whisky en una piscina de su club privado. En cambio, la trabajadora o trabajador, que trabaja, anda caminando por toda Caracas buscando una plaza, o un parque, o un boulevard que tenga algún banquito con espaldar para descansar el lomo que lo tiene ya partido de tanto producir para mantener al burgués. Pero que va, hace tiempo que entendimos que los bancos sin espaldar son para la clase trabajadora, porque con espaldar escasean.

No exagero. Buscar un banco con espaldar en Caracas desgasta. No es nada fácil encontrarlo. Pareciera que no es un derecho humano. Después de tanto caminar termina uno casi siempre en un banco de castigo, pagando penitencia, o como si lo estuvieran sometiendo a uno involuntariamente a una prueba de resistencia física. Qué desgracia.

El capitalismo construyó una Caracas mercantil inhumana. La burguesía siempre despreció a la clase trabajadora. Nunca ha cuidado su salud ni su bienestar. Claro, si una trabajadora o un trabajador se enferma lo reponen rápidamente por otro que se encuentre en el ejército industrial de reserva. Así de fácil.

Los trabajadores de la clase media consumista pasan menos trabajo porque andan en carro y frecuentan centros comerciales. Y si andan caminando en una avenida o un boulevard y se cansan de caminar, se sientan en una silla con espaldar, pero eso sí, en un café o restaurant para comer o tomar algo. Porque eso es como en el estadio, si quieres espaldar tienes que pagar más.

Sin embargo, este sector consumista de la clase media vive prisionera en Caracas, y se niega a entenderlo. Tienen la creencia de que pueden liberarse encerrándose en restaurantes o en los centros comerciales, sin entender que es la burguesía quién los obliga a ello.

Claro, a la burguesía le conviene que vayan a gastar la quincena en los centros comerciales, y al mismo tiempo evitan de esta manera que se reúnan en espacios abiertos para organizarse para la lucha de clases. La orden es producir y consumir. El consumismo también es una forma de control social. No es casualidad que haya más centros comerciales que parques. De hecho, en Venezuela, durante el proceso revolucionario, aumentó la tasa de construcción de centros comerciales por habitantes. Insólito.

Para los alienados los centros comerciales son más atractivos que los parques y las plazas. La burguesía hasta le coloca plantas y árboles de plástico para engañar a los usuarios. Incluso ahora hay parejas que hasta contraen matrimonio en estos templos mercantiles. Y se han dado casos de personas que han solicitado a sus familiares que al morir esparzan sus cenizas en su centro comercial preferido. Qué bolas.

Pero resulta que no todos los trabajadores son consumistas, y aquel que quiera leer un libro, o aquel grupo de trabajadoras que necesite reunirse para discutir sobre política por varias horas, no puede. Y si lo hacen, amanecen todas con lumbago.

Llama la atención como los consumistas sí pueden pasar el tiempo que quieran metidos en un centro comercial, pero los que no consumen no pueden pasar una mañana o una tarde sentados en un banco con espaldar, con diseño ergonómico, bien ubicado bajo la sombra en una plaza o un parque, para descansar, o disfrutar de la vista o del paisaje, o leer, o conversar temas necesarios para la transformación de esta sociedad de idiotas.

Ya está bueno, tenemos que hacerle la guerra a los centros comerciales. Urge hacer más atractivos los espacios públicos que los centros comerciales. Tenemos que frenar la construcción de estos adefesios. Buscar hacer agradable la permanencia o recorrido por los espacios públicos.

Tenemos que definir la ergonomía de la diversidad de los usuarios de cada parque, plaza y boulevard. Tenemos que diseñar con criterios en relación con el uso y la satisfacción de las necesidades. Donde la estética no riña con la función. Un banco diseñado con una estética que no esclavice al usuario tiene un valor de uso superior. Se está cómodo y también se contempla la belleza y armonía de los bancos con su entorno.

Tenemos que prestar más atención a las funciones sociales que estos espacios deben cumplir. Muchas veces las personas que diseñan estos espacios no son usuarios de estos, y solo se limitan a revisar un manual de diseño urbano sin conocimiento previo de la forma en que los grupos se disponen para socializar.

No podemos diseñar desde un escritorio sin hacer al menos entrevistas a los usuarios o estudiar sus propuestas elaboradas en asambleas. No cabe la menor duda que en las necesidades y propuestas analizadas por los usuarios siempre estará presente la demanda del “banco con espaldar”, motivo del presente artículo. Y si el proyecto lo elaboran los consejos comunales con la participación de toda la comunidad, entonces mucho mejor. Eso es comunismo.


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Publicado en Aporrea.org el 19/04/11
http://www.aporrea.org/actualidad/a121766.html

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Melodía Stereo 93.5 FM quiere manipular como Globovisión y Unión Radio

Fernando Saldivia Najul
02 abril 2011



¡Qué angustia! Esta emisora de radio puede volver loco a cualquier revolucionario si se le ocurre pasar una tarde escuchando su música. Esta gente tiene una campañita de manipulación ideológica machacante a favor de la empresa privada.

De lunes a domingo y a cada media hora en el espacio de publicidad sueltan la misma propaganda ideológica. Se trata de una simulación de una encuesta tendenciosa donde “de todas todas” nos convendría más a los trabajadores y a los excluidos defender a la empresa privada en lugar de defender a la empresa de propiedad social directa e indirecta. Estas últimas por supuesto silenciadas en el diálogo entre la entrevistadora y el encuestado. Escuchen esto:

“— Disculpe señor, ¿puedo hacerle una pregunta?

— Si, dígame.

— ¿A Quién beneficia la empresa privada?

Opción A: A quienes montan un negocio.
Opción B: A los trabajadores y a su familia.
Opción C: A los consumidores.
Opción D: Todas las anteriores.

— Yo digo la D, a todo el mundo”.


Acto seguido, comienza la manipulación de los miedos de la audiencia:


“7 de cada 10 venezolanos opinan igual.

¿Habrá más empleo en un país sin empresa privada? ¿Habrá más clientes para tu negocito? ¿Tendrás mejores productos y calidad de vida? ¿Les conviene a tus hijos que haya más o menos empresas en Venezuela?

Te invitamos a hacerte estas preguntas y a conversarlo con tus amigos.

¡Ponle cabeza y corazón!

La empresa privada de Venezuela… Por una Venezuela mejor”.

Camaradas, esta vaina es cada media hora entre los espacios musicales. Definitivamente la radio es un peligro. Pero lo peor es que estos misiles van dirigidos principalmente a los jóvenes de los sectores populares que buscan escuchar música en lugar de ver o escuchar programación política, y son bastantes. Digo sectores populares porque sabemos que la llamada clase media consumista va entubada con sus gríngolas para el 2012. Este sector de clase media ya lo tiene controlado Globovisión y Unión Radio.

Pues si, Melodía Stereo está manipulando las emociones de manera abierta para ocultar verdaderos los intereses de la burguesía. Con el mensaje individualista y emocional: “¿habrá más clientes para tu negocito?... ponle cabeza y corazón” nos quieren decir que para poder montar un kiosco de periódicos o una carpintería con suficientes clientes, debemos defender con amor a la empresa privada y votar por el capitalismo, sin advertir que estaríamos defendiendo a los monopolios de alimentos como Empresas Polar, uno de nuestros mayores enemigos de clase.

Además, con el mensaje manipulador: “¿habrá más empleo en un país sin empresa privada?” la emisora Melodía Stereo infunde temor a los trabajadores que se encuentran empleados en el sector privado, ya que no se menciona para nada el Proyecto Nacional Simón Bolívar, una ley de la República que contempla la persistencia de la empresa privada con responsabilidad social. Tampoco se menciona que la necesaria construcción de una nueva sociedad mundial sin empresa privada podría demorar hasta dos y tres generaciones, tiempo suficiente para que le salga la pensión de vejez a la audiencia atemorizada por Melodía Stereo.

Son mensajes sencillos pero superefectivos si se repiten muchas veces como lo está haciendo Melodía Stereo. La efectividad de estas campañas por lo general la corroboran con un estudio de impacto de la campaña para asegurarse de que haya calado en la audiencia y así poder influir en las elecciones de 2012.

Nuestros jóvenes no tienen por qué atemorizarse. Saben que en socialismo pueden asociarse libremente con otros productores para liberarse del trabajo explotador capitalista. Y el humilde artesano y el pequeño campesino tampoco tienen que temer, porque la propiedad bien adquirida, fruto del trabajo, no será destruida. Más bien esta ha sido destruida en gran parte por la industria burguesa, y la sigue destruyendo, bien cuando se enfrenta a una competencia desigual en el mercado, o a plomo limpio cuando los terratenientes se apropian de las tierras del pueblo.

Lo que sí aspiramos los revolucionarios, antes de que destruyamos el planeta y la humanidad, es a convertir el capital en propiedad colectiva, y no lo ocultamos. El capital no es un patrimonio personal sino un patrimonio colectivo. Es decir, el capital no es una fuerza personal sino una fuerza social que necesita de la cooperación de todos los individuos de la sociedad.


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Publicado en Aporrea.org el 02/04/11
http://www.aporrea.org/medios/a120742.html

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Por qué tenemos que seguir pegados al espejo retrovisor viendo al pasado

Fernando Saldivia Najul
23 febrero 2011


El Departamento de Estado encomendó a sus operadores políticos la infeliz tarea de convencer al Pueblo de que se despegue del espejo retrovisor para que se olvide del pasado, porque según ellos, con la memoria histórica no se va al mercado, ni se consigue vivienda, ni se alcanza la felicidad humana. Pero es curioso que al mismo tiempo estos politicastros se la pasan recordándole al Pueblo la inflación del año pasado, y la “regaladera” que hizo el Presidente el año pasado, y recordando a cada rato todo el pasado de la Revolución Bolivariana, pretendiendo de este manera hacer un uso exclusivo del “tiempo pasado” para ofrecer sus prometedoras políticas para el futuro. Es decir, la memoria histórica solo sirve para los intereses de la burguesía pero no para los intereses de los trabajadores.

Esto me trae a la memoria la famosa frase de Obama cuando dijo en la Quinta Cumbre de las Américas la celebre frase: “yo no vine aquí para hablar del pasado, yo vine aquí para hablar del futuro". Algo así como cuando los muchachos le dicen a uno “no te enrolles, pasa la página”. Qué bolas. El comandante Chávez se quedó loco, no entendía como el presidente del imperialismo yanqui venía a pedirnos que olvidáramos el pasado. Increíble pero cierto. A Chávez no le quedó más que regalarle el libro Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano. Y apuntó muy bien, porque en Nuestra América las venas continúan abiertas.

Hay que ser bien güevón para dejarse confundir con esta táctica de guerra mediática. Muy sencillo, si olvidamos el pasado volveríamos a votar por ellos. Tal cual lo hace la clase media escuálida que ya olvidó que el neoliberalismo no les permitía comprar vivienda y ahora sí pueden, muy a pesar de las estafas de la burguesía inmobiliaria. Si nos olvidamos del pasado tropezaríamos de nuevo con la misma piedra.

Si nos olvidamos que el golpe petrolero le costó al Pueblo 20 mil millones de dólares, es decir, un millón de dólares por cada empleado que abandonó su puesto de trabajo, entonces volveríamos a contratarlos para que dirijan y administren la industria más importante de Venezuela, y de paso le entregaríamos de nuevo el cerebro electrónico de PDVSA a una potencia extranjera para que controle nuestro petróleo. Qué manguangua. La derecha nos pide que olvidemos que la burguesía es asesina, cuando todavía está asesinando líderes campesinos y sindicales.

La derecha nos pide que olvidemos que la burguesía agraria se apropió de las mejores tierras del pueblo. Y nosotros nos preguntamos, ¿si olvidamos el pasado, cómo coño vamos a expropiar a los expropiadores? ¿Si no nos pegamos del espejo retrovisor del pasado cómo vamos a prevenir el hambre? ¿O es que el hambre no se previene sino que se combate? No me jodan.

Para prevenir el hambre tenemos que conocer las causas del hambre, y la derecha quiere que olvidemos que la causa del hambre es el capitalismo, solamente porque ellos defienden a la burguesía. Las causas de nuestros males presentes están precisamente en el pasado, y si no nos ponemos las pilas y no le expropiamos los medios de producción a la burguesía, las consecuencias se multiplicarán en el futuro. Porque es en la demora que está el peligro.

Nuestro enemigo de clase acecha y vale preguntarnos: ¿Será que la derecha tiene pensado quemar los libros de historia? ¿Será que quieren eliminar la carrera de Historia de las universidades y eliminar la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales? ¿Estará en sus planes demoler el Archivo General de la Nación y el Centro Nacional de Historia? ¿O solamente aspiran a que hagamos praxis política sin historia con el objetivo de reconstruir una colonia sin identidad ni memoria para que nunca cicatricen nuestras venas?

Ni lo sueñen. La historia y la praxis pertenecen a un mismo proceso. La praxis política recoge la experiencia histórica y genera todos los días un nuevo referente histórico que nos permite corregir los errores, al tiempo que nuestras victorias nos inspiran a seguir luchando para expropiar a los expropiadores.

¡A quién se le ocurre! ¿Cómo nos vamos a liberar si olvidamos nuestros errores y nuestras victorias? ¿Cuándo nos vamos a unir para la lucha si olvidamos nuestros intereses étnicos, nacionales y de clase? La historia es una herramienta de lucha. La experiencia colectiva de los Pueblos no podemos olvidarla. Es una cuestión de vida o muerte. Así como nuestras experiencias individuales nos permiten sobrevivir, crecer y desarrollarnos, igual la experiencia colectiva nos sirve para liberarnos de la burguesía, crecer y desarrollarnos como Pueblo y como clase.

Y si no nos liberamos nunca vamos a poder tomar decisiones colectivas sobre la producción, la distribución y el consumo de los bienes materiales e intelectuales necesarios para seres humanos. Es decir, no podremos controlar nuestro humano metabolismo social y seguiremos sometidos por las leyes del sistema del capital que solo controla una sociedad de empobrecidos y robots. Si no nos liberamos de quienes pretenden que olvidemos el pasado y siguen defendiendo el sistema, no podremos ir al abasto, ni construir viviendas para el Pueblo ni alcanzar la felicidad humana libre del trabajo alienado y subsumido por el capital.

Si no fuera por la historia y la experiencia de la Revolución Cubana, el Che nunca hubiera entendido que “en el imperialismo no se puede confiar, pero, ni un tantico así, nada”. De modo que cuando estos mamarrachos nos inviten a que dejemos el pasado atrás para que construyamos juntos un país de iguales, no nos queda otra que responderles como dicen en Vive TV: ¡Prohibido Olvidar!


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Publicado en Aporrea.org el 23/02/11
http://www.aporrea.org/medios/a118239.html

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