Fernando Saldivia Najul
03 mayo 2023
Hasta
que por fin, de manera oficial, nos despojaron del salario y las prestaciones
sociales. Pero no importa, porque “cualquiera es mejor que Chávez”.
No
importa que Chávez nos haya devuelto las prestaciones sociales que nos
arrebataron los adecos y los copeyanos, porque cualquiera es mejor que Chávez.
No
importa que Chávez nos haya remunerado hasta con un salario mínimo de 476
dólares y una pensión de 370 dólares, porque cualquiera es mejor que Chávez.
No
importa que Maduro esté subordinado a Fedecámaras, y Guaidó esté subordinado a
los gringos para escoñetarnos la vida, porque “cualquiera es mejor que Chávez”.
Ah,
pero es que Chávez puso a Maduro en Miraflores. Sí, es verdad, pero a Bolívar
también lo traicionaron sus generales, empezando por el General Páez, que se
hizo el hombre más rico de Venezuela. Y no por eso vamos a celebrar el
asesinato del Libertador y a renegar de la lucha por la Independencia.
Ah,
pero es que Chávez es el culpable porque empezó a expropiar a los empresarios
de Fedecámaras. Si es verdad, pero lo hacía para defendernos de los empresarios
que estaban especulando para robarnos el salario digno y las pensiones que él
decretaba, y también para protegernos de los empresarios que nos oprimían y nos
sobreexplotaban, como lo hacen ahora con la bendición de Maduro.
Y el
tiempo le dio la razón al Comandante. Ahora los empresarios de Fedecámaras, con
su vocero Jorge Roig, quienes para entonces les ordenaban a las capas medias a
marchar contra Chávez, son quienes diseñan la política salarial, y Maduro de
manera obediente las aprueba.
Y
las aprueba aunque su misma gente que él lleva para las marchas, las rechace
con un contundente “Noooooo”, tal cual como quedó registrado en los videos del
discurso en la Plaza O’Leary,
este 1° de Mayo:
https://twitter.com/monitoreamos/status/1653187195082088450
https://twitter.com/ReporteYa/status/1653188450349199362
Lamentablemente
la falta de consciencia de clase de las capas medias de la clase trabajadora
nos ha llevado a este despeñadero. Creyeron que Fedecámaras y los gringos eran
sus aliados. Creyeron que tenían los mismos intereses. Creyeron que cualquiera
era mejor que Chávez. Una frase desafortunada que no surgió de la inspiración
de las capas medias, sino que fue una consigna golpista de Fedecámaras y de los
políticos pitiyanquis, porque, paradójicamente, no tenían candidato que pudiera
derrotar a Chávez.
Los
mismos gringos que les ordenaron abandonar sus puestos de trabajo en la
industria petrolera, para sabotearla, paralizarla y sembrar el terror en
2002-2003, son los mismos gringos que les ordenaron apoyar al diputado Guaidó,
y aplaudirle sus discursos. Ahora Maduro designó a un gringo como gerente
general de Petropiar, y gracias a la impunidad de los intocables, Guaidó está
viviendo su exilio dorado en Miami, restregándoles su fortuna en la cara a los
venezolanos que huyeron de Chávez.
Y
huyeron de Chávez, no porque Chávez les haya arrebatado el salario y las
prestaciones sociales, no. Abandonaron su tierra natal porque no soportaban que
Chávez invirtiera la renta petrolera para pagar la deuda social a los excluidos
de siempre, en su mayoría venezolanas y venezolanos de piel oscura. Huyeron de
Chávez porque consideraban que solo ellos tenían derecho a disfrutar de los
dólares del cupo viajero y el cupo electrónico.
Eso
fue un golpe muy duro para las capas medias de la clase trabajadora. La ira y
la soberbia los consumía. No aceptaban que Chávez les ofreciera a las
trabajadoras domésticas sacar el bachillerato con una beca, porque las dueñas
de la casa se veían obligadas a aumentarles el sueldo para que no fueran a
estudiar y se quedaran haciendo las tareas del hogar. Sin embargo, fueron
muchas las que abandonaron a sus empleadoras para estudiar.
Les
incomodaba encontrarse en las clínicas privadas a los venezolanos y
venezolanas, quienes fueron excluidos antes de la revolución, pero que con
Chávez disfrutaban del HCM que su gobierno contrató para todos los empleados
públicos. Las aseguradoras y las clínicas hicieron su agosto con estas pólizas
de seguros.
Ni
hablar de tener que almorzar en el mismo restaurante con una familia de piel
oscura al lado de su mesa. Eso era considerado una humillación. Más de una vez
optaron por pararse de la mesa y retirarse del sitio.
Y no
estoy exagerando. Recordemos que los sectores medios crecieron escuchando que
la gente es pobre porque quiere, porque son flojos, y porque el rancho lo
tienen en la cabeza. Por tanto, les costaba creer que Chávez les hubiera
garantizado la educación y un buen salario para comer un fin de semana en una
pizzería en el este de Caracas. “No, no, y no”, golpeaba en sus oídos el
subconsciente. “Esto no puede ser, tienen que estar robando”.
La
ira racial alcanzó tal magnitud, que el día siguiente después del triunfo de
Chávez el 7 de octubre de 2012, colapsaron las redes sociales con mensajes de
odio. Uno de ellos
fue una cadena que llamaba a no dar más propina como castigo a los
“malagradecidos” pobres quienes hicieron ganar a Chávez otra vez. Lean esta
perla:
"Se acabaron los pendejos, de
ahora en adelante no dar propinas ni a parqueros, ni a bomberos, ni a
caleteros, ni a los que lavan carros, ni a la señora que nos ayuda en la casa,
ni a los chamos en supermercados, cero aguinaldos, no comprar a buhoneros, que
se jodan, porque aunque siempre reciban ayuda directa de nosotros, siempre
votan por Chávez. Que empiecen a sentir el impacto de sus acciones, porque
todos ellos viven de nosotros y del rebusque. Se acabó la regaladera de propinas.
Estamos en un país socialista y tendremos que vivir así. Pásalo".
Este mensaje caló muy bien entre las
capas medias y corrió como pólvora por las redes sociales. Claro, se sentían
más cerca de Lorenzo Mendoza que de la conserje del edificio.
Ahora, con Maduro y Guaidó, tienen a
sus hijos e hijas viviendo en el exterior, y lamentablemente les toca abrazarse
por el celular. Pero no importa, porque cualquiera es mejor que Chávez.