Sepa cómo los pitiyanquis pidieron y celebraron la invasión a Panamá

Fernando Saldivia Najul
25 marzo 2015


Los mismos que se la pasan diciendo que el imperialismo no existe, y se burlan de los patriotas, esos mismos pidieron y celebraron la invasión a Panamá. Mientras los habitantes Negros del barrio El Chorrillo lloraban a sus familiares calcinados por las bombas y misiles, muchos vecinos de los sectores acomodados salieron a las calles para aplaudir a los soldados gringos y recibirlos como sus salvadores y libertadores.

Me pregunto, ¿será ese el cuadro con el que sueñan para Venezuela María Corina Machado, Lilian Tintori, y otros que se reúnen a menudo con la oligarquía panameña? ¿Por qué esta gente le pide ayuda a una oligarquía que todavía hoy considera que el genocidio fue necesario? ¿Por qué la periodista Nitu Pérez Osuna en una iglesia de ciudad Panamá le dice a los venezolanos autoexiliados que el fin está cerca, y será cruento? ¿Por qué los cartelitos y las etiquetas en Twitter que dicen SOS Venezuela?

El 12 de julio de 1987, 29 meses antes de la invasión, el periodista Antonio Caño, actual director del diario El País de España, el mismo que hoy considera que en Venezuela no hay democracia, escribió una nota para este diario que tituló así: «"Que vengan los gringos", grita en la calle la burguesía panameña opuesta a Noriega». En esta nota el periodista describe los hechos de las protestas del fin de semana contra Noriega, y además nos dice que le llama la atención cómo la prensa de oposición engaña a sus lectores. Sobre esto último nos cuenta Antonio Caño: «Aunque la prensa de oposición incluye titulares como “Ametrallan al pueblo” y los dirigentes opositores hablan de “brutal represión”, lo cierto es que los soldados estuvieron bien dirigidos en la línea de evitar muertes. El principal blanco de los excesos policiales fueron los automóviles, auténticos símbolos de esta peculiar revuelta».

Días atrás, el 21 de junio, escribió otra nota titulada «La rebelión de los Mercedes: Las clases acomodadas de Panamá intentan arrebatar el poder a los militares». Sorprendido por el tipo de gente que manifestaba, el periodista de derecha Antonio Caño narró un espectáculo que le chocaba: «En un continente asolado por la miseria, en una región sacudida por el hambre y la revolución, resulta chocante ver a encollaradas señoras de la alta sociedad agitando su pañuelo blanco contra Noriega desde las ventanillas de sus Mercedes o Volvo. Se sale de cualquier esquema el espectáculo que ofrecen un grupo de rubios y proteínicos jóvenes quemando coches y levantando barricadas en medio de una lujosa zona residencial. Y provocan una sonrisa de escepticismo las pecosas con cintas en la frente y zapatos deportivos norteamericanos que levantan el puño ante mulatos de uniforme exigiendo "democracia y libertad"».

Estas mismas personas adineradas que nos describe el periodista, que no sufrieron la invasión, que a lo sumo escucharon el bombardeo de lejos, y vieron las luces de bengalas por sus ventanas y balcones, salieron a la calle a celebrar con caravanas de carros último modelo. Ondearon banderas de Estados Unidos, y lucían franelas estampadas con la leyenda Just Cause (causa justa), que simboliza la operación militar en Panamá. Otras personas bajaron al frente de sus residencias para aplaudir a los soldados gringos cuando pasaban patrullando las calles después de haber asesinado a tantos compatriotas pobres.

Se vieron mujeres que cantaban y bailaban frente a los gringos con alegría y agradecimiento. Les decían Welcome USA. Miembros de la Cruzada Civilista Nacional que no sufrieron la invasión mostraron carteles que decían Thank You USA. Hubo papás y mamás que montaban hasta sus hijos sobre los tanques genocidas para fotografiarse. Aún los pitiyanquis conservan esas fotos en los álbumes familiares.

Los periodistas de CNN, ABC y CBS solamente entrevistaban a los panameños que estaban celebrando. Frente a las cámaras de televisión se expresaban personas mayoritariamente de piel clara y con ropa de marca, y hablaban un inglés casi perfecto. Cuentan que la celebración en la calle 50 fue realmente vergonzosa. Los ricachones saltando y bebiendo champán. Por supuesto, estos canales nunca transmitieron las imágenes de los muertos del barrio El Chorrillo.

Después de 25 años, las heridas no han cerrado. Todavía hoy se sufre un trauma nacional, y muy poco se habla del genocidio que se cometió contra nuestros hermanos de la Patria Grande. Las personas que sufrieron la invasión más nunca llegaron a ser las mismas.


Publicado en Aporrea.org el 25/03/15

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Tetero de agua de espagueti

Fernando Saldivia Najul
03 marzo 2015


Yo viví una Venezuela donde niñas y niños lactantes de los sectores populares se alimentaban con tetero de agua de espagueti, mientras que en los restaurantes, tascas y discotecas se derramaba el whisky 12 años, 18 años, y déle. Qué tiempos aquellos. Recuerdo que el que bebía whisky y conocía esa realidad, no sentía ningún remordimiento de conciencia. Decía que eso no era su problema.

LECHE CASA destinada a la Red Mercal.
Ahora veo a mamás con sus bebes en los brazos que salen de Mercal con 2 kilogramos de leche en polvo, y cuando se lo cuento a los mismos bebedores, rápidamente me interrumpen para reclamarme por la subida del precio de la botella de whisky. Qué buena vaina. No pego una. Ahora resulta que ese sí es mi problema.

Todavía hay gente que no lo cree, sobretodo los jóvenes, que aquí en Venezuela crecieron niñas y niños con tetero de agua de espagueti, o agua de arroz, o de harina de maíz. Incluso bebes que vivían al lado de los campos e instalaciones petroleras. Uno cuenta este drama ahora y hay quienes ponen cara de extrañeza. Otros hacen chiste de eso por la red social Twitter. Afortunadamente aún quedan registros de aquella realidad que la derecha no ha podido borrarlos. En 1998 la situación ya era insostenible:

En mayo de 1998, Irene Sáez expresó frente a un grupo de empresarios asistentes al directorio convocado por la Cámara Venezolana de la Industria de Alimentos (Cavidea), lo que los empresarios ya sabían de más. Irene Sáez dijo conocer por información de niños de una escuela popular, que la infancia pobre se está alimentando con agua de arroz y agua de pasta. Casualmente en la reunión se encontraba el presidente de Cavidea para entonces, Eduardo Gómez Sigala. (El Nacional, 20 de mayo de1998).

En agosto de 1998, María Walter, ex docente de la Universidad del Zulia, nos pintaba un panorama desolador. Decía que nuestra política nutricional, por el alza de los costos, ha generado un abandono de la atención a nivel de comedores gratuitos, que casi ni existen, y en las escuelas se puede encontrar desnutrición porque la asistencia sanitaria a los estudiantes ha sido descontinuada. Y agrega María Walter: «Sabemos de niños en edad de lactar que han sido llevados al Centro Clínico Nutricional Menca de Leoni, que han consumido aguadas de arroz, de espagueti (la pasta y el arroz para los grandes y el agua residual para los bebés), o teteros de cubitos, y eso es hablar de una gran concentración de sales y químicos no asimilables por los infantes». (El Universal, 24 de agosto de 1998).

En septiembre de 1998, Vanessa Davies visitó el Centro Nutricional Menca de Leoni, y alarmada escribió para el diario El Nacional: «Hay brazos y piernas que parecen las ramas de un árbol enfermo, y cabellos a los que la ausencia de alimentos volvió tan inflexibles, que se parten hasta por tocarlos. Es fácil verlos: en la calle, a los niños que se están literalmente consumiendo a sí mismos pero todavía se mantienen en pie; en el Centro Clínico Nutricional Menca de Leoni de Caracas, a quienes ya no pueden luchar porque sólo les quedan los huesos forrados con pellejo». Más adelante escribe: Existe una «pobreza nacional con bebés que comen el agua sobrante de la cocción de espaguetis para el resto de la familia, ignoran lo que es la leche y saben de la existencia de los cereales por las cuñas de televisión». La médica Arelis López le informa a Vanessa Davies que los niños «vienen de no comer carne de ningún tipo, sino agüitas con cualquier cosa. Las mamás dicen que les sirven carne todos los días, pero no es verdad. Leche, ni soñarlo; en todo caso, diluida». (El Nacional, 15 de septiembre de 1998).

Esta fue la Patria destrozada que recogió el Comandante Chávez en febrero de 1999. Toda una tragedia neoliberal. Mientras Eduardo Gómez Sigala, Leopoldo López, María Corina Machado, Henrique Capriles y Antonio Ledezma bebían whisky o champaña, madres venezolanas desesperadas se veían obligadas a mandar a sus hijos a la calle porque no tenían cómo alimentarlos.

¿Quién no recuerda a centenares de niños deambulando por Caracas oliendo pega de zapatos para calmar el hambre? ¿Quién puede olvidar verlos durmiendo en las frías noches sobre las rejillas de los extractores de aire cálido del Sistema Metro de Caracas? Hasta una película realizaron donde se denuncia una verdad que no se podía ocultar, titulada Huelepega: Ley de la calle. Una producción de José Novoa, dirigida por Elia Schneider. Y hasta Franco de Vita lanzó una canción que lleva por título Los Hijos de la Oscuridad.

Por aquellos tiempos, Rafael Urbina, delegado sindical de los empleados de la Maternidad Concepción Palacios, contaba que casi todos los días eran abandonados niñas y niños recién nacidos en los retenes de la Maternidad, e incluso al pie de los árboles de la plaza ubicada justo al lado del centro materno. (El Nacional, 5 de septiembre de 1998).

Así sobrevivía el pueblo venezolano. Tampoco los soldados de las Fuerzas Armadas la pasaban mejor. Nos cuenta el General Jorge Luís García Carneiro que la comida de los soldados era salchichas a granel, porque era el desperdicios de las embutidoras. También comían mortadela. Comían espagueti de sexta categoría que entregaban a los batallones en bolsas de harina. Les daban bazofia, les daban basura, la tropa pasaba hambre, relató García Carneiro. (Programa Con el Mazo Dando, transmitido por VTV, 31 de marzo de 2014).

Todo este pasado de exclusión que narro ahora no es para que la llamada clase media desista de defender a la oligarquía, porque sabemos que eso no va a ocurrir. No, no soy tan ingenuo. Lo recuerdo para que los chavistas, agobiados y desmoralizados por la guerra económica y mediática, abandonen la idea de abstenerse en las próximas elecciones parlamentarias. Es cierto, la guerra mediática se agudiza, pero aquí nadie se rinde. No es tiempo de recular. Todo el mundo en sus puestos de combate.

Vamos Karen, vamos Mario, que sus voces sean disparos. Unidad, lucha, batalla y victoria. Termino este artículo con un solidario mensaje de tuit de la periodista Karen Méndez escrito el 21 de febrero, dirigido a Mario Silva, conductor del programa La Hojilla que transmite VTV. [1]:

Karen Méndez @karenmendezl
@LaHojillaenTV Bienvenido Mario!!! Bienvenido al lugar que siempre fue tu casa!!! Éxitos!!!



Publicado en Aporrea.org el 03/03/15

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