La sangrienta venganza de la burguesía cuando derrota una revolución

Fernando Saldivia Najul
23 diciembre 2010



«Cuando una clase ha perdido la superioridad moral que la hacía predominante, debe desvanecerse si no quiere ser cruel, porque la crueldad es el único recurso de los poderes que caen». [1]

Barricada de la Plaza Blanche, defendida
por mujeres, durante la Semana Sangrienta.
Esto lo decía Varlin, obrero, héroe y el mártir más glorioso de la Comuna de París. Y no se equivocaba. Más tarde sufriría en carne propia la venganza de la alta burguesía cuando ésta, tras ocho días de combate desigual, derrotó a la Comuna de París. Se trata de la gloriosa Revolución obrera de París de 1871. Revolución, que por cierto, fue apoyada por la clase media parisina que se encontraba arruinada por la gran burguesía financiera.

Nos cuenta Lissagaray, miembro de la Comuna, que el camarada Varlin fue arrastrado durante más de una hora por las empinadas calles de Montmartre. Cuando llegó a la calle Rosiers, al estado mayor, ya no podía ni caminar. Para fusilarlo lo tuvieron que sentar. Luego los soldados destrozaron su cadáver a culetazos. [2]

Las calles de París estaban cubiertas de cadáveres. El Sena estaba jaspeado por un largo reguero de sangre que pasaba bajo el segundo arco del puente de las Tullerías. Mujeres elegantes iban a mirar los cadáveres y, para gozar de los valerosos muertos, levantaban sus últimas ropas con la punta de sus sombrillas.

Los mayores asesinatos no tuvieron lugar hasta después de la batalla. El ejército, que no disponía de policía ni de informes precisos, mataba a diestra y siniestra. Cualquiera que señalase a un transeúnte con un nombre revolucionario, podía hacerlo fusilar. Algunas mujeres y niños seguían a su marido, a su padre, gritando: “Fusílenos con ellos”.

Los periodistas versalleses publicaban los nombres, los escondites de aquellos a quienes había que fusilar. Se mostraban inagotables en invenciones para atizar el furor del burgués. Después de cada fusilamiento, gritaban: “Hay más. Hay que cazar a los comunalistas”. [3]

Ya nosotros en Venezuela vimos algo de esto durante la dictadura de Carmona, cuando desde Globovisión se llamaba la madrugada del 12 de abril a “denunciar a los chavistas del vecindario”.

En París fusilaron a veinte mil personas, de las cuales tres cuartas partes, por lo menos, no habían combatido. Los oficiales bonapartistas no desmayaban en su ferocidad. Remataban con sus propias manos a los prisioneros. A muchos los enterraron vivos. Thiers, el despiadado representante de la burguesía francesa, telegrafió a sus prefectos: “El suelo está sembrado de sus cadáveres. Este espantoso espectáculo servirá de lección”. [4] Por su parte, los curas, grandes consagradores de asesinatos, celebraron un oficio solemne ante la Asamblea en pleno. [5]

Luego vino el calvario de los prisioneros. Los cautivos, formados en largas cadenas eran conducidos a Versalles. Al que se negaba a andar lo aguijoneaban con la bayoneta. Si se resistía, lo fusilaban sobre la marcha o lo ataban a la cola de un caballo. Ante las iglesias de los barrios ricos se les obligaba a arrodillarse, con la cabeza descubierta, mientras la turba de lacayos, elegantes y prostitutas gritaba: “¡Mátenlos! ¡Mátenlos! ¡No vayan más lejos! ¡Fusílenlos aquí mismo!”.

La multitud los esperaba a la entrada de Versalles. Siempre lo más escogido de la sociedad francesa: funcionarios, diputados, sacerdotes, mujeres de todas las esferas. Las avenidas de París y de Saint-Cloud estaban bordeadas por estos salvajes que rodeaban a los convoyes son su griterío y sus golpes, arrojándoles inmundicias y cascos de botellas. Se veían mujeres del gran mundo, que insultan a los prisioneros a su paso e incluso los golpeaban con su sombrilla. Algunas recogían polvo con sus enguantadas manos y lo arrojaban a la cara de los cautivos.

Hubo cuatrocientas mil delaciones. Las denuncias llegaron a la fabulosa cifra oficial de 399.823, una veinteava parte de las cuales, a lo sumo, iban firmadas. Las equivocaciones fueron innumerables. La mayoría de esas denuncias se debe a la prensa. Por espacio de varias semanas ésta vivió de atizar la rabia y el pánico de los burgueses.

En suma, veinte mil hombres, mujeres y niños, muertos durante la batalla o después de la resistencia en París y en las provincias. Tres mil, por lo menos, muertos en los depósitos, en los portones, en los fuertes, en las cárceles, en Nueva Caledonia, en el destierro, o de enfermedades contraídas en el cautiverio. Trece mil setecientos condenados a penas que para muchos duraron nueve años. Setenta mil mujeres, niños y viejos, privados de su sostén natural o arrojados fuera de Francia. Ciento siete mil víctimas, aproximadamente. Tal es el balance de la venganza de la alta burguesía por la revolución de dos meses del 18 de marzo. [6]

Podemos ver cuán despiadada es la burguesía apropiadora contra el Pueblo productor. Cuánto desprecio por la clase que produce la riqueza. Thiers, el representante de la burguesía, era partidario del “máximo rigor”, para poder lanzar su célebre frase: “El socialismo ha acabado por mucho tiempo”. [7]

Así es cómo nuestros enemigos de clase acostumbran a pacificar al Pueblo cuando lucha por liberarse de la explotación. Esto me hace recordar la conversación telefónica que sostuvieron dos sindicalistas patronales cuando planeaban en 2003 otro golpe de Estado contra el Pueblo de Venezuela para pacificarlo y recuperar el botín. Uno de ellos comentaba:

— Yo no tengo problema, yo estoy ya mentalmente preparado para esa vaina. ¿Cuántos años son: 10, 20, 30, 200? Lamentablemente yo creo que vamos a necesitar de unos 10, 12 o 15 años de dictadura para poder rescatar esa vaina. [8]


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[1] H. Prosper-Olivier Lissagaray, La Comuna de París. Monte Ávila Editores Latinoamericana C.A. Caracas, 2009, p. 29.
[2] Ídem, p. 579-580
[3] Ídem, p. 580.
[4] Ídem, p. 582.
[5] Ídem, p. 586.
[6] Ídem, p. 712.
[7] Ídem, p. 575
[8]http://www.asambleanacional.gob.ve/index.php?option=com_content&view=article&id=5724&lang=es


Publicado en Aporrea.org el 23/12/10

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Ese loco, con ese cañón, se va a acabar

Fernando Saldivia Najul
09 diciembre 2010



Esto lo dijo el Comandante Chávez el año pasado refiriéndose a un directivo de Globovisión. Pero parece que no era un loco, sino varios locos manejando un cañón. Incluso pueden operar este cañón a distancia desde el Congreso de Estados Unidos en Washington, donde recientemente se realizó una reunión de nuestros enemigos de clase de América Latina para atacarnos.

No podemos olvidar que Globovisión es un componente de las fuerzas de operaciones psicológicas del imperialismo en la actual guerra mediática de clases. Globovisión es un arma de guerra. Un arma que dispara mentiras y distorsiona la realidad para exacerbar el odio y agudizar la lucha de clases. Pero eso si, una lucha donde corra la sangre de trabajadores enfrentados a trabajadores, y no la sangre de la burguesía. Porque los burgueses ni siquiera van para las marchas. Ellos mandan a los pendejos.

Hasta ahora la respuesta administrativa del Estado a la ofensiva mediática ha sido débil. Pero eso está cambiando. Según pude leer el miércoles en Aporrea, el Estado venezolano asumió el control del 20% de Globovisión. Es decir, el Estado a través de Fogade tendrá el papel de accionista para percibir dividendos y presentarse en asamblea de accionistas. Algo es algo, pero no es suficiente.

Por lo pronto los directivos de Globovisión y sus operadores políticos perdieron una batalla, y cuando pierden una batalla hacen llamados a la libertad de expresión. Bueno, que agiten, no importa. ¿Qué nos puede importar la libertad de expresión burguesa, cuando ésta nos oprime? Nada. Si nos agüevoniamos con este cañón disparándole a las mentes menos concientes, podemos perder la revolución. Se han visto casos. Una de las razones por la que se perdió la Comuna de Paris, en 1871, fue la falta de decisión y energía en suprimir la prensa adscrita al gobierno de Versalles.

El camarada Lissagaray, miembro de la Comuna, nos cuenta que el Comité Central dejaba decir, y protegía inclusive a los que le insultaban. De hecho, habiendo invadido una multitud indignada las redacciones de Le Gaulois y de Le Figaro, el Comité Central declaró en L’Officiel que haría respetar la libertad de prensa, porque sus miembros "esperaban que los periódicos tomaran como un deber el respeto a la República, a la verdad y a la justicia”. [1] Es decir, los miembros del Comité Central confiaban que la burguesía algún día tomaría el camino de la verdad, por tanto, fueron tolerantes ante el engaño, las calumnias, la injuria y el ultraje que lanzaba la prensa burguesa.

Demasiada confianza en la burguesía. Ya sabemos lo que ocurrió. La venganza de la alta burguesía fue extremadamente cruel. Fusilaron a veinte mil personas que en sus tres cuartas partes, por lo menos, no habían combatido. Luego Thiers, el despiadado representante de la burguesía francesa, telegrafió a sus prefectos: “El suelo está sembrado de sus cadáveres. Este espantoso espectáculo servirá de lección”. [2] Esta historia que nos sirva a los trabajadores y trabajadoras venezolanas para entender quién es nuestro enemigo de clase.

Luego Lenin estudió esta experiencia que vivieron las mujeres, hombres y niños de Paris, y entendió la peligrosidad de los periódicos burgueses como arma en la lucha de clases mediática. Para él, el problema de la libertad de prensa no podía separarse de los demás problemas de la lucha de clases. En 1908, en su artículo Lecciones de la Comuna, Lenin advirtió que uno de los errores que destruyó los frutos de la victoria fue la magnanimidad excesiva por parte del proletariado. En lugar de destruir a sus enemigos, este pretendió ejercer una influencia moral sobre ellos.

Poco después de la toma del poder, durante su intervención en la reunión del Comité Ejecutivo Central para defender su proyecto de resolución sobre la libertad de prensa, Lenin dijo: “No podemos ofrecer a la burguesía una oportunidad para calumniarnos. Tenemos que nombrar una comisión de inmediato para investigar los vínculos entre los bancos y los periódicos burgueses. ¿Qué clase de libertad quieren estos periódicos? ¿La libertad de comprar montañas de papel y contratar una multitud de escritores de oficios? Tenemos que evitar la libertad de una prensa dependiente del capital”. [3]

Por su parte, Trotsky distinguía entre lo que es la prensa durante una guerra civil y lo que es después de la victoria. “Una vez en el poder —decía— el proletariado puede verse forzado, por cierto tiempo, a tomar medidas especiales contra la burguesía si la burguesía asume una actitud de abierta rebelión contra el Estado obrero. En ese caso, restringir la libertad de prensa va a la par con todas las otras medidas empleadas en sostener una guerra civil. Naturalmente, si usted se ve forzado a usar artillería y aviones contra el enemigo, no puede permitir que este mismo enemigo mantenga sus propios centros de información y propaganda dentro del campo armado del proletariado”. [4]

Luego, después de la victoria, cuando el poder se consolida, “el monopolio burgués de la prensa debe ser abolido —dice Trotsky—. ¡De otro modo no valía la pena haber tomado el poder! Cada grupo de ciudadanos debe tener acceso a las máquinas de imprimir y al papel (…) El derecho de propiedad de las imprentas y del papel, pertenece, ante todo, a los obreros y campesinos, y sólo después de ellos a los partidos burgueses, que son una minoría”. [5] En otras palabras, algún día tenemos que liberar definitivamente a la opinión pública del yugo del capital. Y esto sólo puede hacerse colocando los medios de producción, incluida la producción de la información pública, en las manos de toda la sociedad.

Por los momentos Globovisión nos sigue atacando. Y lo hace desde el 2002, cuando los medios de comunicación burgueses a través de una operación psicológica modelaron la conducta de la clase media y la condujeron hasta Miraflores. Dieron un golpe de Estado, hubo muertos, y, después de una dictadura de 48 horas, el Pueblo restauró el orden constitucional. Sin embargo, el Estado no tomó medidas contra los medios burgueses. Desde entonces la guerra mediática no ha cesado. Globovisión está día a día en una actitud de abierta rebelión mediática contra el Pueblo de Venezuela, y esta situación nos puede conducir a una guerra civil. Nosotros aún no hemos alcanzado la victoria. Estamos en una lucha de clases de baja intensidad contra la burguesía local y el imperialismo. Y esta lucha se puede agudizar si no tomamos medidas a tiempo.


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[1] H. Prosper-Olivier Lissagaray, La Comuna de París. Monte Ávila Editores Latinoamericana C.A. Caracas, 2009, p. 186.
[2] Ídem, p. 582.
[3] Lenin, Reunión del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, 4 de noviembre de 1917.
[4] Leon Trotsky, Libertad de prensa y la clase obrera. Revista Clave, México, octubre de 1938. Sin firma.
[5] John Reed, Diez días que estremecieron al mundo. Ediciones Akal, S.A., Madrid, 2007, p. 268.


Publicado en Aporrea.org el 09/12/10
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Psiquiatras en contra de revocar la concesión a Globovisión

Fernando Saldivia Najul
30 noviembre 2010



Las vainas que uno tiene que escuchar. El viernes en la tarde me fui a hacer una diligencia en un centro profesional por el este de Caracas, y mientras esperaba en el café a una amiga que me iba a entregar unos papeles, me tocó escuchar parte de una conversación entre dos jóvenes psiquiatras que al parecer tenían sus consultorios en ese edificio.

Uno le comentó al otro que el cierre de Globovisión de alguna manera les podría perjudicar a ellos porque les disminuirían significativamente los pacientes con depresión y ansiedad. Sin embargo —agregó— debemos reconocer que el daño que hace este canal es arrecho. Y el otro asintió con la cabeza y dijo: “si es verdad, pero lo ideal sería que dejaran esa vaina hasta después del 2012, así puedo terminar de ahorrar para comprarme un penthouse en la Urbanización Campo Alegre”. Y se echó a reír.

Al final no supe si hablaban en serio o estaban jodiendo, pero de que sacan la cuenta la sacan. ¿Por qué? Porque Globovisión es quien les remite la mayor parte de los pacientes. No es paja. Este laboratorio de guerra psicológica tiene ya 10 años manipulando la percepción de la realidad, y sembrando un esquema de distorsión cognitiva en los escuálidos más ignorantes que no les permite entender nada de lo que está pasando en Venezuela ni en el mundo.

Uno puede entender el temor que sienten los escuálidos cuando perciben la amenaza de pérdida de estatus porque la hija o el hijo del obrero están estudiando. Lamentablemente fueron criados para competir con ventajas, y también para “distinguirse”, y aún no han podido romper esas cadenas. Pero el problema con Globovisión es otro. Globovisión les hace percibir amenazas donde no las hay. Amenazas como que este gobierno injusto les va a quitar su apartamento para dárselo a los pobres. Así mismo los he escuchado. Y la pregunta que yo les hago: ¿coño, y para qué el gobierno te va a quitar el apartamento a ti para después tener que quitarle el apartamento a otro para dártelo a ti? ¿No entiendes que si te quitan tu vivienda tendrías que irte a vivir debajo de un puente, y luego como ya serías pobre, el gobierno tendría nuevamente que quitarle la vivienda a otro para dártela a ti? Este ya no sería un gobierno injusto, este sería un gobierno idiota e ineficiente.

Parece mentira, pero estas pendejadas hay que aclarárselas a muchos escuálidos. Razón tenía Epicteto, el filósofo griego. Él decía que “a las personas no les perturban las cosas que les pasan sino la percepción que tienen de las cosas que les pasan”. Y es verdad. Esto les ocurre a los hipocondríacos cuando maximizan las enfermedades y se le pasan buscando por todo el cuerpo una enfermedad mortal. No es muy difícil imaginar lo que viven. Si uno ve a una hormiguita caminando hacia uno, uno la ve como un bichito inofensivo, pero si uno le pone la lupa, esta misma hormiguita se transforma en un monstruo. Bueno, lo mismo le ocurre a las personas que distorsionan en este sentido.

Y Globovisión lo sabe. Cuando este laboratorio de guerra envía a sus empleados a la calle para hacer un reportaje sobre la basura, por ejemplo, le indican al camarógrafo que cuando encuentre un montoncito de basura arrimado en el recodo de una acera, acerque la imagen hasta que la basura cubra todo el lente, y si tiene moscas mucho mejor. Con esto se logra percibir que todo en Caracas es basura y que la basura se está acercando a nosotros. Así se logra magnificar el problema a tal punto que cuando uno está acostado en la cama viendo la televisión, percibe que la basura se le viene encima con moscas y todo. No exagero. Una amiga me confesó que cada vez que recibe de Globovisión estos mensajes se pone a limpiar todo el apartamento, como si realmente estuviera amenazada de contaminarse.

De modo que nuestra manera de actuar y sentir depende de cómo interpretemos la realidad. Y si la realidad la vemos por Globovisión, nos jodimos. Porque como ya dijimos, Globovisión manipula la información para activar en los escuálidos la percepción de pérdida de beneficios personales. Por el temor real que tiene la oligarquía de perder privilegios, este canal enferma a las personas con el propósito de que defiendan los intereses de la oligarquía. Le hacen creer a la clase media que tiene los mismos intereses que la oligarquía. Confunden la propiedad privada de los medios básicos de producción con la propiedad privada personal. Le dicen que le van a quitar su vivienda, cuando en realidad el gobierno está defendiendo a la clase media de la burguesía inmobiliaria que la está expropiando.

Muchas personas han sido víctimas de la manipulación de las percepciones, y ya tienen un pensamiento distorsionado de la realidad. Se trata de un trastorno cognitivo, o sea, un error cognitivo. Cuando procesan la información sacan conclusiones disparatadas. A través de una “comunicación planeada” Globovisión logra alterar la conducta de los usuarios para que salgan a contrarrestar amenazas ficticias. Este canal les induce la percepción de una amenaza falsa, como la pérdida de un bien personal, y esta creencia les modifica las actitudes, y luego se disponen a enfrentar la amenaza. Pero como la amenaza es falsa, el conocimiento que se forma la persona sobre la realidad es distorsionado, es decir, se forma distorsiones cognitivas, y termina por aparecer un trastorno cognitivo. Y esta distorsión del pensamiento influye en el estado de ánimo y en la conducta de las personas. Les produce miedo, ansiedad, rabia. De hecho, algunos han tenido que acudir al médico para que los ayude a modificar las cogniciones distorsionadas y las alteraciones conductuales que esto conlleva. En otras palabras, Globovisión es la verdadera amenaza.

Pero el arma favorita del imperialismo es la técnica de la satanización o demonización. Esta técnica la ha aplicado Globovisión contra el Comandante desde antes del golpe de estado del 2002. Y el daño es casi irreversible. La propaganda contra la figura del líder es incluso más dañina que la propaganda anticomunista. De hecho, hay mujeres que odian más a Chávez que al mismo comunismo. Escuálidas enfermas han alcanzado tal nivel de odio, que me han llegado a decir que ellas estarían dispuestas a vivir en comunismo pero con tal de que Chávez no salga más por televisión. Increíble.


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Publicado en Aporrea.org el 30/11/10
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Por qué la burguesía no quiere que el hijo del obrero entre en universidades como la UCV, USB, UC, LUZ y ULA

Fernando Saldivia Najul
20 noviembre 2010



Manifestación de los años 70 en un 
barrio popular de Barcelona, España.
El capitalismo es necesariamente jerárquico y una de las funciones esenciales del sistema educativo es asegurar la reproducción del orden social y sus desigualdades subyacentes. De tal manera que las universidades públicas de élite como la UCV, USB, UC, LUZ y ULA a través de pseudo élites de clase media, privilegiadas y subordinadas a los intereses de la burguesía, participan activamente en la reproducción de las jerarquías sociales.

De modo que los sirvientes de la burguesía tienen necesariamente que cerrarle las puertas de la universidad al hijo del obrero para que se vea obligado a estudiar cursos cortos, y se entregue al mercado laboral. De esta manera, venderá su fuerza de trabajo principalmente en trabajos manuales, y le facilitará al burgués reponer la mano de obra desgastada, que no por casualidad son sus mismos progenitores.

Durante la cuarta república, cuando el imperialismo nos impuso el neoliberalismo se llegó al colmo de la discriminación. Mientras el hijo del burgués estudiaba de manera gratuita en las universidades públicas, la hija del obrero que se sintiera motivada a continuar estudiando, se veía obligada a costearse sus estudios en institutos tecnológicos privados. Esto es insólito. Pero llegó la Revolución y se creó la Misión Sucre.

Ahora la batalla es contra un muro medieval. La vieja estructura del claustro medieval de estas universidades autónomas son verdaderas dictaduras donde el consejo universitario tiene un poder casi absoluto sobre los estudiantes y trabajadores. Pseudos élites que confunden la autonomía con soberanía. Es decir, cierta libertad académica que les concede el Estado la confunden con la plena independencia. O mejor dicho, confunden a sus escuálidos.

Estas universidades son espacios de poder independientes del Pueblo. El mismo Pueblo que las financia por medio del Estado, pero que no están sujetas a su control. Es decir, son verdaderos instrumentos de la lucha de clases bajo control de la burguesía y manejados por sus sirvientes. Y no podía ser de otro modo. La educación burguesa heredó el carácter de clase de la educación feudal que se ha mantenido desde el mismo nacimiento del modo de producción capitalista. Es decir, la educación es para el hijo del burgués y no para el hijo del obrero. Al hijo del burgués se le educa, entre otras cosas, para dirigir, administrar, explotar y dominar, y al hijo del obrero se le forma para el trabajo manual y la sumisión. Y eso lo demuestra la historia de la ideología burguesa.

Martín Lutero, interprete de la burguesía, decía que “el tesoro mejor y más rico de una ciudad es tener muchos ciudadanos puros, inteligentes, honrados, bien educados, porque éstos pueden recoger, preservar y usar propiamente todo lo que es bueno”, y por otro lado decía que “al Señor Todo el Mundo —refiriéndose a los trabajadores— se lo debe empujar corporalmente a trabajar y a cumplir con sus deberes piadosos, como se tiene a las bestias salvajes en prisión y encadenadas.” Y en otra oportunidad agrega: “Ninguna tolerancia, ninguna misericordia con los campesinos. Se les debe tratar como a perros rabiosos”. [1]

La intención del protestantismo fue educar a la burguesía acomodada. Pero Lutero no era el único que pensaba así. Los jesuitas también se esforzaron en captar la educación de los nobles y de la burguesía acomodada, para dar a sus alumnos la mejor enseñanza compatible con los intereses de la Iglesia y de su orden que estaban amenazadas. Nunca pensaron en la educación de la pequeña burguesía y de los trabajadores. Los jerónimos tampoco deseaban instruir a las masas. Tomás de Kempis, el autor de La Imitación de Cristo, les decía: “Guárdate del deseo de saber demasiado (…) es un gran insensato el que busca otra cosa que no es la de servir a su propia salvación.” [2]

¿Y qué decía John Locke? Este pedagogo y economista pensaba que "los hijos de los trabajadores son normalmente una carga para la parroquia, y por lo general son mantenidos en inactividad, de modo que se pierde su trabajo hasta que alcanzan 12 o 14 años de edad". Locke sugiere que se establezcan "escuelas de trabajo” para los niños pobres en cada parroquia de Inglaterra, con el fin de que los infantes “a partir de los 3 años de edad conozcan el trabajo." [3]

¿Y qué pensaba Voltaire? Este interprete de la alta burguesía y la nobleza ilustrada en una oportunidad le escribió a su amigo el rey de Prusia: “Vuestra Majestad prestará un servicio inmortal al género humano si consigue destruir esa infame superstición [la religión cristiana], no digo en la canalla, [el pueblo] indigna de ser esclarecida y para la cual todos los yugos son buenos, sino en la gente de bien.” [4]

¿Y qué hay de Rousseau? El camarada Anibal Ponce asegura que Rousseau no pensó para nada en la educación de las masas sino en la educación de un individuo suficientemente acomodado como para permitirse el lujo de costearse un preceptor. Su Emilio es, en efecto, un joven rico, que vive de sus rentas y que no da un solo paso sin que lo acompañe su maestro. [5]

¿Y Mirabeau? Este político de la revolución burguesa en Francia, se oponía a la gratuidad de la enseñanza, porque en esa forma se rebajaría el nivel de la misma al sustraerla a la competencia, y porque en esa forma también, “se arrancarían muchos hombres de su sitio natural”. [6] Más claro imposible. Mirabeau quiere decir que cada uno de los miembros de una sociedad participa en la educación de acuerdo a su “destino económico”, y a sus “circunstancias sociales”.

Más que suficiente para entender el carácter de clase de la educación en nuestra sociedad. La pelea es peleando. Los cambios pedagógicos fundamentales se imponen con el triunfo de la clase revolucionaria que los reclama. Lenin no creía en reformas superficiales. En el primer Congreso Pan-Ruso de 1918, Lenin decía: “Alguien nos reprocha de hacer de la escuela una escuela de clase. Pero la escuela ha sido siempre una escuela de clase. Nuestra enseñanza defenderá por eso, exclusivamente, los intereses de la clase laboriosa de la sociedad.” [7] Es decir, educar para liberarnos de la dictadura del capital. Y con simples reformas no alcanzaremos nuestros objetivos. Las reformas se pueden emplear como un medio, pero no pueden ser un fin en si mismo como acostumbra la derecha. Derecha que por cierto pasa bastante trabajo cuando las élites del sistema educativo son más clasistas que los políticos de turno.

Lo digo porque recientemente el gobierno de derecha francés intentó reformar las escuelas de élites francesas, y pidió a estos centros de enseñanza que diseñen mecanismo para permitir el ingreso de un 30% de alumnos becados por el Gobierno. El objetivo es que estas escuelas exclusivas se abran a la sociedad y acojan en sus aulas a estudiantes de escasos recursos.

Por supuesto, la reacción fue inmediata. Los directores de las Grandes Escuelas, centros que son elitescos con relación a las Universidades, y que han dominado el sistema nacional de educación superior por más de dos siglos, rechazaron la medida. La Conferencia de las Grandes Escuelas (CGE), el órgano que las agrupa y las representa, emitió un dictamen donde expresa que el libre ingreso a las Grandes Escuelas bajaría el nivel, y por lo tanto, han dejado claro de manera enfática que "los niveles de los concursos deberán seguir siendo los mismos para todos". [8] Esto ya lo había escuchado antes.

Por parte del gobierno, el Comisionado de Diversidad e Igualdad de Oportunidades, Yazid Sabeg, criticó el rechazo de las Grandes Escuelas a la propuesta de inclusión del gobierno. Esto dijo indignado: "Los pobres no amenazan la calidad de nuestras escuelas ni la de los estudiantes que se gradúan. Decir eso es escandaloso. Además, la Conferencia de las Grandes Escuelas esta sujeta a una política que se conduce al más alto nivel del Estado. Hay un gobierno que lleva a cabo la política educativa de este país, hay un importante financiamiento público (...) Todas estas escuelas están sujetas a una línea política y la línea política de hoy es hacer de la apertura social una cuestión muy fundamental de la política educativa”. [9]

También el director del Instituto de Estudios Políticos de París, Richard Descoings, criticó el rechazo de las Grandes Escuelas a la propuesta del gobierno. Refiriéndose a la negativa de los directores de las Grandes Escuelas a facilitar el ingreso de los becarios, Descoings se expresó de esta manera: «¡Es una reacción antisocial en toda su amplitud!» Es decir, «la inteligencia, la curiosidad intelectual, la capacidad de trabajo, todo eso [según las élites] sería exclusivo de “los ricos”, porque facilitar el ingreso a los becarios, es decir, a la clase obrera y a las clases medias bajas, significaría “bajar el nivel”». [10]

Aparentemente el gobierno de derecha francés intenta una reforma del sistema educativo francés, uno de los más elitescos del mundo. Sin embargo, doscientos años de privilegios no se entregan tan fácilmente. Se trata de controlar la reproducción del orden social burgués. Las Grandes Escuelas más importantes reciben principalmente a los estudiantes que pertenecen a la clase dominante y son preparados para dirigir la alta administración, la industria, la banca, la investigación, etc. En otro nivel, están las Universidades que acogen a una parte importante de estudiantes provenientes de clases populares, quienes son formados principalmente para cargos técnicos y mandos intermedios. De esta manera se reproduce el orden social necesario para mantener el sistema capitalista, es decir, la dictadura mundial del capital, que se extiende desde el centro capitalista europeo hasta aquí en la periferia donde los estudiantes revolucionarios de Venezuela están dando la batalla.


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[1] Anibal Ponce, Educación y lucha de clases. Editores Mexicanos Unidos, S.A. 4ª Edición, Marzo de 1981. pág. 156 -157
[2] Tomás de Kempis, La Imitación de Cristo, Capítulo II.
[3] John Locke, An Essay on the Poor Law, 1697.
[4] Anibal Ponce, pág. 175
[5] Ídem, pág. 179
[6] Ídem, pág. 183
[7] 21 Ver Lenin y la Juventud, págs. 27-28, ediciones del Secretariado Sudamericano de la Internacional Juvenil Comunista, Buenos Aires, 1920. (Citado por Ponce, cap. 8).
[8]
http://mobile.lemonde.fr/societe/article/2010/01/04/les-grandes-ecoles-opposees-aux-quotas-de-boursiers_1287198_3224.html
[9] http://www.lefigaro.fr/flash-actu/2010/01/04/01011-20100104FILWWW00583-sabeg-furieux-contre-les-grandes-ecoles.php
[10] http://www.20minutes.fr/article/373916/France-Les-grandes-ecoles-contre-les-quotas-de-boursiers.php

Publicado en Aporrea.org el 20/11/10 
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A mí Chávez no me ha dado nada

Fernando Saldivia Najul
20 octubre 2010


Esto se lo escuché esta mañana a una mujer de la clase obrera que se encontraba reunida con sus compañeras en la Plaza Brión de Chacaíto. No alcancé a escuchar más nada, solo escuché: “a mi Chávez no me ha dado nada”, y seguí de largo. Por supuesto que ni me molesté en meterme en la discusión, porque segurito que iba a salir todo arañado. Me quedé sano, para mejores contiendas.

Pero no es la primera vez que observo esta manera “adeca” de entender la revolución. Entre tantas veces, recuerdo una en particular cuando me encontraba en la cola para pagar en la caja del abasto PDVAL en la Urbanización Los Cortijos. Allí conversé con una mujer en la cola y me comentó: “Nosotros los pobres ayudamos a Chávez para que se montara en Miraflores, ahora a él tiene que ayudarnos a nosotros”. Así mismo camaradas. Se me quedó grabado ese comentario. Es algo así como dando y dando. Es decir, nosotros ayudamos a Chávez para que “disfrute” del poder, pero con la condición de que nos devuelva el favor. Esto no es otra cosa que la ideología del favoritismo político.

En vista de que no son pocas las personas que entienden la política y la revolución de esta manera, y preocupado por la abstención chavista en las pasadas elecciones para diputadas y diputados, creo que es oportuno hacer un breve análisis sobre el daño que causa a la revolución este fenómeno del favoritismo político.

Las causas de la abstención son varias, obviamente, y unas son más influyentes que otras. Muchas de ellas ya se han analizado en Aporrea. Pero en lo particular quiero referirme a las prácticas de clientelismo, nepotismo, o amiguismo, propias del favoritismo político a que nos acostumbraron los adecos y copeyanos en la cuarta república, y de la que hoy todavía no nos hemos deslastrado. De hecho, la expresión “a mi Chávez no me ha dado nada” es prueba de ello. Y pienso que pudiera ser una de las causas que tiene mayor incidencia en la abstención chavista de las pasadas elecciones.

El intercambio de favores pervive. Los burócratas privatizan lo público para ganar poder. Regulan la concesión de prestaciones, sobretodo en las comunidades menos organizadas. Utilizan las prestaciones sociales que aún no están disponibles universalmente, como becas, pensiones, créditos, viviendas, etc., para concederlas a familiares, amistades, o clientes, quienes precisamente no son los más necesitados. Esto genera constante resentimiento y celos personales, y también celos comunales. Este resentimiento producto del favoritismo político puede crecer, es oportuno decirlo, cuando le sumamos el malestar que causa la exposición de algunos burócratas cuando circulan con camionetas 4x4, o cuando se sientan en restaurantes burgueses, y también le pudiéramos agregar los celos por los privilegios que disfrutan algunos “militantes” que habitan en las mismas comunidades.

Lamentablemente todo esto empaña la acertada política de inclusión que ha llevado a cabo el Comandante Chávez junto con los servidores públicos más honestos y revolucionarios, y en especial, en las áreas de alimentación, salud y educación.

Estamos seguros que esta práctica perversa del favoritismo político perjudica el liderazgo del Comandante Chávez. Muchos de los afectados señalan a Chávez como el responsable de la selección de los servidores públicos, como si fuera fácil conocer a tantas personas honestas y revolucionarias que acompañen al Presidente y asuman los cargos públicos más importantes.

Cuando uno se encuentra con una persona que se queja de quienes rodean al Comandante, y le pregunta: ¿con cuántas personas te has relacionado a lo largo de tu vida, que nunca te hayan echado una vaina, y que sean de tu entera confianza? Hacen un poco de memoria, y contestan: dos o tres. Entonces —le repregunto— ¿y por qué esperas que el Presidente conozca a tantas personas honestas y revolucionarias para asignarles todos los cargos públicos importantes que se requieren, si tú solo conoces dos o tres? Y me contestan: Ah verdad, nunca había pensado en eso. No obstante la respuesta, a la vuelta se les olvida lo hablado.

Se les olvida que las mujeres y hombres nuevos son pocos, y muchas veces son apartados del camino por los burócratas. Pero no todo es malo. Viendo el lado bueno, estos obstáculos orientan a los camaradas honestos y revolucionarios a trabajar en los movimientos sociales donde seguramente son más necesarios para consolidar la revolución.

Parece mentira, pero es muy fácil olvidar los logros de la Revolución, y tener presente en la mente solamente lo que no se ha logrado. Esto es reforzado diariamente por el enemigo de clase a través de sus medios. A través de sus operadores políticos, la burguesía es experta en manipular a los trabajadores al momento de hacer una evaluación y balance de los resultados del proceso revolucionario. Pero está claro que no podemos echarle la culpa a nuestros enemigos por no haberlos derrotado en algunas de las batallas mediáticas. Esto sería absurdo.

Asumamos nuestro barranco. Tenemos chavistas desmemoriados. La desmemoria es tal, que incluso a muchos se les ha olvidado que las Misiones son logros del Gobierno Revolucionario. Lo ven como algo normal, que tiene mucho tiempo. No recuerdan que las Misiones no existían cuando gobernaba la derecha hace apenas 11 años.

Además, muchos de los que fueron excluidos por el Pacto de Punto Fijo, ya han sido beneficiados por las políticas de inclusión del Comandante, han salido de la pobreza, tienen vivienda, y ahora aspiran a ascender a las capas medias consumistas porque ven a los escuálidos que siguen consumiendo igual y más que antes. Por supuesto, vivimos en una sociedad de clases, y estamos en permanente competencia por tener. Además, ahí todavía tenemos a las telenovelas y las cuñas que nos recuerdan día a día cómo debemos vivir para ser aceptados. Pero nuevamente debemos estar claros que no podemos responsabilizar a nuestros enemigos por nuestra insuficiente programación socialista, ni por nuestra debilidad para obligarlos a moderar el mensaje consumista. Dije debilidad, si, porque querámoslo o no, en esta lucha de clases que se empieza a agudizar en el continente, nos relacionamos a través de las fuerzas con la que cuenta cada clase, y por tanto, la moral y el derecho positivo desaparecen. Un juicio moral o jurídico contra los medios burgueses cada día pierde más sentido porque precisamente la moral y las leyes se están decidiendo en la lucha de clases.

Pues bien, retomando la idea central, las personas víctimas de la ideología y práctica del favoritismo político, tienen poca o ninguna voluntad de poder y no participan. Esperan más ayuda, más asistencia y a corto plazo por parte de quienes han apoyado en pasadas elecciones. Recordemos que aun pervive la idea del gobierno paternalista de turno, del gobierno que viene, del que podría mejorar mi calidad de vida material. Para muchos la revolución es un gobierno de turno, y no un proceso de liberación que puede durar hasta dos o tres generaciones más. Y, por supuesto, sabemos que el triunfo solo sería posible si nos acompañan los demás pueblos del mundo.

Aunque a ciencia cierta todavía no sabemos cuánta de esa abstención es contra los burócratas y cuánta es contra el líder que se rodea de burócratas —como dicen muchas de ellas y ellos—, de continuar con la ideología y la práctica del favoritismo político heredada de la cuarta república, la amplia popularidad del Comandante pudiera verse afectada en las elecciones del 2012. El enemigo sacará provecho de esto, como ya lo ha hecho, y capitalizará los votos descontentos con promesas al mejor estilo de la cuarta república.

Eso lo sabremos el 2012. A menos que se hagan estudios científicos, con la debida participación investigativa de las comunidades, y podamos entender todas las causas de la abstención. Con estudios científicos podremos descubrir la realidad objetiva, a fin de poder inventar, planificar y construir sobre terreno firme y dejar de construir castillos en el aire con interpretaciones subjetivas, como esta que estoy escribiendo ahora, y así evitarnos sorpresas electorales.

Solo la organización de las comunidades, con teoría y práctica revolucionaria, que impulse la destrucción del estado burgués al tiempo que construya el estado obrero y comunal, libre de burócratas, podrá salvar la revolución. La organización de las comunidades le dará más fuerza al Comandante para deslastrarse de los burócratas, y desmontar progresivamente el viejo estado burgués.

Por supuesto, todo esto es a riesgo de que renazca el burocratismo en las nuevas organizaciones por falta de conciencia socialista. Todavía no estamos vacunados. Por ejemplo, víctimas de la ideología del favoritismo político heredada, ya se ha visto esta práctica por parte de algunos voceras y voceros en algunos Consejos Comunales. Pero también es verdad que la contraloría social a este nivel de gobierno es más efectiva. En la medida que se agudice la lucha de clases sin duda aumentará la conciencia socialista, y cada día será menos necesaria la contraloría social. Eso espero.


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Publicado en Aporrea.org el 20/10/10
http://www.aporrea.org/ideologia/a110619.html

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El Cimarrón Guillermo Ribas puso a correr a terratenientes de Barlovento y los Valles del Tuy

Fernando Saldivia Najul
23 agosto 2010



Estatua del Cimarrón Guillermo Ribas
en la comunidad de El Mango de Ocoyta,
Barlovento, Estado Miranda.
Durante tres años, desde 1768 hasta 1771, 40 años antes del 19 de abril de 1810, el Negro Guillermo Ribas junto a sus compañeros y compañeras de lucha se rebelaron contra la esclavitud del régimen español en Venezuela, y fundaron el Cumbe de Ocoyta.

En Panaquire y los Valles del Tuy liberaban a los esclavizados, ocupaban las haciendas y destruían los cuerpos armados destacados en su persecución. Las tropas coloniales no tenían vida con Guillermo y su gente. Los hacendados se cagaban todo cada vez que sus esclavizados los amenazaban con Guillermo. El Cabo de Guerra de Panaquire era testigo de eso. Decía que ”los esclavos de las haciendas de aquellos valles vivían con tanta libertad que no eran osados los amos y mayordomos para castigarlos porque les decían que irían donde su Capitán Guillermo”[1] Es decir, los amenazaban con llamar al Capitán Guillermo, y se chorreaban. De hecho, el Negro Guillermo junto a sus compañeros de lucha los ponían a correr. Muchos de los hacendados huían hacia Caracas.

El espíritu libertario de los Negros los empujaba a liberarse de la crueldad por parte de los hacendados, y desarrollaron sus propias formas de lucha. La crueldad no tenía límites. Por ejemplo, en los ingenios de Curiepe se castigaba a los Negros esclavizados obligándolos a permanecer muchas horas de pie dentro de una estrecha cámara instalada al lado de las calderas. De esta forma los sometían a un proceso de debilitamiento por el calor excesivo. ¡Qué bolas! Hasta no hace mucho se podían ver esas cámaras de castigo. En la década de los 60, el historiador Miguel Acosta Saignes conoció personas en Curiepe que aseguraban haber visto ese recinto en edificaciones antes de que desaparecieran.[2]

El Negro Guillermo contaba con gran cantidad de gente armada y con el apoyo de los indios. Los mulatos, zambos y morenos libres también colaboraban. Por ejemplo, los mulatos libres que habitaban en las villas denunciaban los movimientos de los soldados y les prestaban ayuda material a los insurrectos.

Guillermo, junto a su lugarteniente Francisco Mina, Juana Francisca, María Valentina, Manucha Algarin, Marta Sojo, y muchos más, [3] lucharon con heroísmo por establecer un espacio libertario en las montañas de Ocoyta. Y así lo hicieron. Construyeron un cumbe en el monte, el Cumbe de Ocoyta, donde vivían libres en comunidad hombres, mujeres y niños que se escapaban del yugo de los terratenientes. Pero no todos eran esclavizados.

En el Cumbe de Ocoyta existía un activo centro de resistencia y ataque. Contaban con armas de fuego y pólvora. Guillermo se desplazaba desde Ocoyta hasta Chuspa y desde Ocumare hasta Barcelona para estrechar relaciones, practicar el comercio de cacao y planear los ataques a las haciendas y pueblos donde residían los amos o sus representantes.

El Capitán General de la Provincia de Venezuela, Francisco de Arce, consideraba que era indispensable un gran esfuerzo para liquidarlo. El 23 de noviembre de 1771 los hacendados de Panaquire, Caucagua, Taguaza, y Capaya, ofrecieron al Gobernador apoyo monetario para perseguir a Guillermo. Pero no fue necesario. Lamentablemente, ya el 10 de noviembre de 1771, habían asesinado a Guillermo. El soldado José Alejandro Medina, declaró que las tropas cercaron el cumbe. Guillermo salió de su vivienda con una tercerola, dando voces a sus compañeros y compañeras, diciéndoles: “muchachos, nos agarran”. Cogió un frasco de pólvora y con su tercerola y su sable, se salió fuera del rancho con los demás, armados unos, y otros sin armas. Pero las fuerzas coloniales eran superiores, y tiraron carga cerrada a los Negros, y resultó muerto el Negro Guillermo y su lugarteniente Francisco Mina.

La resistencia del Negro Guillermo y su gente, deja lecciones y es un elemento de inspiración para las luchas sociales en Venezuela, y la guerra del pueblo contra el imperialismo.

Gracias a la resistencia de los Negros, de los Indios, y la forma de rebeldía de los Pardos, se acumuló experiencia de lucha durante el periodo colonial, y fue posible contar con suficientes factores humanos necesarios para el triunfo de las fuerzas patriotas en la guerra de independencia.

La resistencia de los Negros ha sido y sigue siendo un ejemplo de lucha contra los invasores. La máxima expresión política de la lucha de los Negros esclavizados ocurrió con la toma del poder en Haití, después que los Negros haitianos le dieron una paliza al ejército de Napoleón.[4] Los echaron de las tierras que los haitianos y haitianas trabajaban con sus manos y se convirtieron en la primera república de Nuestra América.


Esquema del Cumbe de Ocoyta [3]

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[1] Las insurrecciones de los esclavos negros en la sociedad colonial, Federico Brito Figueroa. Editorial Cantaclaro, Caracas, 1961, p. 55; y Miguel Acosta Saignes, Vida de los esclavos negros en Venezuela. Hesperides Ediciones, Caracas, 1967, p. 288, ibídem, Ediciones Casa de Las Américas, República de Cuba, La Havana, 1978, p. 204.
[2] Miguel Acosta Saignes, p. 246.
[3] Ibídem, Ediciones Casa de Las Américas, República de Cuba, La Havana, 1978, p. 209
[4] Marines no saben la paliza que los haitianos le dieron al ejército de Napoleón,
http://www.aporrea.org/tiburon/a93775.html


Publicado en Aporrea.org el 23/08/10

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Trabajadoras domésticas chavistas y escuálidas

Fernando Saldivia Najul
18 agosto 2010


A 189 años de habernos liberado de los invasores, genocidas y amos españoles, todavía hay quienes utilizan a la mujer excluida para explotarla como trabajadora doméstica, sin preguntarse siquiera cómo se solucionarán estas tareas en el seno de su propia familia.

Las emplean con la modalidad de interna, por día, por hora o por actividad. Hay quienes se aprovechan de la necesidad que tienen mujeres jóvenes de las zonas rurales para explotarlas como trabajadoras domésticas internas, reducidas casi a la condición de régimen de servidumbre en el que las familias se sienten dueñas de la vida de las trabajadoras. Las tienen más como siervas domésticas que como trabajadoras domésticas. Gracias a la Revolución Bolivariana inclusiva, ahora hay más oportunidades de estudio para las jóvenes y esta modalidad ha venido disminuyendo, pero todavía existe. Les pagan muy por debajo del salario mínimo, y por miedo a que se les vayan, no les dan oportunidades para que estudien, ni tengan amistades, ni encuentren pareja. Las mantienen aisladas. Pero por supuesto, ese aislamiento no puede evitar que los hijos de la casa tengan su primera experiencia sexual con las trabajadoras.

En la relación entre la empleadora y la trabajadora doméstica todavía domina la práctica de la confianza mutua por encima de la ley, y así, fácilmente la autoridad de la empleadora se puede convertir en dominación. Se produce una relación antagónica entre la empleadora de clase media y la trabajadora doméstica. La empleadora abusa del poder, y desprecia y humilla a la trabajadora. Por eso prefieren emplear a mujeres muy necesitadas para que aguanten el maltrato, y exigirles incluso a realizar tareas que ellas no harían aunque dispusieran de tiempo para tareas domésticas. De paso, hay empleadoras que le ponen uniforme a la trabajadora doméstica para negarles la identidad, identificarlas como “sirvientas”, guardar distancia, y poder así reforzar la relación de dominación. Con todo esto tienen los escuálidos otra razón de peso para reaccionar frente a las políticas de inclusión del Comandante Chávez.

El maltrato les produce ansiedad y depresión. De paso, cuando se pierde algún electrodoméstico o una joya inmediatamente la culpan. Nunca es el hijito que se la robó para venderlo e irse de rumba con sus amigos.

Además del maltrato que sufren por su condición laboral, ellas se sienten inferiores por el tipo de trabajo que realizan. Todavía en el imaginario social el trabajo doméstico tiene una connotación servil, propia de la servidumbre. Esto debido a que en la sociedad capitalista industrial el trabajo manual está desvalorizado con relación al trabajo industrial. La máquina vale más que la obrera, pero la obrera que maneja tecnología vale más que la que trabaja con menos tecnología. Además la obrera tiene más estatus porque hace el trabajo de los hombres. Todo esto hace sentir a las trabajadoras domésticas inferiores, sin que olvidemos, claro está, que en mayor o menor medida, obreros, obreras y trabajadoras domésticas son explotados y dominados estructuralmente por el sistema de capital jerárquico vertical y horizontal.

Como podemos ver, no son pocas las razones para que haya trabajadoras domésticas chavistas. Conviviendo con las familias escuálidas ellas se hacen las que no entienden, otras veces le siguen la corriente al discursito diario, pero siempre alertas para esquivar las inyecciones de odio. Eso si, ni se molestan en pedirle permiso a la empleadora para asistir a la asamblea de ciudadanas y ciudadanos de su comunidad. Les toca escaparse o simplemente no participar. Pero al final sí votan calladitas por el Comandante Chávez.

Sin embargo, también hay trabajadoras domésticas escuálidas, sin conciencia de clase, las esclavas perfectas, sumisas, colonizadas mentalmente. Las que practican la moral de los que tergiversaron o falsearon el mensaje del apóstol Pedro, el cual reza: “Sirvientes, sométanse con todo respeto a sus amos, no solamente a los buenos y comprensivos sino también a los malos”[1] También hay las trabajadoras domésticas escualidizadas por Globovisión, por los comentarios de la dueña y asumen su posición política, y llegan a incluso a odiar al comandante más de lo que lo puede odiar la propia empleadora. También hay las menos explotadas, ya sea porque hay poco trabajo, o porque les ponen una ayudante. Les dan mejor trato, comen bien, y creen que pertenecen a la familia acomodada donde trabajan, y de manera subjetiva se autotransfieren el estatus de la familia. Algo parecido a lo que le ocurre a algunas vendedoras alienadas, obreras comerciales, que se envanecen cuando trabajan en una tienda de marca.

En tiempo de la colonia también se veían cosas que costaba entenderlas. El número de esclavas asignadas a las labores domésticas era una muestra de distinción y poder social de la aristocracia. La esclava de casa se convirtió en un artículo de lujo, y estas se creían superiores a las compañeras que trabajaban en la hacienda. Al punto que cuando las esclavas y esclavos de la hacienda las invitaban a escaparse, estas arrugaban porque tenían ciertas comodidades relativas, y por su valoración como objeto suntuoso que lo transformaban en estatus para si. Pero por supuestos, no todos las esclavas de casa eran iguales. También había las que estaban concientes de su condición de esclavas pero eran poco aguerridas y se adaptaban para hacer más llevadera la existencia. Y también había las más valientes que conspiraban contra los amos.

A pesar de que gracias a la Revolución Bolivariana la pobreza disminuyó de 70% a 23% [2], la clase media aún tiene a su disposición mano de obra barata venezolana y además cuenta con la mano de obra barata de inmigrantes provenientes de los pueblos más oprimidos de Latinoamérica. De esta manera la clase media venezolana todavía puede transferir el trabajo de la ama de casa a las trabajadoras domésticas, y estas forzosamente tienen que descuidar las tareas propias de su familia, porque el sueldo no les alcanza para contratar a una persona que haga las mismas tareas en su casa.

Pero esto no es todo. El cuadro que les acabo de pintar no es nada en comparación con el maltrato que se les da a las trabajadoras domésticas en otros países. Cerca de 70 por ciento de las trabajadoras domésticas en Perú son violadas por patronos.[3] El maltrato y discriminación en Perú es criminal. Recientemente el gobierno peruano tomó una medida tímida. Multarán a quienes obliguen a trabajadoras del hogar utilizar uniforme en lugares públicos. [4] Bueno, por algo se empieza.

Por estos lados de América, la Revolución Bolivariana debe continuar con las políticas de inclusión social, y la socialización del trabajo doméstico. Todas las mujeres excluidas por el Pacto de Punto Fijo tienen que estudiar, y todos los hombres privilegiados por el capitalismo machista tienen que limpiar pocetas. Así como el resto de la familia debe contribuir con el trabajo doméstico. Y si este es creativo, mucho mejor.


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[1] 1 Pedro 2:18
[2] http://www.aporrea.org/actualidad/n152754.html
[3] http://www.telesurtv.net/noticias/secciones/nota/73793-NN/cerca-de-70-por-ciento-de-las-trabajadoras-domesticas-en-peru-son-violadas-por-patronos/
[4] http://www.mintra.gob.pe/mostrarNoticias.php?codNoticia=2120


Publicado en Aporrea.org el 18/08/10
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La clase media escuálida venezolana, un bacalao al hombro

Fernando Saldivia Najul
19 julio 2010



Hasta ahora la clase media escuálida no ha visto la posibilidad de establecer pequeños negocios ni conseguir buenos empleos para radicarse en Miami, por lo que no nos queda otra que seguir cargando con ese bacalao al hombro. Parece que Miami solo sirve para ir de paseo y para gastar el dinero que se ganan aquí en Venezuela, gracias a las acertadas medidas económicas del gobierno revolucionario.

Bien. La clase media no es una clase social como tal, es más bien una identidad compartida por capas medias heterogéneas, con una idea de estar ubicado entre los ricos y los pobres. Y dentro de estas capas medias, tenemos a la “clase media escuálida” que es la que defiende y vota por el capitalismo, pero se beneficia del socialismo distributivo.

Quienes se reconocen como clase media escuálida comparten creencias, valores, deseos y temores. Tienen una identidad global de consumo, es decir, están macdonalizados, leen a Paulo Coelho, y ahora su rasgo más característico es su identidad política contrarrevolucionaria. Todas ideas y emociones que surgen como una expresión de sus condiciones sociales de existencia, y sobretodo, producto de la alienación y la manipulación mediática. Pero ellos creen que tienen el control del televisor. Sus valores vienen de familia, y no de la televisión. Creen que pueden fácilmente cambiar de canal cuando perciben que los están manipulando en contra de sus intereses.

No tienen solidaridad política entre ellos porque no tienen un enemigo antagónico de clase a quien combatir, cada quien está en lo suyo para ascender, pero sí los une el temor a padecer las consecuencias de la lucha de clases entre los grandes protagonistas de la sociedad capitalista que son la clase obrera y la clase burguesa. De modo que esta clase media escuálida se ha convertido en la guardiana celosa del orden burgués. Cualquier pequeño temblor los podría dejar caer hacia los pisos más bajos de la pirámide social.

Este sector tiene fe en la rápida movilidad social ascendente a través del comercio y la educación, que les permite distinguirse de los empobrecidos y excluidos, y de esta manera reforzar su autoestima. Defienden la propiedad privada de los medios de producción, aunque no los tengan. Creen en su esfuerzo personal por encima del esfuerzo colectivo. Cuando bajan su calidad de vida material culpan al gobierno revolucionario, y cuando la elevan se lo atribuyen a su esfuerzo personal.

Su forma de trabajo intelectual, que es más individual que colectivo, los hace creer en el esfuerzo personal para ascender. Esto los hace individualistas y poco solidarios hasta con los mismos escuálidos. Solo atienden al llamado de la burguesía para marchar y votar. Son tan individualistas que hasta creen en la felicidad individual porque dicen que la felicidad está dentro de uno. O sea, que el medio lo afecta a uno solo si uno quiere, algo así como control mental, pero igual marchan y votan contra Chávez porque Chávez los hace infelices. No los entiendo, me confunden todo.

De manera que los escuálidos no creen que sus ingresos dependan de nuestra condición privilegiada de país petrolero, o de las políticas económicas y sociales del gobierno revolucionario. Tampoco creen que su nivel de vida material esté asociado a la necesidad burguesa de fortalecer un sector consumista a quién venderle sus mercancías, o bien, de la necesidad burguesa de contar con una base social que amortigüe la lucha de clases. Tampoco se lo atribuyen a las oportunidades discriminatorias que tuvieron. No. Se ofenden cuando se los planteas. Todo lo que tienen es porque se lo ganaron con su esfuerzo personal, y no por privilegios. En todo caso, si ellos tienen privilegios, es porque lucharon para ganárselos. Todo un desorden mental.

Bueno, por estas creencias es que reaccionan contra las políticas de inclusión social del gobierno revolucionario.

La gran mayoría cree en la superioridad del genotipo europeo, de su ciencia, de su tecnología y de su cultura. Creen en la superioridad del trabajo intelectual sobre el manual, y en la superioridad de lo urbano sobre lo rural. No saben definir bien qué significa que algo sea superior o inferior, pero hablan de un tal principio de subordinación que los invita a la obediencia hacia el burgués, y al desprecio hacia el obrero. Les aterra la posibilidad de hacer la cola para pagar en el supermercado con obreras y obreros, o verlos comiendo en el mismo restaurante.

Cuando la burguesía se siente amenazada, les recuerda que ellos son la “sociedad civil moderada y decente”. Tan “moderada” como esa capa media de la que hablaba Aristóteles, necesaria para amortiguar la lucha de clases porque estaba en el justo medio, y el justo medio es la moderación y la virtud. Y tan “decente” como esa aristocracia que se vino a menos y se convirtió en clase media después que los burgueses les arrebataron el poder. Parece que sus creencias tienen una larga historia.

Hace unos días conversaba con un inmigrante europeo, vendedor de comida que prepara su esposa en casa, y le pregunté dónde vivía, inmediatamente me contestó: “en Chacao, donde vive la gente decente”. No es paja. Me quedé loco con la respuesta. Tienen una concepción del mundo más estamental que clasista. Tienen una mentalidad feudal. Ser de clase media escuálida es un estatus social, clase aparte, distancia y categoría. Incluso para algunos ser escuálido es hasta fashion.

Pues bien, es la burguesía la que ensalza y refuerza la identidad de clase media escuálida, con el propósito de que sirva a los intereses burgueses. Para ellos los empobrecidos no son sociedad civil, sino turba. La burguesía fomenta el orgullo de clase media para contrarrestar los lazos de solidaridad con los obreros revoltosos, con la turba, con las hordas. A los miembros más traidores de esta sociedad civil los organiza en pequeños partidos políticos disfrazados de ONG’s financiadas por las agencias de asistencia económica y humanitaria del imperialismo. Y a conspirar se ha dicho.

A través de los medios la burguesía le muestra a la clase media escuálida cómo deben ser, qué deben tener, qué deben consumir, qué deben leer, que imagen corporal deben tener, qué modales deben tener, cómo deben hablar y hasta qué tipo de turismo deben hacer para poder diferenciarse de los obreros y los campesinos.

Laura Pérez, La Sin Par de Caurimare de los años 80’s, sin duda asimiló muy bien estos mensajes mediáticos. Cuando ella toma vacaciones les cuenta a sus amigos que “hace un tour por California, Tokio, Londres, Madrid, Roma, y termina en las Baleares, mientras que los turistas chimbos llegan solo hasta Ocumare, y algunos a San Francisco, pero de Yare”. Cuenta además que “ha paseado por Europa, Micronesia, Medio Oriente, África y la Gran Bretaña, y gran parte de Occidente, mientras que ‘los monos’ cuando dan sus saliditas no pelan a Chuspa, Cúcuta, Bonaire, Curazao y Margarita”. Racismo puro.

Nada más que hablar mis panas, a cargar con ese bacalao al hombro.


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Publicado en Aporrea.org el 19/07/10
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Lo que no me contó mi maestra de Historia de Venezuela sobre lo ocurrido en Valencia

Fernando Saldivia Najul
13 julio 2010


“… perros blancos hijos de puta, levantados, vende gente,
aquí en esta ciudad lo que vale es el negro, el indio, y el zambo”



El 1 de noviembre de 1812, testigos reportaron que en la calle real de Valencia, entre las 2 y 3 de la tarde, se alborotó el vecindario cuando las camaradas indias Juana María Herrera y María Bonifacia Pérez, vecinas de Los Guayos, gritaban: “…perros blancos hijos de puta, levantados, vende gente, aquí en esta ciudad lo que vale es el negro, el indio, y el zambo” y, “…ojalá que la laguna deje de dar productos de pesca, para ver qué van a comerciar los blancos valencianos.”[1] La laguna a la que hacían referencia las mujeres insurgentes es el lago de Valencia. De inmediato las autoridades realistas las metieron presas en la cárcel pública. Después de 20 días, sentenciaron la libertad de las camaradas, pero desde entonces fueron miradas como sospechosas.

Esto no me lo contó mi querida maestra de Historia de Venezuela del liceo. No. Esto lo acabo de leer en algunos libros del Archivo General de la Nación que se exponen actualmente en la Biblioteca Nacional, bajo el título “Venezuela Independiente, Insurgente y Soberana”. La exposición busca desempolvar la verdadera historia al revelar la participación del pueblo en la gesta independentista, a través de los documentos inéditos procedentes del AGN y las crónicas realizadas por el escritor y poeta Juan Antonio Calzadilla.

Si camaradas, nuestras mujeres tomaron partido en el proceso de independencia venezolano, y se convirtieron en un dolor de cabeza para los invasores españoles. Pero resulta que los historiadores jala bolas de los ricos engañaron a nuestras maestras, y ellas nos contaron solo lo que le convenía a la burguesía.

Burguesía que hoy quiere asesinar al comandante de la revolución porque por culpa de él nosotros los trabajadores, con el apoyo de las historiadoras e historiadores revolucionarios, estamos conociendo el protagonismo del pueblo en los procesos de liberación. Ahora quedan al descubierto los mecanismos ideológicos, desmovilizadores y justificantes del sistema de desigualdad, los cuales le permitieron a las corporaciones y a la burguesía parásita venezolana chuparse el petróleo del pueblo por décadas, y que todavía chupan gracias al voto sumiso de los escuálidos.

Pero esto no es todo. También se puede leer en los libros que en mayo de 1817, José Echenagucia, negro esclavo vecino de Puerto Cabello, lo capturaron y le dieron doscientos azotes porque fue acusado de hacer frecuentemente comentarios en sus conversaciones con sentencias como: “Carajo, es menester matar a todos estos blancos, pues no en balde los franceses negros no podían ver ningún blanco, pues a todos los mataban…”, y otras expresiones semejantes como: “…con los blancos debería hacerse lo mismo que hicieron en Santo Domingo”,[2] lo que hoy es Haití. Luego su dueña pidió indulgencia para José y se le retiraron los cargos.

Por otro lado, el 11 de julio de 1811, el pardo Antonio Caballero, curandero caraqueño, integraba las filas del Batallón de Pardos de Caracas, y gracias a su desempeño durante los primeros meses posteriores al 19 de abril fue ascendido a Teniente Coronel, igual que a otros Capitanes de las Milicias de Pardos comprometidos con la revolución de 1810. La tarde del 11 de julio de 1811, cuando Caballero venía huyendo de una ofensiva realista desde Los Teques, al llegar a Caracas fue visto en la esquina de las Carmelitas gritando: “Señores, a las armas, que los isleños nos quitan la ciudad para jurar a Fernando VII”. [3]

También hay testimonios de que el Capitán Pedro Arévalo, pardo de piel muy oscura, fue quien el sábado 21 de abril de 1810 comandó la escolta que acompañó al prisionero Vicente Emparan al puerto de La Guaira, desde donde sería deportado. [4]

Para terminar, les cuento que este mismo mes de abril de 1810, un realista testigo de la Revolución de 1810, le envió una carta anónima a Cristóbal Mendoza (declarado patriota y futuro presidente de Venezuela) donde decía: “…el zambo Joseph María Gallegos y los otros que están manejando este asunto solo tratan de una independencia total de la Monarquía española, hablan infamemente con descaro de España, de Fernando VII y de todo europeo; solo aclaman por la igualdad y que no ha de haber esclavos, y que los que existen se han de dar libres desde el día 19 de dicho Abril; tratan que se extermine el nombre de mulatos y que todos seamos iguales”. [5]

Con esto no quedan dudas de la participación de las mujeres, los indios, los negros y los pardos en el proceso revolucionario iniciado a finales del siglo XVIII y profundizado en las primeras décadas del siglo XIX.


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[1] Archivo General de la Nación. Sección: Infidencias, Insurrecciones y Rebeliones. Título: “Causa seguida de oficio por el Comandante Político y Militar contra Juana María Herrera y María Bonifacia Pérez, Indias tributarias, naturales y vecinas del pueblo de Los Guayos, por palabras subversivas contra el gobierno.” Tomo XIII, Año: 1812, Expediente 10, Folios 325-334.
[2] Ibídem, Serie: Causas de Infidencia. Título: “Contra el esclavo José Echenagucia, natural de Guinea y vecino de Puerto Cabello, por haber producido en público expresiones contra el gobierno”. Tomo XXXI, Año 1817. Expediente 10, Folio: 219.
[3] Ibídem, Título: “Contra Antonio Caballero, por haber sido oficial antiguo del batallón de pardos y pertenecer luego a las filas patriotas, participando en la insurrección realista de Valencia y permaneciendo con Miranda hasta la Capitulación”. Tomo XVIII, Año 1812, Expediente 9, Folios: 321-345.
[4] Ibídem, Sección: Causas de Infidencias. Título: “Contra el coronel Diego Jalón, natural de España y vecino de Caracas; Teniente José Martín Barrios, natural de Caracas y vecino de Maracay, (pardo), y Benito Ochoa, Sargento, vecino de Caracas”. Tomo VI, Año 1812, Expediente 5, Folios: 137-170.
[5] Ibídem, Sección: Insurrección Contra la Junta Suprema de Caracas. Tomo I, Folios: 46-50.


Publicado Aporrea.org el 13/07/10
 
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Cómo vivíamos antes de que los invasores españoles asesinaran al 90% de la población venezolana

Fernando Saldivia Najul
25 mayo 2010



Cuando los españoles nos invadieron mataron sistemáticamente a todos los indígenas venezolanos que se resistieron a ser esclavizados. Y el resto, los que trabajaron para los españoles pero de manera renuente como forma de resistencia, les empezaron a decir flojos, y los maltrataron. Era obvio. Los españoles no querían trabajar porque ellos vinieron por oro y plata, por la riqueza fácil. Quienes trabajaban eran los indígenas. Sin embargo, la campaña de descrédito que empezó contra los indígenas para entonces, la continuaron después los criollos, y actualmente la burguesía venezolana, para justificar los bajos sueldos de los trabajadores y la exclusión, todavía le dice flojos a los venezolanos y venezolanas que le fabrican sus carros y le construyen sus edificios de apartamentos. Edificios que por cierto nunca le ponen el nombre de un obrero o de una obrera.

Cuenta Miguel Acosta Saignes, que los indígenas que no se resistieron de manera activa, trabajaron siempre para los españoles en forma renuente, no porque fuesen perezosos constitucionalmente, sino como una forma de resistencia pasiva a la conquista.[1] Sufrieron humillaciones, violaciones, maltrato físico. Sin embargo, a pesar de que optaron por la resistencia pasiva, los mataron de hambre y de enfermedades que los españoles trajeron desde Europa. Es decir, los españoles cometieron genocidio directo y genocidio indirecto. Asesinaron directa o indirectamente al 90% de la población venezolana. Y no los pudieron matar a todos porque obviamente necesitaban mano de obra, porque los españoles eran unos flojos que buscaban solo oro, plata y sexo.

Finalmente destruyeron la sociedad. ¿Pero cómo vivíamos antes de que estos bárbaros españoles desorganizaran la sociedad indígena venezolana?

Aquí convivían poblaciones étnicas diversas, con estructuras económicas y culturas distintas. Coexistían poblaciones con desarrollo económico desigual. Desde poblaciones con una economía basada en la recolección, caza y pesca, hasta poblaciones con agricultura de riego y sistemas de cultivo intensivo.

Practicaban el cultivo comunitario de la tierra y el trabajo colectivo. La propiedad era común y aún lo es entre los que sobrevivieron hasta hoy. Sembraban y cogían el fruto en comunidad, y se repartían entre ellos todo el trabajo y el fruto. Había la cooperación colectiva y la división natural del trabajo. Producían artesanía para sí y para vender a las naciones vecinas. No había apropiación individual de las tierras, bosques, agua y bienes de producción en general. Era un tipo de socialismo.

Trabajaban para satisfacer sus necesidades materiales y espirituales. No había trabajo excedente. No había un plusproducto que fuera apropiado por una clase privilegiada para enriquecerse. Había esclavitud, si, pero era temporal, no una esclavitud como clase social. Los indígenas esclavizaban a los cautivos de guerra, pero no había la propiedad absoluta de una persona y de su fuerza de trabajo. Cuando no los sacrificaban los obligaban a trabajar en beneficio de la comunidad, pero no los explotaban como fuerza productiva en forma permanente.

Cuenta Federico Brito Figueroa que sí se utilizaba la mano de obra de los cautivos en beneficio de los vencedores, pero el cautiverio era temporal y el trabajo realizado por los prisioneros no era usufructuado por un grupo social privilegiado económica y políticamente en el seno de la comunidad, sino que pertenece a ésta por concepto de castigo y para resarcir los daños ocasionados por las poblaciones vencidas en la guerra. Los esclavos, una vez satisfecho los daños ocasionados, se asimilaban e incorporaban a la comunidad vencedora a través del matrimonio. [2] Por otro lado, también había comunidades que permutaban a los cautivos de guerra y a mujeres por productos de consumo.

No tenían gobierno ni policía. Había algunos grupos donde la representación de la comunidad era heredable, y otros grupos regidos por ancianas y ancianos. Sin embargo, lo que predominaba era el carácter colectivista en la dirección de las aldeas y federaciones de aldeas. La dirección del grupo era ejercida por la representación supervisada de la colectividad, que elegía a sus representantes. Las mujeres también participaban en la dirección colectiva de la comunidad. Cuando se levantaba una cabeza principal de una nación era porque alguno se destacaba en la labranza, o por su valentía en la guerra, o porque era un hechicero célebre. Esta persona era respetada porque les convenía a todos. No era un jefe impuesto que diera órdenes arbitrarias. Aunque quisiera, no podía hacerlo porque nadie podía acumular riquezas. Solo podían tener una abundante cosecha o acumular frutos de cortas labranzas, y sobre esta base no era posible establecer una jefatura positiva.

En la mayoría de las poblaciones indígenas no existía la familia monogámica, sino las relaciones poligámicas. Regía el sistema de matrimonios por grupos. También había grupos donde se permitía el matrimonio entre padres e hijas, y otras formas de familia, como por ejemplo, en los Maquiritares se constató la unión matrimonial de una mujer con varios hombres, conviviendo bajo el mismo techo. [3]

La estructura económica, las relaciones sociales, familiares y de parentesco que regían la vida de las comunidades indígenas venezolanas, en líneas generales, corresponde a un comunismo elemental propio de los pueblos primitivos romanos, germanos, celtas, eslavos, pueblos del Danubio y de manera especial de los primitivos de la India.

De tal manera que en Venezuela no había individualismo, ni propiedad privada de los medios de producción. No había feudos, ni latifundistas, ni terratenientes, hasta que nos invadieron los españoles con la cruz y la espada, y, parafraseando a Rousseau, cercaron las tierras, dijeron que eran de ellos, y fundaron la sociedad civil. Pero los indígenas no se lo creyeron, y todavía están luchando por sus tierras ancestrales.

Los africanos no tuvieron mejor suerte. El activista social y primer presidente de Kenya independiente, Jomo Kenyatta lo describió de manera muy elocuente:

“Cuando los misioneros llegaron, los africanos tenían la tierra y los misioneros tenían la Biblia. Ellos nos enseñaron a rezar con los ojos cerrados. Cuando los abrimos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia”. Que desgracia.


_______________
[1] Miguel Acosta Saignes, Vida de los esclavos negros en Venezuela. Hesperides Ediciones, Caracas, 1967, Introducción.
[2] Federico Brito Figueroa, Historia Económica y Social de Venezuela. Universidad Central de Venezuela, Ediciones de la Biblioteca, Caracas, 1993, tomo I, p. 42.
[3] Ídem, p. 49

Publicado en Aporrea.org el 25/05/10
http://www.aporrea.org/actualidad/a101290.html

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La memoria de la lucha de clases que la burguesía venezolana no pudo borrar

Fernando Saldivia Najul
04 mayo 2010



ZAMORA, Tierras y hombres libres
(Villa del Cine)
En la memoria del pueblo venezolano siempre ha estado presente el recuerdo de Ezequiel Zamora. A pesar de todos sus intentos la burguesía nunca pudo borrar la memoria de la expresión violenta de la lucha de clases de 1846-1847 y la de 1859-1863, que representa la raíz histórica del socialismo en Venezuela, y que fueron dirigidas por Ezequiel Zamora, quién mejor representa individualmente nuestra tradición revolucionaria.

Hubo muchos intentos para que olvidáramos las luchas de nuestros abuelos y abuelas explotadas y oprimidas. Desde el golpe pre-petrolero de diciembre de 1908, el silencio oficial sobre el Jefe del Pueblo Soberano fue absoluto. En 1941-1945 se eliminó la plaza Ezequiel Zamora que existía en la Parroquia San Juan de Caracas. Más tarde Rómulo Betancourt eliminó el nombre de Zamora de la División Política Territorial de la República, a proposición del Hermano Nectario María.

Pero que va, en el campo Zamora siempre estuvo vivo. En 1940-1945, Federico Brito Figueroa se encontraba reunido en una hacienda con unos peones agrícolas, y uno de ellos, inteligente y leído, hijo de esclavos, le mostró el libro de Laureano Villanueva sobre Zamora, publicado en 1898, y lo motivó para escribir su libro Tiempo de Ezequiel Zamora. Luego este último libro, odiado por la burguesía parásita y latifundista, cayó en las manos del comandante Chávez y constituyó una de las orientaciones espirituales de la rebelión militar y democrática del 4 de febrero de 1992.

Ahora bien, ¿por qué la burguesía tiene tanto miedo a que los trabajadores entiendan el carácter dialéctico de la historia? ¿Por qué a las operadoras y a los operadores políticos de Globovisión los entrenan para que distraigan a los trabajadores con los males de la basura, la corrupción y la inseguridad, que son propios del capitalismo? ¿Por qué una operadora política de Globovisión dice en su programa: “aquí no hay ninguna lucha de clases, aquí lo que hay es una lucha de pobres contra pobres que se matan todos los días en los barrios”? En definitiva, ¿Por qué ocultan la lucha de clases?

ZAMORA, Tierras y hombres libres
(Villa del Cine)
Sencillo, los burgueses no saben vivir sin poder, y tiemblan de pavor cada vez que piensan en el día cuando los trabajadores tomen todas las empresas y los campesinos rescaten todas las tierras. Y lo ven venir. Ya hemos rescatado el 40% de los latifundios y aumentamos la producción de alimentos. En 8 años hemos recuperado más de 2 millones y medio de hectáreas que pertenecen al Estado venezolano y que se encontraban siendo usurpadas por terratenientes y latifundistas. Ahora, en revolución, 96 mil campesinos de todo el país poseen la titularidad de sus tierras. Parece mentira, pero la burguesía venezolana ni siquiera fue capaz de hacer su Reforma Agraria, tarea que es propia de la Revolución Burguesa si tomamos en cuenta que el latifundio no solo es contrario al socialismo sino también al capitalismo. De manera que no nos queda otra que transitar del feudalismo al socialismo, y esto le aterra a la burguesía.

La burguesía parásita teme volver la cara al pasado porque necesariamente lo tiene que conectar con el presente. Saben que la insurrección antiesclavista y campesina de 1846-1847 y la insurrección antiesclavista y campesina de 1859-1863 tuvieron un carácter de clase. Y que esta última eliminó definitivamente los restos de esclavitud que aún permanecían en la Venezuela post-colonial, a pesar de su abolición legal en 1854. Fue la lucha de clases, entre otros factores, la que suprimió definitivamente la esclavitud.

Retrato de Ezequiel Zamora,
pintado por Ramiro Elías Najul
en México, 1955 [3]
Ezequiel Zamora, actuando en el mismo medio social donde lo había hecho José Tomás Boves, fue considerado como un llanero más. Zamora arrastraba las masas consigo igual como lo hacía Boves. Cuenta Laureano Villanueva que su ambición constante consistía en servir al pueblo, a la manera de Tiberio Graco, con ciertas ideas utópicas de socialismo y de igualdad de bienes. “No habrá ricos ni pobres, ni esclavos ni amos, ni poderosos ni oprimidos”, exhortaba Zamora. De tal manera que la guerra es a muerte entre las clases explotadoras y las clases explotadas.

Esta lucha de clases aterrorizó tanto a la oligarquía que el 22 de noviembre de 1861, una comisión formada por Manuel Felipe de Tovar, Pedro Gual, Pacífico Gual, Nicomedes Zuloaga, Juan José Mendoza, Francisco La Madriz, Federico Núñez de Aguilar y Aureliano Otáñez redactó un documento implorando la intervención de Gran Bretaña para que impusieran orden y respeto a sus propiedades amenazadas por la guerra social. Estos arrastrados, a cambio por los favores, le entregarían a Gran Bretaña nuestro territorio de La Guayana.[1] ¡Que bolas!

En esta guerra social están presentes los intereses y aspiraciones políticas de los explotados del campo, especialmente de los peones y los libertos, descendientes de los antiguos esclavos, que constituyen las masas de la Guerra Federal (1859-1863), conjuntamente con las capas sociales oprimidas de los centros urbanos y los intelectuales que propugnaban reformas más substanciales que las expresadas en el Programa Federal. El verdadero programa de esta vertiente de la revolución, lo expresa el postulado de Igualación Social: la liberación de los esclavos y la democratización de la propiedad territorial agraria. En síntesis, se aspira a la eliminación de toda forma de explotación social y discriminación racial.

Escribe el historiador y militante Federico Brito Figueroa, que en Venezuela, de modo significativo en 1846-1847 y en 1859-1863, las masas populares asimilan el lema político de la democracia burguesa: libertad, igualdad y fraternidad, y le imprimen un contenido económico-social que sí refleja sus aspiraciones de clases explotadas y oprimidas: “igualación social”, refrendado en las primeras proclamas, sobre todo en los llanos de Barinas y Portuguesa, son el grito de guerra “libertad o muerte”, sustituido posteriormente en los textos oficiales por “federación o muerte” y finalmente por Dios y Federación. [2]

De tal modo que la Guerra Federal es una guerra campesina y también una revolución democrática burguesa, agraria y antilatifundista. La guerra campesina, que se desarrolla en el contexto de la Guerra Federal, es una lucha con ideas políticas que superan los límites ideológicos del liberalismo, y se aproximan a ciertas ideas utópicas de socialismo, e igualdad de bienes.

Lamentablemente, vino el magnicidio. A pocos días de su llegada triunfante a Caracas asesinan a Zamora y nuevamente se truncan los intereses populares. La autocracia liberal persigue a los zamoristas y hostiliza a los familiares del Jefe del Pueblo Soberano. No se cumplieron las exigencias de los campesinos y peones. Sin embargo, se le dio una lección a la burguesía. Ahora saben de lo que es capaz el pueblo venezolano cuando toma las armas. De ahí la política de Globovisión de ocultar la lucha de clases.


El Comandante Chávez continúa la lucha de Ezequiel Zamora y recorre
las tierras rescatadas del Hato El Frío en el estado Apure,
el 23 de agosto de 2009, durante el Aló Presidente 338.

______________
[1] Federico Brito Figueroa, Tiempo de Ezequiel Zamora. Universidad Central de Venezuela, Ediciones de la Biblioteca, Caracas, 1996, págs. 462-465
[2] Ibídem, p. 504

[3] Leyenda: "Retrato del General en Jefe Ezequiel Zamora, pintado al óleo por el artista Ramiro Najul, en México 1955, sobre la base de materiales suministrados por Federico Brito Figueroa. Este cuadro pertenece en la actualidad a la Asamblea Legislativa del Estado Aragua." Ibídem, pág. 460.

 

Publicado en Aporrea.org el 04/05/10 
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